FALANGES
Luis Adalberto Maury Cruz

Del aprendizaje al aprehendizaje: hacia una comunidad educativa para la dignificación de la vida6/8

28 de Septiembre de 2026

Luis Adalberto Maury Cruz


FALANGES: Del aprendizaje al aprehendizaje: hacia una comunidad educativa para la dignificación de la vida6/8

Luis Adalberto Maury Cruz
lmaury_cruz@hotmail.com

La comunidad de aprehendizaje: la relación docente-estudiante
Las condiciones institucionales que permiten construir una comunidad de aprehendizaje adquieren expresión concreta en las relaciones mediante las cuales se realiza la experiencia educativa. La comunidad no existe únicamente como estructura organizativa, conjunto de normas o cultura compartida; cobra vida en los encuentros cotidianos entre quienes participan en ella. Por ello, es necesario pasar de las condiciones generales de la comunidad a las relaciones pedagógicas en las que el aprehendizaje puede concretarse.
La relación entre docentes y estudiantes constituye una de sus expresiones fundamentales porque en ella se encuentran cotidianamente conocimiento, experiencia, expectativas y condiciones de vida. El aprehendizaje no ocurre en sujetos aislados de su contexto, sino en relaciones situadas. Lo que una persona puede comprender, cuestionar y resignificar se relaciona con su experiencia, con los otros y con las condiciones concretas en las que participa en la vida escolar y comunitaria.
Desde esta perspectiva, docentes y estudiantes son sujetos en formación, aunque ocupen posiciones institucionales diferentes y asuman responsabilidades distintas. Reconocer esta condición no significa eliminar la autoridad educativa ni establecer una equivalencia de funciones. Significa comprender que la educación constituye un proceso en el que los saberes y experiencias de quienes participan pueden entrar en relación y generar nuevas posibilidades de comprensión. El estudiante no es únicamente receptor de una acción, así como el docente tampoco permanece ajeno al proceso formativo que acontece en la relación.
Esta diferencia es fundamental para comprender la reciprocidad formativa. La relación docente-estudiante no es simétrica en cuanto a responsabilidades, autoridad institucional o saber profesional. El docente enseña desde una formación especializada y desde una responsabilidad educativa que no puede delegar; el estudiante participa desde su experiencia, sus preguntas, sus saberes y sus interpretaciones. La reciprocidad no elimina estas diferencias: las convierte en elementos significativos.
En consecuencia, enseñar y aprender no son procesos absolutamente separados, aunque tampoco sean equivalentes. El docente no deja de enseñar por aprender de sus estudiantes, ni el estudiante deja de aprender por aportar conocimientos, experiencias e interpretaciones. Lo que se transforma es la naturaleza de la relación: el conocimiento se convierte en un objeto compartido de interrogación, contraste, reconstrucción y resignificación; el otro deja de ser únicamente destinatario de una acción educativa para convertirse en una presencia que interpela, cuestiona y amplía las posibilidades de comprensión.
Esta reciprocidad requiere reconocer la experienciacomo una dimensión constitutiva de la relación educativa. Lo que se enseña adquiere significado cuando entra en relación con aquello que los sujetos han vivido, saben, creen, esperan y problematizan. La experiencia no es un añadido subjetivo al conocimiento, sino uno de los espacios en los que este adquiere sentido. Cuando un conocimiento permite revisar certezas, descubrir insuficiencias en explicaciones previas o encontrar nuevas posibilidades para interpretar una situación, la relación educativa adquiere una dimensión formativa más profunda.
El territorio forma parte de esta experiencia. Las trayectorias educativas se configuran en la interacción de condiciones sociales y económicas, contexto familiar y comunitario, oportunidades culturales, políticas públicas, organización escolar, condiciones territoriales y experiencias construidas cotidianamente. Estas circunstancias no determinan de manera absoluta las posibilidades de aprender, pero configuran los escenarios desde los cuales la acción educativa debe responder con criterios de equidad, inclusión y justicia.
Por ello, la práctica docente requiere contextualizar y territorializar la experiencia educativa. Territorializar no significa únicamente adaptar contenidos a un lugar geográfico, sino reconocer que todo territorio posee historia, relaciones sociales, saberes, conflictos, recursos, desigualdades, identidades y expectativas que forman parte de la experiencia de quienes lo habitan. Contextualizar supone establecer relaciones significativas entre el conocimiento sistematizado y las experiencias, problemas y preguntas que emergen de esa realidad. El territorio deja así de ser un simple escenario de la enseñanza y se convierte en una dimensión constitutiva de la experiencia educativa.Empero, estos dos requerimos suponen un reconocimiento de las condiciones de la época.
Esta perspectiva modifica también la posición del estudiante. Reconocerlo como sujeto activo de su formaciónno significa desconocer la autoridad pedagógica ni la asimetría institucional. Significa reconocer que ningún conocimiento puede adquirir significado sin la participación de quien aprende. El estudiante reconstruye aquello que conoce al confrontarlo con sus experiencias y formas de comprender, mientras el docente aporta conocimiento sistematizado y mediación, siendo también un sujeto activo.
La relación educativa se encuentra, además, atravesada por la condición existencial de quienes participan. Las personas llegan a la escuela con historias, emociones, expectativas y preocupaciones que pueden favorecer el encuentro, generar tensiones o producir conflictos. La comunidad de aprehendizaje no pretende eliminar estas diferencias, sino crear condiciones para que puedan ser reconocidas y procesadas mediante el diálogo, la reflexión y el respeto a la dignidad de cada persona.
La gestión de las emociones adquiere aquí una dimensión estratégica. Reconocer las emociones propias y ajenas permite la autorregulación en las situaciones que afectan la relación educativa y evita reducir los conflictos a conductas aisladas. Sin embargo, esta gestión no sustituye la responsabilidad ni la normatividad institucional. Debe desarrollarse dentro de un estado de derecho que permita distinguir entre una diferencia susceptible de ser dialogada y una situación que requiere intervención conforme a las disposiciones aplicables.
Así, el conocimiento puede convertirse en un objeto compartido de interrogación. Aquello que se enseña no permanece necesariamente como información externa cuando puede relacionarse con preguntas, experiencias y problemas significativos para quienes participan. Puede ser comprendidos, abriendo posibilidades para entender de otra manera la realidad y actuar responsablemente en ella.
Aquí se encuentra el vínculo más directo entre la relación docente-estudiante y el aprehendizaje. El aprendizaje puede producir conocimientos y capacidades observables; el aprehendizaje ocurre cuando aquello que se conoce establece una relación significativa y pertinente con la experiencia, es incorporado críticamente y modifica las posibilidades de comprender y actuar. Por ello, una evaluación puede ofrecer evidencias importantes sobre determinados conocimientos y capacidades, pero no permite por sí sola establecer hasta qué punto aquello evaluado ha adquirido significado para el sujeto.
La relación docente-estudiante constituye así uno de los espacios privilegiados donde puede concretarse la propuesta de la comunidad de aprehendizaje: el docente enseña desde su responsabilidad profesional; el estudiante participa activamente desde su experiencia y sus saberes; ambos se encuentran alrededor del conocimiento; y la relación permite que ese conocimiento sea interrogado, comprendido, resignificado y vinculado con la realidad; así, ambos aprehenden.
La comunidad de aprehendizaje no se agota, sin embargo, en esta relación. Para sostenerla se requiere también que los docentes como colectivo profesionaldesarrollen capacidades para investigar su práctica, compartir saberes, aprehender de la experiencia y transformar institucionalmente aquello que hacen.