FALANGES
Luis Adalberto Maury Cruz

Infocracia y algoritmo, la lucha por la enajenación política

24 de Abril de 2026

Luis Adalberto Maury Cruz


FALANGES: Infocracia y algoritmo, la lucha por la enajenación política

Luis Adalberto Maury Cruz
lmaury_cruz@hotmail.com

En el marco de la Tercera Modernidad, caracterizada por la multipolaridad, las guerras multidimensionales, la digitalización y el choque de civilizaciones, el orden global experimenta una transformación estructural que pone en crisis la legitimidad liberal. En este contexto, el conflicto se desplaza hacia dimensiones más profundas: la guerra deja de ser exclusivamente territorial para convertirse en una intervención sobre la mente, donde la información, la tecnología y las narrativas operan como vectores estratégicos de poder.
Este diagnóstico encuentra respaldo empírico en organismos internacionales. La NATO ha reconocido el dominio cognitivo como un nuevo campo de confrontación estratégica (NATO, 2021). Asimismo, investigaciones académicas han documentado el impacto de la desinformación digital en procesos políticos contemporáneos, evidenciando la centralidad del entorno informacional en la configuración del poder (Bradshaw & Howard, 2018; Tucker et al., 2018).
La democracia liberal se erosiona en el ecosistema digital; pues, la sobreabundancia informativa, la lógica algorítmica, fragmenta el espacio público. Así, cabe preguntar: ¿cuál es el instrumento paradigmático de la guerra mental? ¿Existe, además, una lucha por la enajenación política?
La guerra mental
La “guerra mental” constituye una reconfiguración del conflicto contemporáneo en la que la mente humana se convierte en el campo estratégico decisivo. Este desplazamiento implica una mutación del concepto de guerra: del control territorial al control de la conciencia. Esto implica reconocer un “sexto dominio” de la guerra. Junto a los ámbitos terrestre, marítimo, aéreo, espacial y cibernético, la mente humana emerge como escenario central.
La guerra cognitiva consiste en un conjunto sistemático de acciones orientadas a influir, moldear y controlar procesos cognitivos y emocionales. En consecuencia, la conciencia deja de ser un espacio autónomo para devenir objeto de disputa estratégica.
Este proceso ha sido documentado empíricamente. Estudios del Foreign Policy Research Institute muestran cómo Rusia y China han desarrollado operaciones de desinformación orientadas a influir en la cohesión de NATO en el contexto del conflicto en Ucrania (FPRI, 2023).
Esta reconfiguración no solo ha sido conceptualizada desde marcos occidentales, sino que encuentra formulaciones específicas en otras potencias. En el caso de Rusia, la integración de medios militares y no militares —incluyendo desinformación e influencia psicológica— ha sido desarrollada en su pensamiento estratégico contemporáneo.
El artículo de Valery Gerasimov (2013), frecuentemente interpretado en Occidente como “doctrina Gerasimov”, no constituye una doctrina formal, sino una reflexión sobre la evolución de la guerra moderna; sin embargo, ha sido utilizado analíticamente para describir la centralidad de los medios no militares en la confrontación.
Esta perspectiva se articula con la Doctrine of Information Security of the Russian Federation (Security Council of the Russian Federation, 2016), que reconoce explícitamente el espacio informacional como ámbito estratégico (Adamsky, 2015).
Por su parte, China ha desarrollado un modelo de gobernanza digital sustentado en el principio de “ciber-soberanía”, articulado en documentos oficiales como The Internet in China (State Council Information Office, 2010) y China’s Cyberspace Governance in the New Era (Cyberspace Administration of China, 2022). Asimismo, la estrategia de las “Tres Guerras” —opinión pública, psicológica y legal—, formulada por el People’s Liberation Army, constituye un marco orientado a influir en percepciones y marcos normativos del adversario (Kania, 2017; Lee, 2014).
En ambos casos, el objetivo converge: estructurar el entorno cognitivo, gestionar percepciones y ejercer influencia mediante el control de flujos informacionales.
De la democracia a la infocracia
La democracia liberal es el modelo hegemónico occidental —articulado en torno a la soberanía popular, el Estado de derecho y la protección de derechos— enfrenta una transformación estructural bajo condiciones digitales.
La infocracia designa un régimen en el que la dominación se ejerce mediante la gestión de la información y la modulación de la atención (Han, 2022). En este contexto, el poder se vuelve algorítmico: no prohíbe, sino que configura el entorno en el que los sujetos perciben el mundo.
Informes de Freedom House documentan el deterioro de la calidad democrática vinculado a la manipulación digital (Freedom House, 2023). En paralelo, estudios académicos han demostrado cómo la desinformación computacional influye en la polarización política y en la formación de opinión pública (Bradshaw & Howard, 2018; Tucker et al., 2018).
En este entramado, las narrativas adquieren centralidad: no prevalece la verdad, sino la construcción discursiva capaz de movilizar emociones y adhesiones. En este contexto, el algoritmo constituye el dispositivo operativo de la infocracia, al estructurar los flujos informacionales, jerarquizar contenidos y modular la atención colectiva. La sobreabundancia de datos diluye la distinción entre verdad, opinión y ruido, desplazando la racionalidad hacia la lógica de la viralidad.
De esta forma, el poder también se ejerce mediante la gestión de datos y la modulación de la atención. El algoritmo adquiere centralidad al estructurar lo visible, lo pensable y lo conductual, condicionando la experiencia de la realidad. Esto produce formas de enajenación política, en las que los sujetos reproducen dinámicas de dominación. Pues estos procesos producen subjetividad, sesgos cognitivos, inducen comportamientos y configuran un sujeto acrítico, potenciado mediante el uso de redes sociales, algoritmos, inteligencia artificial y ciencias del comportamiento, lo que permite intervenciones selectivas, masivas y continuas. La guerra deja así de ser episódica y se convierte en condición permanente.
Del algoritmo a la enajenación política
El algoritmo actúa como mediación estructural entre la conciencia y la realidad social. Al organizar la información y personalizar contenidos, condiciona la experiencia del mundo y configura subjetividades.
Desde esta perspectiva, la enajenación política —como la plantea José Revueltas— implica la pérdida de autonomía crítica, en la que la conciencia queda subordinada a estructuras de dominación (Revueltas, 2014; 2015).
En la Tercera Modernidad, dicha enajenación se intensifica bajo condiciones digitales. La infocracia descrita por Byung-Chul Han implica que el algoritmo no solo organiza la información, sino que modela los horizontes de percepción y sentido (Han, 2022). La dominación se desplaza así de la coerción externa hacia una interiorización psíquica sostenida por la producción de datos, la personalización de contenidos y la repetición de narrativas.
En este contexto, los sujetos participan activamente en su propia sujeción, reproduciendo dinámicas de dominación en un entorno mediado algorítmicamente. De este modo, la enajenación deja de ser solo pérdida de autonomía crítica para convertirse en integración funcional al sistema informacional, donde la realidad es prefigurada por flujos de datos que restringen las condiciones de posibilidad de la crítica.
Sin embargo, esta estructuración no clausura la agencia. Aun bajo condiciones de infocracia, persisten márgenes de resistencia que operan tanto en la subjetividad como en las comunidades digitales. La autocrítica —en clave revueltiana— y la reflexividad permiten interrumpir la reproducción acrítica de narrativas, mientras que prácticas contemporáneas como la alfabetización mediática, la verificación colaborativa y la curaduría consciente de información introducen fisuras en la captura algorítmica.
En el plano técnico y político, el uso de cifrado, la migración hacia plataformas descentralizadas y la construcción de contra-narrativas constituyen formas de resistencia que disputan el control del entorno informacional.
La evidencia empírica sugiere que estas prácticas, junto con iniciativas de transparencia algorítmica y regulación digital, pueden mitigar la desinformación y ampliar la capacidad deliberativa (Bradshaw & Howard, 2018; Tucker et al., 2018). La enajenación aparece así no como destino cerrado, sino como campo de tensión entre dominación y reapropiación crítica.
Conclusiones
La infocracia configura un orden en el que el poder se ejerce mediante el control de la información y la atención. El algoritmo emerge como instrumento paradigmático de la guerra mental, al estructurar la experiencia y modelar la subjetividad.
La evidencia geopolítica contemporánea muestra que las grandes potencias han incorporado la dimensión cognitiva como eje estratégico, utilizando inteligencia artificial, redes digitales y operaciones informacionales para influir en sociedades enteras.
En este marco, la enajenación política se profundiza, pero no de manera absoluta: persisten espacios de resistencia que abren la posibilidad de reconfigurar críticamente la relación entre sujeto, tecnología y poder.
La guerra contemporánea se libra en las mentes; sus instrumentos son informacionales, su campo es la subjetividad y su desenlace depende de la tensión entre dominación algorítmica y agencia crítica.
Referencias
Adamsky, D. (2015). Cross-domain coercion: The current Russian art of strategy. IFRI Security Studies.
Bradshaw, S., & Howard, P. N. (2018). Challenging truth and trust: A global inventory of organized social media manipulation. Oxford Internet Institute.
Cyberspace Administration of China. (2022). China’s cyberspace governance in the new era.
Foreign Policy Research Institute. (2023). Russian disinformation and propaganda in the war in Ukraine.
Freedom House. (2023). Freedom on the Net.
Gerasimov, V. (2013). The value of science is in the foresight. Military-Industrial Courier.
Han, B.-C. (2022). Infocracia. Taurus.
Kania, E. B. (2017). The PLA’s “three warfares” in the information age. The Cyber Defense Review, 2(1), 67–84.
Lee, H. (2014). China’s three warfares: Origins, applications, and organizations. Journal of Strategic Studies, 37(2), 198–221.
NATO. (2021). Cognitive warfare.
Revueltas, J. (2014). Los días terrenales. Era.
Revueltas, J. (2015). El apando. Era.
Security Council of the Russian Federation. (2016). Doctrine of information security of the Russian Federation.
State Council Information Office of China. (2010). The Internet in China.
Tucker, J. A., et al. (2018). Social media, political polarization, and political disinformation. Political Science Quarterly, 133(1), 1–38.