FALANGES
Luis Adalberto Maury Cruz

De Venezuela a la debilidad de la integración multipolar

11 de Enero de 2026

Luis Adalberto Maury Cruz


FALANGES: De Venezuela a la debilidad de la integración multipolar

Luis Adalberto Maury Cruz
lmaury_cruz@hotmail.com
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y su esposa, Cilia Flores, fueron capturados en su residencia dentro de la instalación militar de Fuerte Tiuna, al sur de Caracas, el 3 de enero de 2026, mediante la operación Resolución Absoluta, ejecutada por fuerzas especiales de Estados Unidos bajo el argumento de narcoterrorismo. Tras meses de planificación y ensayos, la operación se llevó a cabo con la coordinación de diversas agencias de inteligencia estadounidenses, incluyendo la CIA y la NSA.
The New York Times señala: “Justice Dept. drops claim that Venezuela’s Cartel de los Soles is an actual group”, es decir, el Departamento de Justicia retira la afirmación de que el Cartel de los Soles de Venezuela sea un grupo real.
Marco Rubio señaló que Trump no permitirá que el hemisferio occidental sea base de operaciones de competidores de Estados Unidos —esto es, Rusia, China e Irán—, de tal forma que el petróleo venezolano sería administrado por Washington. De hecho, el propio presidente Trump afirmó que administrará la riqueza petrolera mediante compañías estadounidenses. No hay que omitir que el mayor país con reservas de petróleo del mundo es la República Bolivariana de Venezuela; además, es un país rico en oro y minerales estratégicos para la actual revolución tecnológica e industrial.
Es evidente que el tema del narcoterrorismo pierde fuerza; sin embargo, se revela como pretexto de la operación, la cual fue un éxito táctico: la captura del presidenteMaduro y de su esposa, así como el bombardeo de Caracas. Cabe preguntarse: ¿cuáles fueron los factores del éxito de la operación Resolución Absoluta y cuáles son los efectos de este éxito?
Traición desde la cúpula o eficiencia táctica
La operación Resolución Absoluta fue quirúrgica. La no reacción de las fuerzas venezolanas sólo tiene dos posibles causas: o bien el sistema de defensa no se activó voluntariamente, o bien fue neutralizado mediante guerra electrónica; pudiendo tratarse también de una combinación de ambas.
La ejecución táctica fue de limpieza operativa: nulas bajas para Washington y la aniquilación de la guardia personal de Maduro desde el interior de Fuerte Tiuna (guardia de origen cubano). Esto manifiesta un claro flujo de información vital y de inteligencia, que sólo es factible desde tres escenarios posibles: infiltración, traición y/o negociación.
Washington había ofrecido una recompensa de 25 millones de dólares por información que condujera a la captura de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, como medida para desmantelar el régimen venezolano. Estos 25 millones, más la inmunidad por parte de Estados Unidos, constituyen una hipótesis que explicaría en gran medida el éxito y la limpieza de la operación. Esto no resta eficiencia a la inteligencia estadounidense ni a sus fuerzas especiales; por el contrario, muestra su poder de infiltración en los círculos de seguridad más cercanos a Maduro y la eficacia táctica de Washington.
Todo indica que el enemigo del régimen venezolano es tanto interno como externo. El enemigo interno corresponde a altos mandos con acceso privilegiado a información crítica. No se trataría de una acción individual, dada la neutralización sistemática de la defensa venezolana; ello indicaría una conspiración. Por ello cabe preguntar: ¿quiénes del círculo interno entregaron a Maduro? ¿Qué ganaron estas personas: poder, dinero o impunidad? Evidentemente, se trata de poder o impunidad, pues el dinero ya lo tenían —aunque nunca está de más—. ¿Quién ganaría impunidad? Quien esté señalado por Washington. ¿Quién ganaría poder? Quién pudiera controlar el régimen desde dentro.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, señaló que la administración Trump mantiene una “estrecha comunicación” con las “autoridades interinas de Venezuela” y, con ello, ejerce una “máxima influencia” en el país caribeño. Estas declaraciones abonan a la discordia dentro del régimen chavista y hacen ver a las autoridades venezolanas como captadas si actúan en concordancia con Washington, cuestión señalada tanto por Trump como por Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, quien no lo ha desmentido.
Una conspiración es un sismo al interior del régimen y, con frecuencia, detona una cacería interna que conduce a mayor inestabilidad y anarquía. Las tácticas de decapitación de regímenes —como en Libia, Siria e Irak— históricamente han producido mayor ingobernabilidad y barbarie. Por ello, es previsible la inestabilidad en Venezuela y las purgas internas. Sin embargo, la historia muestra que, en ocasiones, quien efectúa la purga es el propio traidor.
El último escenario es el de una negociación entre Maduro y Washington. Este escenario también explicaría la inoperancia de la defensa venezolana, el conocimiento exacto de la ubicación del presidente en tiempo real y el arribo de helicópteros con fuerzas especiales estadounidenses. Esta operación pudo haber sido percibida como el arribo de un negociador personal de Trump, Marco Rubio, siendo el preludio de una sustracción, ya fuera de mutuo acuerdo o no. Cabe señalar que tanto Marco Rubio como Trump afirmaron haber tenido comunicación con Maduro, quien habría rechazado un “exilio dorado” en Turquía.
Resulta extraño que el Departamento de Justicia estadounidense declare hoy la inexistencia del Cartel de los Soles, debilitando así las acusaciones de narcotráfico contra el presidente Maduro. Esto muestra una contradicción interna que es producto y causa de mayor inestabilidad y lucha entre demócratas y republicanos, así como de la falta de consensos dentro del trumpismo y del Partido Republicano.
Washington atraviesa una profunda inestabilidad interna —amén de los conatos de insurrección en su territorio—, lo cual se ratifica con la postura del poder legislativo estadounidense, que prohibió explícitamente a Trump mover tropas para invadir Venezuela, México o Groenlandia. Estos son reveses para la administración Trump y evidencian su ruptura con la OTAN y la Unión Europea. En consecuencia, Ucrania y la Unión Europea no tienen en Trump a un aliado confiable.
La retractación del Departamento de Justicia evidencia la impericia de Trump y ratifica la condición de víctimas de secuestro del presidente Maduro y de Flores, así como la violación del derecho internacional por parte de Estados Unidos, sentando un precedente peligroso para que otras potencias actúen de igual forma. Así, el sistema de Westfalia colapsa: desde la unilateralidad de Washington se viola flagrantemente la soberanía nacional de un tercer Estado.
La publicación personal de Trump en “X”, refiriéndose a “presidente Maduro” después de haberlo capturado y mantenerlo secuestrado en Nueva York, ratifica dicha violación, pues un jefe de Estado goza de inmunidad, evidenciando la extraterritorialidad, la ilegalidad y la práctica de terrorismo de Estado por parte de la administración Trump.
El proverbio romano decía: Quod licet Iovi, non licet bovi. Lo que está permitido a los dioses (Júpiter) no necesariamente está permitido al buey. Desde la realpolitik, existe una diferencia evidente entre una superpotencia global y un Estado mediano o pequeño. Lo realizado por la administración Trump manifiesta un doble rasero evidente en el concierto internacional. El problema no es el doble rasero en sí, sino sus implicaciones para Washington y para el orden internacional.
La captura del presidente de Venezuela evidencia la imperiosa necesidad de asumir la tesis de Aleksandr Dugin: la soberanía se defiende en bloque. Sin embargo, las alianzas van más allá de acuerdos formales; deben reflejar seguridad existencial e intereses mutuos entre las partes para que sean efectivas en defensa y seguridad.
El fracaso de la burbuja de seguridad o del acuerdo tácito en el Olimpo geopolítico
La captura del presidente Maduro, reconocida por Trump, no sólo muestra la vulnerabilidad del sistema de defensa venezolano —ya sea por infiltración y/o traición—, sino que evidencia tres escenarios: la insuficiencia de Rusia y China para defender a sus aliados, la carencia de voluntad para hacerlo o un acuerdo tácito entre las tres potencias globales.
Rusia y China poseen activos estratégicos en Venezuela en materia petrolera, de infraestructura y militar. Basta recordar la iniciativa china de la Franja y la Ruta en el país caribeño. Entrar militarmente en Venezuela implicaría un conflicto directo con Rusia y China.
El Caribe y América Latina son reconocidos como zona de influencia de Washington, tanto por Trump como por Rubio, con consenso bipartidista. Por ello, una guerra directa entre las tres potencias nucleares es poco factible, aunque no imposible, pues implicaría destrucción mutua asegurada. Trump llegó a señalar que Estados Unidos tiene la capacidad de destruir el mundo 150 veces.
Lo previsible es la intensificación de guerras de proximidad, entendidas desde lo multidimensional. La hipótesis del reparto del mundo y la geoestabilidad global podría implicar el repliegue de Estados Unidos de Europa y Asia —Ucrania y Taiwán— y, simultáneamente, el repliegue ruso y chino de Venezuela. Este repliegue respondería a la insuficiencia económica y al retraso relativo en tecnología militar para sostener una expansión global: Estados Unidos mantiene cerca de 750 bases militares en 80 países y territorios, lo que apunta a una reconfiguración producto del declive geopolítico.
Esta hipótesis enfrenta un problema: la presencia creciente de China en América Latina, particularmente en México —principal socio comercial de Estados Unidos— y en Canadá. Ello se conecta con actos unilaterales como el cambio de nombre del Golfo de México a “Golfo de América” y la retórica sobre Canadá como “estado 51”.
El acuerdo para la geoestabilidad mundial no pasa por guerras militares directas en el corto plazo, pero sí por la militarización del comercio —especialmente el marítimo—, las finanzas, el derecho y la psique colectiva.
Los actos unilaterales de Washington, al carecer de consenso internacional, evidencian la crisis de la diplomacia y la obsolescencia del modelo westfaliano, confirmando la pertinencia de la teoría de Dugin sobre la defensa colectiva de la soberanía frente al Occidente Colectivo. No obstante, el caso venezolano muestra que los acuerdos de colaboración requieren un mayor nivel de integración real entre las partes.
El mundo no sólo se divide entre un Sur Global y un Occidente Colectivo; ninguno de los dos está plenamente integrado. Basta recordar que Brasil rechazó el ingreso de Venezuela a los BRICS, ratificando la tesis del reparto del mundo y la consideración de Venezuela como parte de la zona de influencia de Washington, sin omitir la alianza estratégica entre Rusia y China formando un G2.
Algunas conclusiones
La captura del presidente Maduro es producto de un éxito táctico, pero no garantiza un éxito estratégico. Se trata más bien de un acto desesperado para mantener una imagen de hegemonía global y desviar la atención de los conflictos internos políticos y económicos, —así como culturales que incluyen la tensión entre lo woke y lo tradicional—. La inestabilidad política en Estados Unidos muestra a la administración Trump sin consenso interno, tanto en el ala republicana como en el trumpismo, entrando en colisión con los demócratas, el wokismo y el sorismo.
Venezuela es zona de influencia de Washington. La burbuja de protección rusa y china se evidenció como débil, mientras Estados Unidos reafirma su carácter histórico de Estado intervencionista. Sin embargo, al romper el derecho internacional, se hace evidente el agotamiento del sistema de Westfalia. El modus operandi de Rusia y China es la paciencia estratégica; los actos de Trump pueden leerse como desesperación ante la pérdida de la unipolaridad y su aspiración al Make America Great Again en un mundo multipolar.
7Si bien esta Tercera Modernidad es multipolar, sigue siendo frágil, y el Olimpo Geopolítico permanece profundamente inestable.

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