La Educación en Veracruz
Faride Osman Flores

TENEMOS QUE HABLAR. ANTES DE REPARTIR LOS LUGARES

21 de Septiembre de 2026

Faride Osman Flores


TENEMOS QUE HABLAR. ANTES DE REPARTIR LOS LUGARES
Si el examen deja de decidir, Veracruz tendrá que explicar qué lo sustituye

Hay una pregunta que parece sencilla hasta que dejamos de hablar de porcentajes y pensamos en dos jóvenes concretos, los dos terminaron la secundaria, los dos tienen derecho a estudiar el bachillerato y los dos quieren entrar al mismo plantel, pero sólo queda un lugar,

¿Quién entra? Durante años, una respuesta posible fue el examen, un puntaje ordenaba a los aspirantes y, a partir de él, se distribuían los espacios.

México está avanzando hacia otro modelo, el 24 de agosto de 2026, la Secretaría de Educación Pública informó que 17 entidades ya habían eliminado el examen de ingreso a la Educación Media Superior y que se trabajaba para extender ese esquema al resto del país en el ciclo 2027–2028. En esas entidades, la SEP reportó que 80.4 por ciento de los jóvenes obtuvo su primera opción y más de 96 por ciento quedó dentro de sus tres primeras preferencias, la discusión, entonces, ya no es hipotética, también llegará a Veracruz y ahí comienza el verdadero problema, porque eliminar el examen puede cambiar la puerta de entrada, pero no hace desaparecer la capacidad de los planteles, las diferencias territoriales ni las preferencias de los jóvenes.

Si 700 aspirantes quieren ingresar a una escuela donde caben 350, quitar el examen no crea automáticamente otros 350 lugares, alguien tendrá que decider, la pregunta es con qué información y con qué reglas.

En Veracruz todavía podemos observar el modelo vigente. Durante el proceso de ingreso 2026 de la Dirección General de Bachillerato, la asignación se realizó conforme al orden de prelación derivado de la Evaluación Diagnóstica. Después hubo corrimiento para ocupar espacios que habían quedado libres y, posteriormente, reubicación para quienes continuaban con estatus de “Pendiente de Ubicación”, ese dato dice mucho, había jóvenes pendientes y, al mismo tiempo, planteles con lugares disponibles, por eso el problema, por tanto, no puede reducirse a una sola frase: faltan lugares, también importa dónde están los lugares y dónde está la demanda.

CONALEP Veracruz aporta otra pista. En abril reportó 7 mil 900 prefichas para sus 15 planteles y una previsión cercana a 4 mil 800 estudiantes de nuevo ingreso. No sería correcto restar ambas cifras y llamar “rechazados” a la diferencia: una preficha no equivale necesariamente a una solicitud concluida y una previsión de matrícula tampoco representa automáticamente el cupo máximo, pero el dato muestra algo importante: los subsistemas ya producen información sobre su demanda, DGB registra participantes, ubicados, pendientes, corrimientos y reubicaciones, COBAEV registra aspirantes, aceptados y matrículas, CONALEP conoce sus prefichas e ingresos, CECyTEV administra sus procesos por plantel y Carrera, Telebachillerato conoce dónde están sus centros y qué territorios atienden y la administración estatal concentra, además, la estadística escolar.

Lo que no hemos localizado, al corte de septiembre de 2026, es un concentrado público que permita mirar todo el sistema y responder, plantel por plantel: ¿Cuántos lugares hay?, ¿Cuántos jóvenes los solicitaron?, ¿Cuál fue su preferencia?, ¿Cuántos fueron asignados?, ¿Cuántos terminaron inscritos?, ¿Cuántas vacantes quedaron? Tampoco está todavía consolidada la estadística 911 de inicio del ciclo 2026–2027, que permitirá conocer la matrícula efectiva. Hay que decirlo con claridad: todavía no podemos cuantificar con precisión dónde se concentra toda la presión de ingreso, pero sí podemos identificar el problema, Veracruz ya produce buena parte de la información necesaria. El trabajo pendiente es hacerla conversar y antes de hacer conversar los datos quizá haya que hacer conversar también las definiciones: Una preficha no es lo mismo que un aspirante, un aspirante no es necesariamente un aceptado, un aceptado no es todavía un estudiante inscrito, un joven ubicado puede decidir no tomar ese lugar y una vacante inicial no es necesariamente la vacante final. Si cada subsistema mide etapas distintas, reunir cifras sin homologarlas puede producir una fotografía aparentemente precisa y metodológicamente equivocada, por eso, antes de definir cómo se repartirán los lugares en 2027–2028, Veracruz necesita responder una pregunta más elemental: ¿Cuántos lugares tenemos, dónde están, quiénes los quieren y cuáles representan realmente una opción viable? Porque tampoco todos los lugares disponibles son equivalentes, un espacio puede existir estadísticamente y estar demasiado lejos, puede significar dos transportes diarios que una familia difícilmente puede sostener, puede corresponder a un turno incompatible, puede ofrecer una formación distinta de la que busca el estudiante, puede pertenecer a una modalidad que no responde a sus condiciones, tener un lugar no siempre significa tener una opción realmente utilizable.

Ahí aparece una diferencia esencial entre cobertura administrativa y acceso efectivo, a primera pregunta si el joven recibió algún espacio, la segunda pregunta si recibió un espacio que realmente puede cursar y entre ambas está la preferencia. La experiencia nacional demuestra que puede medirse. En los procesos sin examen reportados por la SEP durante 2026 no sólo se contabilizó cuántos jóvenes fueron asignados, sino cuántos obtuvieron su primera, segunda o tercera opción. Decir “todos tienen lugar” no es exactamente lo mismo que decir “la mayoría consiguió una alternativa que había elegido”.

Por eso Veracruz tendrá que responder otra pregunta: Cuando no todos puedan entrar al plantel que prefieren, ¿qué regla pública, comprensible y auditable utilizará para decidir? Puede discutirse cercanía, puede considerarse vulnerabilidad, puede recurrirse a mecanismos de desempate entre aspirantes en condiciones equivalentes, puede combinarse más de un criterio, pero ésa es una discusión posterior. Primero necesitamos saber dónde existe realmente sobredemanda, porque no tiene sentido tratar igual a una escuela que recibe 600 solicitudes para 300 lugares que a otra donde quedan 80 espacios sin ocupar.

Una vacante también habla, puede revelar distancia, transporte, turno, oferta formativa, infraestructura, percepción de calidad o simplemente una opción que ya no responde a las preferencias de los jóvenes. La sobredemanda produce información la falta de demanda también y ambas deberían regresar a la planeación.

El Gobierno federal está ampliando la capacidad del bachillerato. Durante 2026 se anunciaron cientos de acciones de construcción, ampliación y reconversión de planteles, además de nuevos Bachilleratos Nacionales Margarita Maza en Veracruz, eso vuelve todavía más importante la información de admission, porque sus resultados no deberían servir únicamente para decir quién entró este año, deberían ayudar a decidir dónde ampliar el próximo. Veracruz no necesita necesariamente otra gran Plataforma, necesita comenzar por un Mapa Estatal de Demanda y Capacidad de Educación Media Superior, construido con información que las instituciones ya producen, por cada plantel bastaría inicialmente con unas cuantas variables comunes: lugares disponibles; aspirantes; preferencias; asignados; inscritos efectivos; vacantes finales. DGB, COBAEV, CONALEP, CECyTEV, Telebachillerato, los sistemas federales y las demás modalidades mirando la misma fotografía. No para hacer rankings, para planear, porque los subsistemas administran planteles, el Estado tiene que administrar oportunidades educativas.

Un joven no piensa en organigramas, piensa en la escuela a la que puede llegar, el turno que puede cursar, la formación que desea y el lugar donde imagina continuar su vida, por eso quitar el examen es apenas el principio. La pregunta de fondo es: ¿Qué sistema de admisión puede acercar lo más posible el lugar disponible al lugar que el joven necesita, prefiere y realmente puede utilizar? y cuando eso no sea posible, Veracruz tendrá que explicar con anticipación cómo decidirá, con una regla pública, comprensible, auditable.

Antes de repartir los lugares, hay que hacer conversar los datos, porque la admisión no debería terminar cuando se asigna el último espacio. Sus resultados deberían convertirse en la primera información para decidir dónde crear, ampliar o transformar el siguiente.