SENTIDO COMÚN
Gabriel García-Márquez

PARTIDOS DE OPOSICIÓN, ENTRE LA REINVENCIÓN Y LA DISPUTA TERRITORIAL

19 de Febrero de 2026

Gabriel García-Márquez


La oposición mexicana atraviesa una etapa de redefinición profunda. Tras la pérdida de posiciones frente al oficialismo en los últimos años, los partidos tradicionales intentan reconstruir su viabilidad electoral mientras nuevas corrientes buscan ocupar espacios vacantes. El desafío no es menor: recuperar credibilidad, reorganizar estructuras y volver a conectar con un electorado que ha cambiado más rápido que ellos.

DIRIGENCIAS BAJO PRESIÓN: LA REFORMA QUE NO LLEGA
Tras varias derrotas consecutivas y una pérdida notable de presencia territorial, fuerzas como el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN) intentan recomponer su capital político mediante alianzas y ajustes en su conducción nacional. El PRI, encabezado por Alejandro Moreno Cárdenas desde 2019, ha privilegiado la cohesión interna, aunque enfrenta cuestionamientos por la prolongación de su liderazgo. En el PAN, la elección de Jorge Romero Herrera (2024-2027) buscó proyectar renovación generacional, con el reto de unificar corrientes y redefinir la identidad opositora.
A estas fuerzas se suma Movimiento Ciudadano (MC), que bajo la coordinación nacional de Jorge Álvarez Máynez intenta posicionarse como alternativa diferenciada, con un discurso orientado a nuevas generaciones y agendas urbanas. Sin embargo, su crecimiento territorial sigue siendo desigual y su negativa a alianzas amplias lo mantiene en una ruta paralela dentro del bloque opositor.
La reconstrucción opositora pasa necesariamente por una revisión profunda de las dirigencias nacionales. La permanencia de los mismos grupos en el PRI y las tensiones internas en el PAN han generado una percepción de inmovilismo que desalienta tanto a la militancia como al electorado. Más que relevo de nombres, lo que se exige es transformación de métodos: elecciones internas competitivas, límites a la reelección partidista, profesionalización estratégica y apertura real a perfiles ciudadanos.
NUEVAS SIGLAS, VIEJOS DILEMAS: EL RETO DE SOMOS MÉXICO
La desaparición nacional del Partido de la Revolución Democrática (PRD) tras su derrota en 2024 dejó un vacío en la izquierda opositora que hoy se intenta llenar con nuevas expresiones. Entre ellas destaca SOMOS MÉXICO, impulsada por sociedad civil y exmilitantes perredistas con miras a 2027 y vinculada al movimiento ciudadano conocido como “marea rosa”.
Entre las figuras más visibles asociadas a esta nueva corriente se encuentran Guadalupe Acosta Naranjo, Fernando Belaunzarán, Emilio Álvarez Icaza, Cecilia Soto, Amalia García, Silvano Aureoles, Jesús Zambrano, Jesús Ortega, Carlos Navarrete y Miguel Ángel Mancera, provenientes en su mayoría del antiguo perredismo y del activismo cívico opositor.
Su aparición confirma un patrón recurrente: cuando un partido colapsa, parte de sus cuadros intenta reagruparse en nuevas siglas. El problema es que la ciudadanía difícilmente percibe novedad si predominan los mismos liderazgos. El futuro de SOMOS MÉXICO dependerá de tres factores: diferenciarse realmente de los partidos tradicionales, construir arraigo territorial y definir con claridad su ubicación ideológica como socialdemocracia liberal ciudadanista.
Tiene a su favor el desencanto con la oposición tradicional y la orfandad política de sectores que se identificaban con el antiguo PRD. Pero carga el riesgo de ser visto como reciclaje de la vieja clase política. Su viabilidad no dependerá solo del registro, sino de demostrar que representa algo más que la suma de agravios contra el poder.
VERACRUZ: EL LABORATORIO REAL DE LA COMPETENCIA
En el estado de Veracruz, la oposición enfrenta un escenario complejo, pero no exento de oportunidades. La hegemonía de Morena en la gubernatura y en buena parte de los municipios ha sido evidente, pero los resultados municipales recientes muestran un mapa más competido de lo que suele asumirse. La oposición mantiene presencia significativa en ayuntamientos y regiones clave, confirmando que la disputa electoral veracruzana se está desplazando al ámbito local.
En la entidad, más que las siglas pesan los liderazgos regionales, el arraigo social y la evaluación directa de los gobiernos municipales. Morena conserva ventaja estatal, pero su predominio no es absoluto en el territorio. Esto abre espacios de competencia real en ciudades, corredores económicos y zonas con tradición de alternancia política.
Uno de los principales obstáculos opositores en Veracruz es su fragmentación. PRI, PAN y MC compiten con frecuencia por separado, reflejando tensiones locales y cálculos distintos. Aun así, la experiencia electoral muestra que, incluso dividida, la oposición conserva nichos territoriales y capacidad de disputa.
EL FUTURO OPOSITOR: ENTRE LA ALIANZA Y LA SUPERVIVENCIA
Las expectativas para la oposición en Veracruz y en el país se concentran en cuatro tendencias previsibles: competencia municipal sostenida, reconfiguración del mapa opositor, dependencia de liderazgos regionales y alternancias parciales sin cambio estatal inmediato.
En Veracruz, el crecimiento de Movimiento Ciudadano y la posible aparición de nuevas fuerzas como SOMOS MÉXICO anticipan una redistribución del espacio opositor donde el PRI y el PAN podrían perder centralidad. Esto obliga a replantear estrategias como mantener fragmentación o explorar nuevos entendimientos que eviten la dispersión del voto frente al oficialismo.
La oposición no está extinguida, pero sí en transición. Su futuro dependerá menos del desgaste de Morena que de su propia capacidad para renovarse, articular liderazgos creíbles y construir proyectos con arraigo social. Si aprende de los resultados locales recientes, estados como Veracruz pueden convertirse en territorios de recuperación gradual. Si no, la hegemonía oficialista seguirá siendo la constante dominante.
La disputa política mexicana ya no se decide solo en las cúpulas nacionales, sino en el territorio y en la confianza ciudadana. Ahí, precisamente, es donde la oposición se juega su supervivencia.
La receta para la supervivencia de los partidos de oposición es muy clara, toda vez que es tiempo de que los viejos líderes dejen el paso a los jóvenes que ven con interés su participación política, pero que no pueden brillar a la sombra de los viejos cacicazgos que no dejan que políticos nuevos muestren de lo que son capaces.