SENTIDO COMÚN
Gabriel García-Márquez

LAS CUENTAS CLARAS DE PEMEX

01 de Septiembre de 2026

Gabriel García-Márquez


En medio de la fiesta que significó el Segundo Informe de la presidenta Claudia Sheinbaum, en los pasillos de palacio nacional se comentaron los resultados mencionados en el discurso respecto al apartado de energía, especialmente de Petróleos Mexicanos.
En política una cosa son los discursos y otra muy distinta son los números. Y toda vez que los números no tienen partido político, vale la pena echarles un vistazo antes de seguir repitiendo aquello de que Pemex está quebrado y que la política energética de la Cuarta Transformación llevaría al país al desastre.
Mientras tanto, Petróleos Mexicanos sigue produciendo, refinando y, según el balance presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum, reduciendo su deuda. No se trata de echar las campanas al vuelo ni de decir que todos los problemas de Pemex quedaron resueltos. Nada de eso. La empresa todavía enfrenta enormes desafíos. Pero tampoco se puede seguir contando la misma historia de hace seis o doce años como si nada hubiera cambiado.
LOS NÚMEROS SON LOS NÚMEROS
Claudia Sheinbaum reportó una reducción de la deuda de Pemex en 20 mil millones de dólares. Y mientras que la producción se mantiene alrededor de 1.77 millones de barriles diarios, la generación de gas natural ronda los 5 mil millones de pies cúbicos diarios.
Por cierto, el Sistema Nacional de Refinación ya procesa más de 1.5 millones de barriles diarios. Evidentemente esto no es suficiente, pero significa que Pemex ya va saliendo de todos sus problemas financieros y operativos.
Pero una cosa sí queda clara: la empresa no está parada y el proyecto de recuperar su capacidad productiva y de refinación continúa. Y aquí aparece uno de los puntos que más ruido hizo durante el sexenio pasado: la Refinería Olmeca de Dos Bocas. Durante años fue presentada por sus críticos como el monumento al despilfarro, la ocurrencia presidencial y poco menos que el principio del fin de Pemex.
Pero la realidad es otra, la refinería está funcionando y forma parte de la estrategia para aumentar la capacidad nacional de refinación y reducir la dependencia de combustibles importados.
Por cierto, también están en marcha las obras de las coquizadoras de Tula y Salina Cruz. La primera, de acuerdo con el calendario anunciado, concluirá este año y la segunda durante el primer semestre de 2027. Es decir que muy pronto estarán ya operando.
EL PENDIENTE QUE DEJARON
Toda vez que hablamos de Pemex, sería injusto limitar la discusión al petróleo. Hay otro capítulo que durante años quedó prácticamente abandonado: la petroquímica. La administración federal pretende reactivar instalaciones y proyectos en Escolín (en el norte de Veracruz) Cosoleacaque, Morelos y Cangrejera (en el sur de la entidad), con la intención de recuperar parte de la capacidad productiva que México fue perdiendo mientras se privilegiaba la importación de productos que alguna vez se fabricaron aquí.
Y aquí aparece otro dato que merece atención: la producción de fertilizantes alcanzó las 1,185 toneladas este año, un incremento de 38 por ciento respecto de 2024. Mientras tanto, el campo mexicano sigue necesitando fertilizantes, energía, infraestructura y crédito. De ahí que recuperar la producción nacional no sea solamente un asunto de Pemex. También tiene que ver con la economía de los productores y con la seguridad alimentaria del país.
Por cierto, en el sur de Veracruz sabemos perfectamente de qué estamos hablando. Cosoleacaque, Cangrejera y toda la infraestructura petroquímica de la región forman parte de una historia industrial que durante décadas generó empleos y movimiento económico. Lo que falta ahora es que esa recuperación también se refleje en los bolsillos de la gente.
EL GAS, LA CUENTA PENDIENTE
Sin embargo, no todo son buenas noticias. Y aquí hay que decirlo con todas sus letras: México todavía importa alrededor del 75 por ciento del gas natural que se consume. Este sí es un problema serio. Porque podemos hablar de soberanía energética todo lo que queramos, pero mientras dependamos del exterior para obtener buena parte del gas que mueve nuestras industrias y nuestras plantas eléctricas, la soberanía estará incompleta.
Toda vez que el sureste mexicano reclama mayor desarrollo industrial y energético, el suministro de gas se vuelve indispensable. Por eso el Gobierno Federal ha planteado el Plan Nacional de Gasoductos, con una inversión de 141 mil millones de pesos hacia 2030, para ampliar la infraestructura y garantizar el suministro al sureste y a las nuevas centrales eléctricas.
Mientras tanto, habrá que vigilar que esos recursos realmente se traduzcan en infraestructura, empleos y desarrollo regional. Porque de anuncios estamos llenos. Lo que México necesita son resultados.
SOBERANÍA, SÍ; PERO CON RESPONSABILIDAD
Y hay otro elemento que también merece reconocimiento: la política energética no puede convertirse en una carrera desesperada por extraer todo lo que haya debajo del suelo mexicano.
Algo digno de estacar es que la presidenta Sheinbaum anunció que su gobierno respetará el fallo del comité de expertos que prohibió la explotación de gas no convencional en la Cuenca Tampico-Misantla, debido a los riesgos para las comunidades y los recursos hídricos.
Por cierto, la búsqueda de nuevas fuentes de gas contempla explorar alternativas como el agua salobre profunda en la Cuenca de Burgos. Y aquí es donde el sentido común vuelve a aparecer. México necesita energía. Necesita petróleo, gas, electricidad y combustibles suficientes para crecer.
Pero también necesita agua, comunidades seguras y un medio ambiente que no terminemos pagando mañana por las decisiones de hoy.
Mientras tanto, Pemex tiene frente a sí una enorme tarea: producir más, refinar mejor, reducir deuda, recuperar la petroquímica y disminuir la dependencia del gas extranjero. Esto no es una tarea menor. Pero tampoco tiene sentido seguir anunciando la quiebra de Pemex cuando los propios números empiezan a contar otra historia.
Toda vez que los datos son tercos, habrá que escucharlos. Y si algo nos ha enseñado la política mexicana es que los relatos pueden cambiar de un día para otro. Los números, en cambio, siempre terminan pasando la factura.

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