La Educación en Veracruz
Faride Osman Flores

TENEMOS QUE HABLAR. UPAV: cuando un problema educativo se convierte en un problema de Estado

30 de Agosto de 2026

Faride Osman Flores


TENEMOS QUE HABLAR. UPAV: cuando un problema educativo se convierte en un problema de Estado

Ordenar una institución es indispensable. El verdadero desafío es convertir ese orden en mejores condiciones para enseñar, aprender, permanecer y concluir.



Hay una cifra que inevitablemente ocupará los titulares: alrededor de 280 millones de pesos, el secretario de Finanzas y Planeación de Veracruz informó que fueron presentadas denuncias ante las fiscalías estatal y federal relacionadas con operaciones realizadas con recursos administrados por la Fundación para la Educación, Salud y Recuperación del Medio Ambiente EDAL, A.C., vinculada con la Universidad Popular Autónoma de Veracruz. La autoridad financiera ha señalado que deberá investigarse el origen, destino y trazabilidad de esos recursos. Conviene establecerlo desde el principio: hablar de aproximadamente 280 millones de pesos bajo investigación no significa que esa cantidad constituya un quebranto acreditado. Una denuncia no es una sentencia, una observación de auditoría no equivale a un delito y una investigación tampoco convierte automáticamente a nadie en responsible, pero quienes miramos estos acontecimientos desde la educación deberíamos formular otra pregunta: ¿Qué significa todo esto para la institución educativa que debía cumplir una misión mucho más importante que administrar recursos?

Porque UPAV no es un expediente financiero, es bachillerato y educación superior, son estudiantes, docentes, familias y comunidades, son personas que encontraron ahí una posibilidad de continuar estudiando cuando otras puertas educativas estaban demasiado lejos, por eso tenemos que hablar. UPAV nació en 2011 con una vocación social difícil de cuestionar: ampliar las oportunidades educativas en Veracruz, en agosto de 2025, el Gobierno del Estado reportaba 58 mil 742 estudiantes: 31 mil 223 en bachillerato, 26 mil 005 en licenciatura y mil 514 en posgrado, ese mismo año se informaba presencia institucional en 168 municipios y una oferta de 416 programas de bachillerato, licenciatura y posgrado.

Actualmente, la propia UPAV anuncia una matrícula superior a 67 mil estudiantes, pero su importancia no se explica solamente por el tamaño, UPAV llega a lugares y poblaciones donde la oferta educativa convencional puede resultar insuficiente. Su bachillerato mixto combina una jornada presencial semanal con trabajo autónomo; el bachillerato unitario está dirigido a localidades, comunidades o rancherías donde el acceso educativo resulta difícil por ubicación geográfica o marginación; existe también bachillerato virtual, es decir, UPAV trabaja precisamente en uno de los territorios más complejos de cualquier política educativa: hacer efectivo el derecho a estudiar donde el sistema tradicional no siempre consigue llegar y precisamente por eso deberíamos exigirle mucho académicamente. Una institución que atiende a poblaciones con menos alternativas educativas necesita más capacidad institucional, no menos, más acompañamiento, más información sobre sus estudiantes, más fortaleza docente, más mecanismos para detectar el abandon, más capacidad para saber si sus diferentes modalidades están produciendo aprendizaje.

Durante años hemos celebrado la cobertura preguntando cuántos estudiantes entran. Hoy necesitamos formular preguntas más difíciles: ¿Qué sucede después?, ¿Permanecen?, ¿Aprenden?, ¿Concluyen?, ¿Continúan hacia el siguiente nivel educativo?, ¿Reciben acompañamiento cuando comienzan a rezagarse?, ¿Sus profesores cuentan con condiciones suficientes para enseñar? Ésa es la diferencia entre acceso y trayectoria y ahí comienza la conversación académica que UPAV necesita, una institución puede crecer territorialmente y, al mismo tiempo, necesitar fortalecer su capacidad académica, no hablo de la expresión genérica “calidad educativa”, hablo de una capacidad que puede observarse: diagnosticar ? planear ? formar ? acompañar ? evaluar ? aprender ? corregir.

Una institución académicamente fuerte conoce a sus estudiantes, identifica dónde aparecen las dificultades, sabe qué están aprendiendo, reconoce dónde comienza el abandono, acompaña a sus profesores y modifica aquello que no está funcionando, por eso la reorganización actual de UPAV representa una oportunidad extraordinaria, siempre que no termine en el orden administrativo.

La revisión documental realizada para esta columna muestra que los cuestionamientos al modelo institucional de UPAV no comenzaron en 2026, desde ejercicios anteriores, el Órgano de Fiscalización Superior de Veracruz formuló observaciones relacionadas con la participación de asociaciones civiles en mecanismos vinculados con aportaciones y recursos asociados a los servicios educativos de la Universidad, hubo observaciones, procedimientos administrativos y denuncias entre los antecedentes existe una denuncia presentada por ORFIS ante la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción en 2020 relacionada con UPAV, por un monto señalado por el órgano fiscalizador de aproximadamente 241.97 millones de pesos.

Ese expediente es distinto de las denuncias anunciadas en 2026 y no debe confundirse con ellas, con la documentación pública localizada tampoco es posible establecer su situación procesal definitiva actual, precisamente por eso interesa algo más que reconstruir expedients, interesa reconstruir aprendizajes institucionales, si determinados componentes del modelo produjeron alertas hace años, la pregunta inevitable es: ¿Qué aprendió la institución después de ellas?

Hay una pregunta que deberíamos formular con mayor frecuencia a nuestras instituciones: ¿Qué diagnosticaron, qué hicieron, qué cambió, qué aprendieron y qué van a modificar? Apliquémosla a UPAV, si existían observaciones sobre determinados mecanismos de intermediación, ¿qué controles cambiaron? Si se abrieron procedimientos, ¿qué correcciones institucionales produjeron? Si una asociación dejó de participar, ¿qué condiciones se establecieron para los mecanismos posteriores? No se trata de encontrar retrospectivamente a una sola persona sobre quien depositar toda la responsabilidad, un sistema público tiene múltiples órganos con atribuciones diferentes: Rectoría, Junta de Gobierno, órganos internos de control, Contraloría, Secretaría de Educación, Secretaría de Finanzas, órgano fiscalizador, Congreso y, cuando existen posibles delitos, fiscalías.

Por eso quizá la pregunta más útil no sea: ¿quién falló? Sino: ¿en qué momento una alerta dejó de convertirse en una corrección permanente? Porque detectar un problema y corregir el mecanismo que permite que se reproduzca son dos cosas distintas.

Aquí debemos regresar al aula, un problema financiero en una institución educativa importa no por el dinero en abstracto, importa por aquello que los recursos hacen posible: docentes con mejores condiciones, materiales, tecnología, formación, acompañamiento, evaluación, infraestructura, sistemas de información y continuidad de los programas, por eso uno de los cambios más importantes de la reorganización actual no es solamente administrative, desde enero de 2026, el Gobierno del Estado y UPAV asumieron directamente la contratación y el pago del personal docente, directivo y administrative, durante ese proceso fue necesario habilitar 12 sedes regionales para integrar y validar los expedientes de maestras, maestros, directoras y directores de educación media superior y superior.

El dato parece burocrático, pero contiene una pregunta académica fundamental: ¿Qué sabe UPAV de las personas que enseñan en UPAV? No basta con saber quién cobra, necesitamos saber quién enseña, qué formación tiene, qué asignaturas imparte, qué acompañamiento recibe, qué necesidades de actualización presenta, qué ocurre con sus estudiantes y qué puede aprender la institución de sus mejores prácticas.

Durante años UPAV utilizó las figuras de asesores y directores solidarios, la reorganización actual está estableciendo una relación contractual directa con quienes desempeñan funciones académicas y directivas, en mayo, el Gobierno anunció además un incremento de 40 por ciento en las remuneraciones docentes. En bachillerato, por ejemplo, el pago por hora clase pasó de 50 a 70 pesos; también se incrementaron las remuneraciones en licenciatura y posgrado, es una decisión que debe reconocerse, pero profesionalizar a los docentes no significa solamente pagar major, significa construir capacidad académica colectiva: formación continua, comunidades de práctica, materiales pertinentes, acompañamiento pedagógico, evaluación formativa, reconocimiento del trabajo y espacios donde los profesores puedan analizar juntos aquello que está ocurriendo con sus estudiantes. La pregunta para esta nueva etapa debería ser: ¿Cuál será el modelo de desarrollo docente de UPAV? Porque una institución distribuida en tantos municipios necesita algo más que miles de profesores, necesita una comunidad académica.

Cuando hablamos de UPAV existe la tentación de pensar inmediatamente en licenciaturas, pero UPAV también es bachillerato y no es un componente menor: en agosto de 2025, más de 31 mil estudiantes de la institución estaban precisamente en ese nivel educativo, la educación media superior mexicana atraviesa además una transformación curricular que obliga a revisar enseñanza, evaluación, formación docente y acompañamiento de las trayectorias, para UPAV el desafío es particularmente interesante porque trabaja mediante modalidades distintas. ¿Cómo se desarrollan aprendizajes complejos en un bachillerato con una fuerte proporción de trabajo autónomo?, ¿Cómo se acompaña a un adolescente que estudia desde una localidad alejada?, ¿Cómo se implementan las transformaciones curriculares en el bachillerato unitario?, ¿Cómo sabemos que el autodidactismo produce autonomía y no termina convirtiéndose en soledad académica?, ¿Cómo se prepara a esos jóvenes para continuar hacia la educación superior? y aquí aparece una ventaja extraordinaria.

UPAV tiene bachillerato y educación superior dentro de la misma institución, eso podría permitir algo que nuestro sistema educativo todavía hace insuficientemente, observar la trayectoria completa. ¿Qué sucede con quienes terminan el bachillerato UPAV? ¿Cuántos continúan estudiando? ¿Cuántos ingresan a la propia Universidad? ¿En qué áreas encuentran mayores dificultades durante el primer año? ¿Qué debería aprender el bachillerato de aquello que sucede después? UPAV podría convertirse así en un laboratorio extraordinario de articulación entre educación media superior y superior.

El Gobierno de Veracruz modificó en 2026 el marco de funcionamiento de UPAV, la institución asumió directamente funciones que antes operaban mediante intermediación, inició la regularización de su personal y estableció nuevos mecanismos de supervisión. El propio Gobierno ha explicado esta intervención como parte de un proceso para fortalecer el orden institucional, la transparencia y la capacidad académica, es una intervención importante y debe reconocerse, pero ahora viene la parte más difícil: convertir el orden institucional en capacidad académica, porque una institución puede tener cuentas ordenadas y seguir sin saber por qué abandonan sus estudiantes, puede regularizar contratos y no construir formación docente, puede actualizar estructuras administrativas sin actualizar programas, puede producir informes sin aprender de ellos, por eso el éxito de la transformación de UPAV no debería medirse solamente por la ausencia futura de irregularidades, debería medirse también por aquello que cambie académicamente. La nueva etapa podría comenzar con una decisión concreta: conocer integralmente las trayectorias de sus estudiantes, no solamente matrícula.

Por municipio, modalidad, edad, generación, bachillerato y licenciatura. Ingreso. Permanencia. Rezago. Abandono. Reingreso. Conclusión. Titulación. Continuidad entre bachillerato y educación superior. Con esa información podría construirse un Sistema UPAV de Trayectorias Educativas, no como otro tablero burocrático, como instrumento de intervención, si una región comienza a presentar abandono, actuar. Si determinada unidad de aprendizaje concentra dificultades, investigar. Si una modalidad obtiene mejores resultados, aprender de ella. Si un profesor desarrolla una estrategia eficaz, documentarla y compartirla. Si estudiantes procedentes de determinados contextos presentan dificultades recurrentes al ingresar a licenciatura, intervenir antes. Eso es capacidad académica.

UPAV posee algo que pocas instituciones educativas tienen: una extraordinaria extensión territorial y una combinación de educación media superior y superior, lo que hoy representa un desafío administrativo podría convertirse en una ventaja académica, la institución puede comparar qué estrategias funcionan en diferentes contextos. Puede estudiar modalidades de acompañamiento. Puede desarrollar sistemas de alerta temprana. Puede experimentar estrategias de permanencia. Puede crear comunidades regionales de profesores. Puede desarrollar materiales para distintos niveles de conectividad. Puede observar directamente la transición entre bachillerato y educación superior, incluso podría ayudar a Veracruz a responder una pregunta que será cada vez más importante: ¿Cómo ofrecer educación media superior y superior pertinente y sostenible en territorios donde la oferta convencional no alcanza? UPAV no debería limitarse a superar una crisis, podría aprender de ella y permitir que todo el sistema educativo veracruzano aprenda también.

Una investigación responsable también debe señalar sus límites, con la información pública localizada no fue posible establecer cuándo conoció formalmente la Junta de Gobierno de UPAV el convenio con EDAL, sus alcances económicos o el detalle de sus operaciones, el apartado específico del portal institucional consultado para las actas de Junta publica documentos hasta 2020, aunque existen comunicaciones oficiales que acreditan sesiones posteriores, tampoco corresponde afirmar que los aproximadamente 280 millones de pesos cuya trazabilidad se investiga constituyan un daño patrimonial acreditado. SEFIPLAN informó que presentó denuncias, corresponde ahora a las autoridades ministeriales investigar los hechos y determinar, en su caso, responsabilidades,también debe distinguirse la actuación de la administración actual: durante 2026 modificó el modelo institucional, asumió directamente la contratación y el pago del personal y llevó los hechos detectados ante las autoridades competentes.

Reconocer esas acciones no elimina una pregunta institucional legítima: ¿Por qué las alertas anteriores no consiguieron producir antes un rediseño capaz de cerrar de manera permanente las vulnerabilidades detectadas? No es una pregunta partidista, es una pregunta sobre la capacidad del Estado para aprender, las instituciones públicas producen enormes cantidades de información: auditorías, observaciones, oficios, actas, recomendaciones, expedientes y evaluaciones, pero acumular documentos no significa aprender, una institución aprende cuando un hallazgo modifica su comportamiento, ese principio vale para una auditoría y vale también para un salón de clases, si detectamos abandono y continuamos haciendo exactamente lo mismo, tuvimos estadística, pero no aprendizaje institucional, si capacitamos profesores y nunca observamos qué cambió en sus estudiantes, tuvimos cursos, pero no necesariamente desarrollo docente, si una auditoría detecta una vulnerabilidad y el mecanismo que la hace posible permanece, hubo fiscalización, pero la organización no cerró el ciclo. Por eso deberíamos insistir: Qué diagnosticaron. Qué hicieron. Qué cambió. Qué aprendieron y qué van a modificar ahora.

Los expedientes seguirán su curso, las fiscalías deberán investigar,os órganos de control tendrán que cumplir sus responsabilidades. UPAV deberá seguir fortaleciendo su transparencia y su gobernanza, pero la comunidad educativa necesita una respuesta adicional: ¿Cuál será la UPAV académica que emergerá después de esta reorganización? ¿Qué cambiará en bachillerato? ¿Qué cambiará en licenciatura? ¿Cómo se actualizarán los programas? ¿Cómo se formará y acompañará a los docentes? ¿Cómo se detectará tempranamente el abandono? ¿Cómo se evaluará el aprendizaje? ¿Cómo se conectará el bachillerato con la educación superior? ¿Cómo participarán estudiantes y profesores en la mejora institucional? y hay una pregunta que debería acompañar cada decisión: ¿Cómo sabremos dentro de tres años que la transformación funcionó? Una institución puede modificar leyes, estructuras, convenios y procedimientos,todo eso importa, pero una transformación educativa sólo se completa cuando el cambio llega al estudiante, cuando encuentra mejores condiciones para aprender, cuando recibe acompañamiento antes de abandoner, cuando sus profesores tienen mejores herramientas, cuando puede continuar al siguiente nivel, cuando concluye, cuando aquello que aprendió amplía sus posibilidades de vida.

UPAV nació para abrir una puerta a quienes tenían menos puertas, hora tiene la oportunidad de demostrar que puede hacer algo todavía más importante: acompañarlos hasta el otro lado, ordenar era necesario, investigar es indispensable, pero después de ordenar e investigar queda la pregunta que desde la educación más importa: ¿Qué va a aprender UPAV de todo esto y qué va a cambiar en sus aulas? Porque de eso, también, tenemos que hablar.