PEMEX: SOBERANÍA ENERGÉTICA Y COMPROMISO SOCIAL
21 de Octubre de 2026
Gabriel García-Márquez
La recuperación de Petróleos Mexicanos (Pemex) vuelve a colocar sobre la mesa un tema fundamental para el desarrollo de México: la importancia de contar con una empresa energética capaz de contribuir a la soberanía nacional, fortalecer la economía y responder, al mismo tiempo, a las necesidades sociales de las regiones donde desarrolla sus actividades.
Los resultados operativos presentados durante esta administración muestran avances que merecen analizarse con atención. De acuerdo con las cifras difundidas, la producción de gasolinas y diésel registra un incremento del 186 por ciento respecto a 2018; la refinación de petróleo aumentó un 81 por ciento, y la proporción de combustibles comercializados por Pemex que provienen de su propia producción pasó del 24 al 85 por ciento.
Más allá de los números, lo importante es entender qué representan estos avances para el país. Una mayor capacidad de refinación puede reducir la dependencia de los combustibles importados, mientras que el fortalecimiento de las cadenas productivas permite aprovechar mejor los recursos nacionales. Sin embargo, la recuperación de Pemex también debe medirse por su capacidad para generar bienestar, atender rezagos históricos y contribuir al desarrollo de las comunidades que conviven diariamente con la industria petrolera. Porque el petróleo no representa solamente ingresos, instalaciones y barriles de producción. También implica una responsabilidad con México y, particularmente, con el sureste, una región que ha aportado durante décadas una parte sustancial de la riqueza energética nacional.
LA REFINACIÓN COMO INSTRUMENTO DE SOBERANÍA
Durante muchos años, México enfrentó una contradicción difícil de justificar: siendo un país productor de petróleo, dependía en buena medida de las importaciones para abastecer su mercado de combustibles. La apuesta por fortalecer la refinación busca corregir ese desequilibrio.
Los datos presentados el 21 de octubre de 2026 indican que Pemex pasó de procesar alrededor de 612 mil barriles diarios de crudo en 2018 a más de 1.1 millones. Además, la producción de gasolina, diésel y turbosina alcanzó aproximadamente un millón de barriles diarios, de acuerdo con los reportes difundidos sobre el balance de la empresa.
En este escenario, la Refinería Olmeca, en Dos Bocas, Tabasco, y la rehabilitación de instalaciones como la refinería de Tula, Hidalgo, forman parte de una estrategia que busca aprovechar dentro del territorio nacional una mayor proporción de la riqueza petrolera. Sabemos que la soberanía energética no consiste en cerrar las puertas al mundo, sino en contar con suficiente capacidad propia para reducir la vulnerabilidad ante las fluctuaciones internacionales, las crisis de suministro y las decisiones de otros países.
Por cierto, también es importante reconocer que la autosuficiencia no se alcanza únicamente con la construcción de refinerías. Se requiere mantenerlas en condiciones óptimas, garantizar su operación continua, controlar los costos y asegurar que cada peso invertido se traduzca en resultados.
LAS CIFRAS DEBEN LLEGAR A LA ECONOMÍA FAMILIAR
Uno de los indicadores que merece atención es el aumento de la producción de fertilizantes, un sector estratégico para el campo mexicano. Pemex informó que durante 2025 produjo 975 mil toneladas, un 21 por ciento más que en 2024.
Este crecimiento abre una posibilidad relevante: fortalecer la disponibilidad nacional de insumos agrícolas, reducir la vulnerabilidad del abastecimiento y contribuir a la seguridad alimentaria.
Algo semejante ocurre con la industria petroquímica. Su reactivación puede generar empleos, impulsar las cadenas de proveedores nacionales y ampliar las oportunidades para pequeñas y medianas empresas. No se trata solamente de extraer petróleo y transformarlo en combustibles, sino de aprovecharlo como materia prima para generar mayor valor agregado dentro de México.
Pienso que aquí se encuentra uno de los grandes desafíos de Pemex: convertir la recuperación industrial en crecimiento económico que se sienta en los hogares. Porque una empresa petrolera puede reportar incrementos en su producción y sus ventas, pero su contribución al desarrollo será mayor cuando esos resultados también se reflejen en empleos formales, mejores ingresos y oportunidades para las nuevas generaciones.
EL SURESTE MERECE ALGO MÁS QUE EXTRAER PETRÓLEO
Para Veracruz, Tabasco, Campeche y otras entidades del sureste, Pemex representa mucho más que una empresa del Estado. Su presencia forma parte de la historia económica, social y laboral de numerosas comunidades.
Coatzacoalcos y su entorno industrial son un ejemplo de la relación entre la actividad energética, el empleo y el desarrollo regional. Durante décadas, la industria petrolera ha generado actividad económica, atraído inversiones y dado sustento a miles de familias. Sin embargo, también ha dejado importantes desafíos en materia ambiental, infraestructura, servicios públicos y calidad de vida.
Por eso resulta significativo el dato sobre la canalización de casi 6 mil 600 millones de pesos, entre 2025 y lo que va de 2026, a comunidades donde opera Pemex, mediante acciones relacionadas con caminos, salud y educación.
Si estos recursos se ejercen de manera eficaz y transparente, pueden contribuir a atender necesidades que durante años han permanecido pendientes. Los caminos facilitan el traslado de personas y mercancías; la inversión en salud puede mejorar la atención a las familias, y la educación amplía las posibilidades de desarrollo de niñas, niños y jóvenes.
No obstante, el compromiso social de Pemex no debe entenderse como una dádiva ni como una concesión extraordinaria. Es parte de la responsabilidad que corresponde a una empresa pública cuya actividad aprovecha recursos naturales y convive con poblaciones que experimentan tanto sus beneficios como sus consecuencias.
Y esa responsabilidad no termina en el sureste. Las entidades donde Pemex tiene instalaciones, ductos, centros de distribución, refinerías o actividades de exploración y producción también requieren atención, coordinación institucional y medidas eficaces de prevención de riesgos.
La inversión social debe responder a diagnósticos verificables, necesidades reales y resultados medibles. Mientras tanto, las comunidades deben contar con información pública suficiente para conocer qué obras se realizan, cuánto cuestan y quiénes se benefician. La confianza se construye con hechos, no solamente con anuncios.
RECUPERAR PEMEX TAMBIÉN SIGNIFICA CUIDAR SUS FINANZAS
Otro aspecto importante es la situación financiera de Pemex. En su reporte correspondiente al segundo trimestre de 2026, la empresa informó una reducción del 9.1 por ciento en su deuda financiera respecto al periodo de referencia y reportó una utilidad neta de 18 mil millones de pesos durante ese trimestre.
Son cifras que permiten observar avances, aunque deben analizarse junto con los compromisos de pago, las necesidades de inversión, los costos operativos y las obligaciones que todavía enfrenta la empresa.
Toda vez que Pemex desempeña un papel estratégico para el país, su recuperación financiera es fundamental para sostener sus operaciones, modernizar sus instalaciones y responder a sus compromisos. Una empresa excesivamente endeudada tiene menos margen para invertir; una empresa que mejora sus cuentas puede disponer de mejores condiciones para planear su futuro.
Pero la exigencia no debe ser menor por tratarse de una empresa nacional. Por el contrario, se obliga a rendir cuentas con mayor claridad, porque sus decisiones afectan tanto a la economía nacional como a la vida cotidiana de millones de mexicanos.
EL PETRÓLEO DEBE CONVERTIRSE EN BIENESTAR
Los avances reportados por Pemex muestran una recuperación en distintos frentes: mayor refinación, crecimiento en la producción de combustibles, impulso a los fertilizantes y acciones de apoyo social en las comunidades donde opera. Son elementos relevantes para una estrategia de soberanía energética y desarrollo nacional.
Sin embargo, el reto consiste en sostener esa trayectoria y demostrar que sus beneficios pueden mantenerse en el tiempo. México necesita una empresa petrolera productiva, financieramente responsable, tecnológicamente preparada y comprometida con la protección del medio ambiente y el bienestar de las comunidades.
En el sureste, donde la riqueza energética ha convivido con profundas desigualdades, ese compromiso adquiere una dimensión especial. No basta con que el petróleo salga del subsuelo y se transforme en combustibles; también debe traducirse en infraestructura, oportunidades de empleo, mejores servicios públicos y condiciones de vida más dignas.
Por eso, el balance de Pemex no debe limitarse a contar barriles, medir porcentajes o anunciar inversiones. También debe considerar cuánto contribuye a reducir la dependencia energética, fortalecer la soberanía nacional y generar bienestar para la población.
Porque la verdadera recuperación de Pemex no se medirá únicamente por la cantidad de petróleo que produzca, sino por su capacidad para convertir la riqueza energética de México en desarrollo, justicia social y mejores oportunidades para los mexicanos.



