DOS AÑOS DESPUÉS, YA NO BASTA CON PROMETER
31 de Agosto de 2026
Gabriel García-Márquez
Claudia Sheinbaum llega a su Segundo Informe de Gobierno en un momento particularmente importante de su administración. Ya quedaron atrás los meses del acomodo, del aprendizaje y de la inevitable comparación con Andrés Manuel López Obrador. La presidenta ya tuvo tiempo suficiente para conocer el terreno, colocar a su equipo y comenzar a imprimirle su propio sello al gobierno que encabeza.
Dos años quizá no sean suficientes para resolver los grandes problemas de México, pero sí lo son para saber hacia dónde va un gobierno, cuáles son sus prioridades y, sobre todo, si aquello que prometió comienza a convertirse en resultados. Porque una cosa es gobernar y otra muy distinta es administrar expectativas.
ENTRE LA HERENCIA Y EL SELLO PROPIO
Sheinbaum recibió un país con enormes pendientes. Seguridad, salud, educación, infraestructura, agua, vivienda y crecimiento económico no son problemas que hayan aparecido de la noche a la mañana ni que puedan resolverse por decreto. Pero tampoco puede decirse que todo lo que ocurre hoy sea consecuencia del pasado.
La presidenta decidió mantener buena parte de las políticas de López Obrador y conservar la esencia de la llamada Cuarta Transformación. Sin embargo, poco a poco ha comenzado a introducir su propia manera de gobernar. Ahí está precisamente uno de sus mayores retos.
No se trata de renegar de lo que hizo su antecesor, pero tampoco de convertirse en una simple administradora de su legado. Claudia Sheinbaum tiene que demostrar que puede conservar lo que funciona, corregir lo que no funciona y construir algo que pueda identificarse claramente como suyo.
EL PAPEL AGUANTA TODO
Una de las críticas más frecuentes a esta administración es que todavía no aparecen con suficiente claridad las grandes obras que permitan identificar su sello.
La crítica tiene fundamento. Es cierto que una obra de infraestructura no se construye de la noche a la mañana. Un tren, una carretera, un hospital, una planta industrial o una obra hidráulica requieren estudios, presupuesto, licitaciones, permisos y años de trabajo.
Pero también es cierto que México está cansado de proyectos que se anuncian con bombo y platillo y después terminan convertidos en promesas de largo plazo. Porque en política hay una frase que nunca pierde vigencia: el papel aguanta todo.
Se pueden anunciar miles de millones de pesos de inversión y cientos de proyectos. Lo difícil es que todo eso termine convertido en carreteras transitables, hospitales funcionando, empleos bien pagados, agua suficiente y mejores condiciones de vida.
Ahí estará la verdadera prueba. No en el anuncio, sino en la obra terminada. No en el discurso, sino en el resultado.
SEGURIDAD Y SALUD: LOS TEMAS QUE NO ADMITEN EXCUSAS
Si hay un tema donde el gobierno no puede hablar solamente de cifras, es la seguridad. México continúa enfrentando una realidad complicada.
La violencia, las desapariciones, la extorsión y la presencia del crimen organizado siguen afectando a regiones enteras del país. Es cierto que el gobierno puede presentar avances en determinados indicadores y que se ha puesto mayor énfasis en la inteligencia y la coordinación entre las instituciones. Pero al ciudadano común poco le sirven las gráficas cuando tiene miedo de salir a la calle, cuando un comerciante recibe una llamada de extorsión o cuando una familia vive con la incertidumbre de no saber dónde está uno de sus integrantes.
La seguridad también se mide en la tranquilidad de la gente. Y esa tranquilidad todavía no llega a muchas partes del país. Con la salud ocurre algo parecido. El gobierno heredó un sistema lleno de problemas y ha intentado reorganizarlo, pero la transición también ha generado deficiencias que los ciudadanos padecen directamente.
Reconocer errores no debilita a un gobierno. Al contrario, puede darle credibilidad.
SHEINBAUM YA EMPIEZA A MARCAR SU RUMBO
Quizá uno de los cambios más importantes de estos dos años no esté en una obra pública, sino en la propia presidenta Sheinbaum, que ha comenzado a ejercer el poder con mayor autonomía.
Al inicio de su administración era inevitable preguntarse cuánto de su gobierno sería una continuación de López Obrador y cuánto sería realmente suyo.
Hoy la respuesta comienza a aparecer. La presidenta mantiene la estructura política de la Cuarta Transformación, pero también ha incorporado prioridades, métodos y colaboradores propios. Ha dado mayor importancia a la inteligencia, a la coordinación institucional y a una relación más abierta con el sector empresarial.
El llamado Plan México es uno de los ejemplos de ese intento por construir una agenda económica propia, en la que inversión privada, producción nacional y participación del Estado puedan convivir. Pero, nuevamente, falta lo más importante: ver los resultados. Porque en política las buenas intenciones solamente sirven mientras llegan los resultados.
EL TERCER AÑO SERÁ EL DE LAS DEFINICIONES
El Segundo Informe marca el final de una primera etapa. A partir de ahora habrá menos espacio para justificar los retrasos diciendo que la administración apenas está comenzando.
El tercer año puede convertirse en el año de las definiciones. Los proyectos deberán pasar del papel a la realidad. Las inversiones tendrán que traducirse en empleos.
Los programas sociales deberán demostrar que pueden sostenerse. La estrategia de seguridad tendrá que entregar resultados más visibles. Y las reformas en salud y educación tendrán que sentirse donde realmente importa: en la vida cotidiana de los mexicanos.
Además, el calendario político comenzará a pesar cada vez más. Rumbo a 2027, las disputas internas, las candidaturas y las ambiciones políticas pueden convertirse en una distracción para el gobierno.
Claudia Sheinbaum tendrá que evitarlo. Aun cuando todavía falta mucho sexenio, pero también queda cada vez menos tiempo para entregar resultados.
NI ÉXITO ABSOLUTO NI FRACASO TOTAL
El balance de estos dos años no puede ser blanco o negro. Decir que todo está funcionando sería poco serio. Y decir que todo está mal, también.
Hay programas que han funcionado, inversiones que avanzan y decisiones que han fortalecido la presencia del Estado. Pero también hay pendientes enormes, promesas que todavía no se cumplen y problemas que siguen afectando a millones de mexicanos.
Todavía puede decirse que hay proyectos en proceso y políticas cuyos resultados requieren tiempo. Pero llegará el momento en que el tiempo deje de ser una explicación. Y ese momento está cada vez más cerca.
Claudia Sheinbaum presentará su Segundo Informe. Habrá cifras, programas, inversiones, obras y discursos. Pero pensamos que hay una pregunta mucho más sencilla y mucho más importante: ¿Qué está cambiando realmente la vida de los mexicanos? Porque gobernar no es solamente anunciar lo que se va a hacer. Gobernar es hacerlo. Y después de dos años, México ya empieza a tener derecho a exigir resultados.



