FALANGES
Luis Adalberto Maury Cruz

Estados Unidos ante la reconfiguración del orden interno e internacional en la Tercera Modernidad

04 de Noviembre de 2026

Luis Adalberto Maury Cruz


FALANGES: Estados Unidos ante la reconfiguración del orden interno e internacional en la Tercera Modernidad**

Luis Adalberto Maury Cruz
lmaury_cruz@hotmail.com
La reconfiguración del orden internacional y de las relaciones de poder en la Tercera Modernidad exige examinar las transformaciones que atraviesan tanto las estructuras internas de los Estados como sus relaciones geopolíticas, económicas, financieras y militares. Estados Unidos constituye un caso paradigmático: conserva una extraordinaria capacidad económica, tecnológica, financiera y militar, pero enfrenta condiciones cada vez más complejas para sostener su posición hegemónica y organizar unilateralmente el sistema internacional.
?La Tercera Modernidad es un proceso de transformación histórica y civilizatoria caracterizado por la transición de la hegemonía unipolar de Estados Unidos hacia un orden multipolar; el desarrollo de tecnologías críticas y de frontera, particularmente la inteligencia artificial y la ingeniería genética; y la intensificación de las disputas entre proyectos civilizatorios, que reconfiguran las relaciones de poder, la soberanía y las condiciones de existencia de los Estados, las sociedades y los individuos.
?Esta transformación, en el caso estadounidense, no puede explicarse exclusivamente por la personalidad de un presidente, la alternancia entre partidos políticos o la aparición de conflictos regionales. Es necesario analizar la interacción entre las estructuras permanentes del Estado, el sistema de partidos, las élites económicas y financieras, los intereses del complejo militar-industrial y las nuevas configuraciones del poder internacional.
?En este contexto, tres acontecimientos permiten examinar las contradicciones que atraviesan a Estados Unidos: las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre de 2026; la confrontación con Irán y la importancia estratégica del estrecho de Ormuz; y las tensiones en la relación entre Washington y Tel Aviv, particularmente a partir del anuncio de Donald Trump sobre el eventual término de la asistencia militar estadounidense a Israel.
?La cuestión de fondo consiste en comprender cómo estos acontecimientos expresan una transformación más profunda de las condiciones políticas, económicas y geoestratégicas que han sustentado el poder estadounidense.
Las elecciones de medio mandato: alternancia política y continuidad estructural del poder
Las elecciones de medio mandato celebradas el 3 de noviembre de 2026 modificaron sustancialmente la correlación de fuerzas en el Congreso estadounidense. De acuerdo con los resultados difundidos por Associated Press el 4 de noviembre, el Partido Demócrata obtuvo el control de ambas cámaras, con amplias mayorías en la Cámara de Representantes y el Senado. La derrota republicana representó un revés político para Donald Trump y anticipa un escenario de mayor confrontación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo durante los dos últimos años de su mandato.
?La nueva mayoría demócrata podrá obstaculizar iniciativas gubernamentales, ejercer mayor control sobre las designaciones y desarrollar investigaciones legislativas sobre la administración. Sin embargo, es necesario distinguir entre la modificación de la correlación de fuerzas en el Congreso y una transformación del sistema político estadounidense. La Presidencia continúa en manos de Trump y la alternancia legislativa no implica, por sí misma, una modificación de las estructuras fundamentales del Estado.
?El poder político estadounidense no puede reducirse a la figura presidencial ni a la competencia entre republicanos y demócratas. Es necesario examinar las relaciones entre el presidente, los partidos políticos, el sistema de partidos, las estructuras permanentes del Estado y las élites que integran el establishment económico, financiero, tecnológico, político y militar.

?El presidente representa la dimensión individual y constitucional del Poder Ejecutivo; los partidos constituyen organizaciones que articulan intereses, grupos sociales, proyectos ideológicos y élites políticas; mientras que el sistema de partidos configura las relaciones de competencia, negociación, alternancia y continuidad mediante las cuales se organiza una parte sustantiva de la vida política estadounidense.
?A estas dimensiones se suma la existencia de estructuras burocráticas permanentes, organismos de inteligencia, instituciones de defensa y aparatos de seguridad nacional, cuya continuidad institucional puede condicionar las decisiones gubernamentales y trascender los cambios de administración.
?En este punto resulta pertinente distinguir dos categorías. El establishment permite estudiar la articulación de las élites económicas, financieras, tecnológicas, políticas y militares que participan en la orientación del poder estadounidense. El concepto de deep state, por su parte, permite examinar la autonomía relativa, la permanencia y la capacidad de influencia de determinadas redes institucionales y burocráticas dentro del aparato estatal. Su utilización como categoría analítica no exige aceptar la existencia de una organización clandestina única que controle todas las decisiones gubernamentales; implica investigar las relaciones de poder, los intereses institucionales y los mecanismos de continuidad que operan más allá de la alternancia electoral.
?Las reiteradas declaraciones de Donald Trump contra el deep state expresan su percepción de que existen estructuras institucionales capaces de resistir, condicionar o limitar la voluntad presidencial. Sin embargo, esas declaraciones deben distinguirse de la demostración empírica de cada una de sus acusaciones. El problema político que plantean es legítimo: ¿hasta dónde puede un presidente modificar la orientación estratégica de Estados Unidos cuando existen estructuras económicas, financieras, militares y burocráticas cuyos intereses y capacidades de influencia trascienden su mandato?
?Esta cuestión permite observar, además, las continuidades entre gobiernos de distinto signo partidista. Las diferencias entre las administraciones de Joe Biden y Donald Trump respecto de Ucrania, por ejemplo, no eliminan la persistencia de determinados intereses estratégicos estadounidenses en materia de seguridad, influencia internacional y competencia geopolítica. Las modalidades de intervención pueden cambiar, pero los compromisos internacionales y las estructuras de poder no desaparecen automáticamente con la llegada de una nueva administración.
?Durante el gobierno de Biden, el respaldo militar, financiero y político a Ucrania fue una de las expresiones más importantes de la política exterior estadounidense. Trump, por su parte, construyó parte de su discurso electoral cuestionando la prolongación de la guerra y presentándose como una alternativa favorable a la negociación. Sin embargo, la transición de una administración a otra no supone la desaparición de los intereses geopolíticos que intervienen en el conflicto.
?Las elecciones de medio mandato deben interpretarse, por tanto, en dos planos: como expresión de la voluntad electoral y como indicador de las tensiones internas del sistema político. La alternancia democrática puede modificar a quienes administran el poder sin transformar necesariamente las estructuras que condicionan sus límites y orientaciones estratégicas.
Irán y el estrecho de Ormuz: los límites del poder militar
y geopolítico estadounidense
La confrontación entre Estados Unidos e Irán constituye una de las expresiones más significativas de la reconfiguración del orden internacional. Su importancia no se limita a la dimensión militar ni a las diferencias políticas, religiosas o ideológicas entre ambos Estados. Está vinculada con el control de espacios estratégicos, la seguridad energética, las rutas comerciales y las condiciones de funcionamiento de la economía global.
?El estrecho de Ormuz es uno de los principales puntos de estrangulamiento geográfico del comercio energético mundial. Por esta vía transitaron durante 2025 alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados, aproximadamente una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo. También constituye una ruta fundamental para el transporte de gas natural licuado procedente de Qatar y Emiratos Árabes Unidos, cuyos volúmenes representan una proporción significativa del comercio mundial de este energético.
?Su importancia geoestratégica radica en que cualquier alteración significativa de la navegación puede repercutir en los precios internacionales de los hidrocarburos, los costos de transporte, las primas de seguros, las cadenas de suministro y la estabilidad de los mercados energéticos. Ormuz no es solamente un corredor marítimo: es una infraestructura crítica del sistema económico internacional.
?En este escenario, Irán dispone de una posición geográfica y de capacidades militares asimétricas que le permiten elevar los costos de cualquier operación destinada a controlar el estrecho o neutralizar su capacidad de presión. No necesita disponer de una superioridad militar convencional frente a Estados Unidos para ejercer influencia estratégica. Su capacidad de condicionar la navegación, incrementar los riesgos y afectar los cálculos de seguridad de los países dependientes de esa ruta constituye, por sí misma, un factor de poder.
?El 2 de noviembre de 2026, Estados Unidos realizó ataques militares limitados contra objetivos iraníes en la región del estrecho de Ormuz. Funcionarios estadounidenses, citados por Reuters y Associated Press, describieron las operaciones como medidas defensivas dirigidas contra posiciones desde las cuales fuerzas iraníes empleaban misiles tierra-aire contra activos estadounidenses. Medios estatales iraníes reportaron explosiones en la isla de Qeshm. Washington sostuvo que estas acciones no representaban, en ese momento, una reanudación de operaciones militares de gran escala.
?Este episodio evidencia la fragilidad de cualquier equilibrio militar en la región. Una operación presentada como defensiva puede producir nuevas respuestas, incrementar la tensión y modificar los cálculos estratégicos de los actores involucrados. La capacidad militar de Estados Unidos no garantiza, por sí sola, el control político y geopolítico de las consecuencias de una confrontación.
?La dimensión energética se relaciona, además, con la transformación gradual de las relaciones financieras internacionales. La expansión de acuerdos comerciales en monedas distintas del dólar, los acercamientos económicos entre China y países productores de hidrocarburos y la búsqueda de mecanismos alternativos de liquidación forman parte de un proceso de diversificación monetaria. Esto no significa que el dólar haya perdido su centralidad ni que exista ya una arquitectura financiera capaz de sustituirlo plenamente; sí muestra que distintos actores buscan reducir su dependencia de los mecanismos tradicionales de intermediación financiera occidental, entre ellos la infraestructura de pagos asociada al sistema SWIFT.
?En este contexto, las relaciones entre China, Rusia e Irán adquieren relevancia estratégica. No es necesario suponer la existencia de una alianza militar formal y homogénea para reconocer que estos Estados encuentran espacios de convergencia frente a determinados intereses estadounidenses. La cooperación energética, comercial, diplomática y militar, con distintos grados de profundidad, contribuye a modificar las condiciones de la competencia internacional.
?En un artículo de opinión publicado en The New York Times el 6 de abril de 2026, el politólogo Robert A. Pape planteó que la guerra estaba convirtiendo a Irán en un nuevo centro de poder internacional, junto a Estados Unidos, China y Rusia. Se trata de una interpretación del autor, no de una clasificación consensuada ni de una equivalencia entre las capacidades económicas y militares de esos Estados. Su argumento, sin embargo, resulta relevante porque subraya que el poder internacional no depende exclusivamente del tamaño de una economía o de la superioridad tecnológica y militar, sino también de la capacidad de un Estado para alterar los cálculos estratégicos de otras potencias.
?La confrontación con Irán muestra, en consecuencia, que la supremacía militar no equivale automáticamente a la capacidad de imponer un orden político estable. El estrecho de Ormuz representa un espacio donde la geografía, la energía, las finanzas y la capacidad de disuasión se articulan como instrumentos de poder. La cuestión no es únicamente quién dispone de mayor capacidad destructiva, sino quién puede condicionar las decisiones, los costos y las posibilidades de acción de los demás actores internacionales.
Estados Unidos e Israel: tensiones en una alianza estratégica
La relación entre Estados Unidos e Israel constituye otro de los espacios donde se manifiestan las contradicciones de la política exterior estadounidense. Históricamente, ambos países han mantenido una asociación estratégica sustentada en intereses militares, tecnológicos, políticos y de seguridad regional. Sin embargo, esta relación no está exenta de tensiones ni debe interpretarse como una coincidencia absoluta de intereses.
?El 3 de noviembre de 2026, durante una entrevista con Fox News, Donald Trump declaró que Estados Unidos dejaría de proporcionar a Israel alrededor de cuatro mil millones de dólares anuales en asistencia al finalizar el año. Según sus declaraciones, la decisión habría sido acordada previamente con el primer ministro Benjamin Netanyahu y respondería a que Israel ya no necesitaría ese apoyo financiero y militar. Trump también señaló que Israel podría continuar adquiriendo armamento estadounidense.
?El anuncio requiere una precisión documental. El memorando de entendimiento firmado en 2016 entre ambos países estableció un compromiso de asistencia de 38 mil millones de dólares para el periodo fiscal 2019-2028, equivalente a 3.8 mil millones anuales. De esta cantidad, 3.3 mil millones corresponden a financiamiento militar y 500 millones a programas de defensa antimisiles. Por tanto, las declaraciones presidenciales sobre el término de la asistencia al finalizar 2026 deben distinguirse de los mecanismos jurídicos y presupuestarios que regulan el acuerdo vigente. En la información difundida el 3 de noviembre no se detallaron los instrumentos administrativos, las modalidades de financiamiento ni los procedimientos mediante los cuales se llevaría a cabo la modificación anunciada.
?Más allá de su instrumentación, el anuncio tiene relevancia política. La asistencia militar a Israel se ha convertido en un asunto de creciente controversia dentro de Estados Unidos, particularmente entre sectores del Partido Demócrata, aunque también existen cuestionamientos en otros espacios políticos. La utilización electoral de este tema muestra que una relación estratégica consolidada durante décadas puede convertirse en un factor de disputa interna.
?La decisión anunciada por Trump también debe examinarse desde la perspectiva de los intereses nacionales de ambos países. Israel ha buscado históricamente mantener su superioridad militar regional y preservar su margen de autonomía estratégica; Estados Unidos, por su parte, ha considerado la relación con Israel como un componente de su política de seguridad e influencia en Medio Oriente. La cooperación bilateral no se limita a la transferencia de recursos: comprende inteligencia, tecnología, producción y desarrollo de armamento, coordinación militar y una relación política de largo alcance.
?Por ello, una eventual modificación de la asistencia financiera no implica necesariamente el fin de la alianza. Puede representar una revisión de sus condiciones económicas, una redistribución de costos o una transformación de sus mecanismos de cooperación. También puede responder a las presiones de la política interna estadounidense, donde el apoyo incondicional a Israel ha dejado de constituir un consenso incuestionable.
?Esta situación revela una contradicción importante: las alianzas estratégicas no son relaciones inmutables, sino acuerdos políticos que deben reproducirse y justificarse frente a nuevas condiciones internas e internacionales. La relación entre Washington y Tel Aviv muestra que incluso los vínculos históricos más estrechos pueden experimentar tensiones cuando cambian los costos políticos, las prioridades de seguridad y las correlaciones de fuerza.
?En consecuencia, el anuncio de Trump debe interpretarse como un indicador de posibles cambios en la relación bilateral, pero no como prueba suficiente de una ruptura estratégica. Lo relevante es observar si se modifica la estructura de cooperación entre ambos Estados o si únicamente se revisan algunos de sus instrumentos financieros y militares.
Algunas consecuencias
La alternancia política no equivale necesariamente a una transformación del ejercicio estructural del poder. La relación entre Presidencia, partidos, sistema de partidos, burocracias permanentes y élites económicas, financieras y militares configura una estructura cuyos componentes mantienen relaciones de cooperación, competencia y conflicto. Su funcionamiento no requiere una dirección centralizada ni una voluntad homogénea: basta con que, mediante acuerdos y disputas, determinadas relaciones institucionales contribuyan a reproducir intereses estratégicos. La democracia electoral modifica la representación y la administración del Estado, pero no necesariamente sus fundamentos estructurales.

?El poder geopolítico ya no depende exclusivamente de la superioridad militar. La confrontación con Irán muestra que la posición geográfica, el control potencial de infraestructuras críticas y la capacidad de elevar los costos económicos de una intervención pueden convertirse en instrumentos de disuasión. Ormuz expresa precisamente esa transformación: un Estado con capacidades militares convencionales inferiores puede condicionar las decisiones de una potencia superior y afectar el funcionamiento de la economía internacional.
?Las alianzas estratégicas están sujetas a la redefinición de intereses. La relación entre Estados Unidos e Israel evidencia que los compromisos históricos no eliminan las tensiones derivadas de nuevas prioridades políticas, económicas y militares. La cooperación puede mantenerse mientras se modifican sus condiciones y costos. En consecuencia, la estabilidad de una alianza depende menos de su tradición que de su capacidad para adaptarse a las nuevas correlaciones de fuerza.
?En conjunto, estos procesos indican que la crisis de la hegemonía estadounidense no debe confundirse con la desaparición de su poder. Lo que se encuentra en transformación es su capacidad para convertir recursos económicos, financieros, tecnológicos y militares en conducción política efectiva del sistema internacional. La Tercera Modernidad abre así un escenario en el que la distribución del poder se diversifica, las soberanías adquieren nuevas dimensiones y ningún actor puede presuponer que su superioridad en un ámbito garantiza el control de los demás.

Nota: Esta columna surge de mi reflexión, sustentada en investigación y minería de información, con apoyo de inteligencia artificial para la búsqueda, síntesis, trazabilidad de fuentes y corrección de estilo. Las decisiones analíticas, las interpretaciones y el juicio son de mi autoría.

Referencias
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