Estrategia, comunicación y gobernanza
Irma Chesty

La comunicación política ante el desafío electoral de 2027

10 de Febrero de 2026

Irma Chesty


La comunicación política ante el desafío electoral de 2027
Dra. Irma Chesty Viveros
El año 2027 marca un momento importante para la vida política del país. La renovación de la Cámara de Diputados, el cambio de gobierno en diversas entidades federativas y la reconfiguración de diversos congresos locales. En este contexto, y a pocos meses del inicio formal de los procesos, resulta indispensable reflexionar sobre un factor decisivo para cualquier proyecto político: la comunicación.
En la etapa de planeación estratégica, la preocupación central de toda candidatura debe ser la construcción de una identidad clara y la coherencia con la que esta será comunicada. Definir qué mensajes emitir, bajo qué marcos discursivos, a qué audiencias deberán ser dirigidos, es un ejercicios primordial que constituye, en sentido estricto, el núcleo del trabajo político.
Toda estrategia electoral seria debe partir de una pregunta fundamental: ¿por qué y por quién vota la ciudadanía? La evidencia empírica y las teorías contemporáneas coinciden en que el voto es un fenómeno multifactorial. Como ha señalado Chantal Mouffe, los individuos no se movilizan únicamente por programas de gobierno, sino por narrativas que les ofrecen sentido de pertenencia.
Estas narrativas construyen realidades sociales compartidas que ordenan el mundo del elector y le permiten interpretar su contexto, incluso cuando dichas visiones entren en conflicto con otros sectores de la sociedad. El voto, entonces, no es solo una decisión racional: es una toma de posición identitaria.
El objetivo central del discurso político es la generación de esa identidad. El verdadero desafío consiste en lograr que la ciudadanía no solo simpatice con una candidatura, sino que se apropie del proyecto y decida movilizarse el día de la elección. Esto adquiere especial relevancia en los comicios estatales, donde la cercanía del poder ejecutivo con la vida cotidiana exige narrativas más empáticas, territoriales y emocionalmente consistentes.
En este contexto, el discurso se convierte en el eje gravitacional de la campaña. La conexión profunda con el electorado se construye a partir de una lógica de diferenciación que opera sobre dos polos, el “nosotros” y el “ellos”.
Este modelo comunicativo configura un campo simbólico donde se delimitan identidades y antagonismos:
• Los unos y los otros.
• Los buenos y los malos.
• Las víctimas y los responsables.
Dentro de esta lógica, la candidatura busca posicionarse como el referente del “nosotros”, como la figura capaz de encarnar la defensa de lo común frente a las amenazas reales o percibidas. El candidato o candidata se presenta así como quien puede proteger, corregir o restaurar el orden social, ya sea desde lo local, lo estatal o lo nacional.
La potencia del discurso político radica en su capacidad para asignar roles, establecer significados y sostener una disputa simbólica permanente. Sin embargo, de cara a 2027, las candidaturas deben asumir que la narrativa no es únicamente una herramienta de persuasión electoral: es un contrato de confianza con la ciudadanía.
En un México crecientemente polarizado, el reto de los nuevos liderazgos será decidir si ese antagonismo se utiliza para fragmentar o para convocar. Porque la comunicación política no solo gana elecciones; también define la calidad de la democracia que emerge después de ellas. Al final, el triunfo no será de quien grite más fuerte, sino de quien logre que su narrativa se transforme en algo que compartan las mayorías.

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