SENTIDO COMÚN
Gabriel García-Márquez

GROENLANDIA, LA ISLA QUE AMBICIONA TRUMP

03 de Febrero de 2026

Gabriel García-Márquez


La idea de que Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, podría comprar o incluso apoderarse de Groenlandia no es una simple excentricidad política. Es el síntoma más visible de una disputa geopolítica mayor que se libra en el Ártico, una región que, debido al deshielo y a la competencia entre potencias, se ha convertido en uno de los tableros estratégicos más importantes del siglo XXI.
Groenlandia, la isla más grande del mundo, pertenece al Reino de Dinamarca, pero goza de un alto grado de autonomía y de una identidad política y cultural propia. No está en venta, y aun así, su valor estratégico, militar y económico ha despertado apetitos que van mucho más allá de la Casa Blanca.
POR QUÉ TRUMP MIRA HACIA EL NORTE
Para Trump, Groenlandia representa tres cosas esenciales: seguridad nacional, recursos naturales y dominio geopolítico. Su ubicación entre América del Norte y Europa la convierte en una pieza clave para el control del Atlántico Norte y del Ártico, especialmente en un contexto de creciente rivalidad con Rusia y China.
Desde la Guerra Fría, Estados Unidos mantiene presencia militar en la isla, particularmente en la base aérea de Thule (hoy Pituffik Space Base), vital para los sistemas de alerta temprana y defensa antimisiles. El cambio climático, al abrir nuevas rutas marítimas y facilitar el acceso a recursos antes inaccesibles, ha elevado aún más el valor estratégico de la región.
LAS RIQUEZAS BAJO EL HIELO
Bajo su vasto manto de hielo, Groenlandia alberga importantes reservas de minerales estratégicas, entre ellos tierras raras, uranio, zinc, níquel, hierro y potenciales yacimientos de petróleo y gas. Estos recursos son fundamentales para la industria tecnológica, la transición energética y el sector militar.
En un mundo donde China domina buena parte del mercado de tierras raras, el acceso a estos minerales se ha convertido en un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos y sus aliados.
¿QUIÉNES PODRÍAN IMPUGNAR LA VENTA DE GROENLANDIA?
Una hipotética venta de Groenlandia a Estados Unidos, además de ser jurídicamente inviable, sería impugnada política y diplomáticamente por varias potencias del Círculo Ártico, cuyos intereses estratégicos se verían directamente afectados.
Entre ellas destacan:
• Rusia, la mayor potencia ártica, con una extensa costa en el norte y una fuerte militarización de la región. Moscú vería cualquier expansión territorial estadounidense en el Ártico como una amenaza directa a su seguridad y a su control de rutas marítimas clave.
• Canadá, vecino inmediato de Groenlandia, con intereses en la soberanía del Ártico y en las rutas de navegación del norte. Una mayor presencia estadounidense alteraría el delicado equilibrio regional.
• Noruega, potencia energética y miembro de la OTAN, que mantiene una postura activa en la gobernanza del Ártico y vigila de cerca los movimientos militares en la región.
• Islandia y Finlandia, aunque sin ambiciones territoriales, tienen interés directo en la estabilidad ártica y en evitar que la región se convierta en un espacio de confrontación abierta.
• La Unión Europea, que vería una venta como una violación de principios de soberanía y autodeterminación, además de una amenaza al equilibrio geopolítico del norte europeo.
• China, aunque no es un país ártico, se ha autodenominado “estado casi ártico” y ha invertido en proyectos mineros y científicos en la región. Un control absoluto de Estados Unidos sobre Groenlandia limitaría su acceso económico y estratégico.
En suma, la venta de Groenlandia no solo enfrentaría a Dinamarca y Estados Unidos, sino que desataría una crisis diplomática internacional con múltiples actores.
¿DE QUÉ VIVEN HOY LOS HABITANTES DE GROENLANDIA?
Groenlandia tiene alrededor de 56 mil habitantes, en su mayoría de origen inuit. Su economía es pequeña, frágil y altamente dependiente del exterior.
Actualmente, los pilares de su sustento son:
• La pesca, especialmente de camarón y fletán, que constituye la principal actividad económica y fuente de exportaciones.
• Subsidios del gobierno danés, que representan una parte significativa del presupuesto público y garantizan servicios básicos.
• Administración pública y servicios, que emplean a una gran parte de la población.
• Turismo, aún limitado, pero en crecimiento, especialmente el ecoturismo y las experiencias árticas.
• Minería incipiente, sujeta a debates ambientales y sociales, y aún lejos de ser un motor económico dominante.
La mayoría de los groenlandeses no aspira a convertirse en ciudadanos de otra potencia, sino a fortalecer su autonomía, proteger su cultura y decidir por sí mismos si desean independencia plena o una relación renovada con Dinamarca.

MÁS QUE UNA ISLA, UN SÍMBOLO
La pretensión de “comprar” Groenlandia revela una visión del mundo basada en la lógica del poder y la expansión territorial, una lógica que choca con los principios modernos de soberanía y autodeterminación de los pueblos.
Groenlandia no es solo un territorio estratégico: es el hogar de una sociedad que busca decidir su futuro sin convertirse en moneda de cambio entre superpotencias. En el Ártico se juega algo más que el control de recursos: se define si el siglo XXI avanzará hacia la cooperación internacional o regresará a las viejas prácticas del imperialismo disfrazado de seguridad nacional.

OTRAS ENTRADAS