TENEMOS QUE HABLAR. Veracruz necesita saber qué están aprendiendo sus bachilleres
06 de Septiembre de 2026
Faride Osman Flores
TENEMOS QUE HABLAR. Veracruz necesita saber qué están aprendiendo sus bachilleres
Diagnosticar produce información, intervenir puede producir mejoras, pero sólo cuando el sistema observa qué cambió, aprende de ello y modifica sus decisiones podemos hablar de verdadera capacidad académica.
Esta semana, miles de jóvenes comenzaron el bachillerato en Veracruz, muchos de ellos están participando en procesos diagnósticos que buscan responder una pregunta indispensable: ¿con qué aprendizajes llegan desde la educación básica? Dentro de unas semanas tendremos más información, pero la pregunta verdaderamente importante no es cuántos estudiantes respondieron una evaluación. Es otra: ¿qué hará Veracruz con lo que descubra? Porque aplicar una evaluación produce datos, utilizar esos datos para intervenir puede producir mejoras, pero conseguir que lo aprendido en miles de aulas y planteles modifique las decisiones del sistema educativo produce algo bastante más difícil: capacidad académica del Sistema y Veracruz necesita construirla.
Ya no partimos de cero, sería injusto comenzar esta conversación afirmando que en Educación Media Superior no se evalúa, sí se evalúa, para el ciclo 2026-2027, la Evaluación Diagnóstica al Ingreso a la Educación Media Superior, EDIEMS, coordinada desde la Coordinación Sectorial Académica (COSAC) de la Subsecretaría de Educación Media Superior de la SEP, busca valorar los aprendizajes esenciales con los que llegan quienes ingresan al primer año del Bachillerato Nacional y su diseño es más interesante de lo que podría sugerir la expresión “evaluación diagnóstica”, la estrategia contempla una aplicación inicial —Test—, análisis de resultados, identificación de aprendizajes que necesitan fortalecerse, intervención académica y una aplicación posterior —Postest—, en la ruta establecida para planteles de la Dirección General del Bachillerato federal, los resultados deben servir además para elaborar un diagnóstico académico y socioeconómico, identificar estudiantes con riesgo potencial de reprobación o desafiliación temprana y construir una Estrategia de Mejora Educativa, eso cambia completamente la conversación. No podemos decir simplemente: “Hay que diagnosticar”. Ya se diagnostica. Tampoco: “Hay que intervenir”. La intervención ya forma parte de la estrategia.
¿qué aprende Veracruz de aquello que sus planteles diagnostican, hacen y vuelven a observar? Ahí comienza el verdadero desafío, hay además una razón institucional para plantear esta pregunta precisamente ahora, el Plan Veracruzano de Desarrollo 2025-2030 establece entre sus líneas de acción instrumentar un sistema de monitoreo y evaluación del aprovechamiento escolar que permita identificar áreas de oportunidad, realizar intervenciones tempranas, impulsar el logro educativo y reducir brechas de aprendizaje, es decir, no estamos proponiendo una agenda ajena a la planeación del estado. Veracruz ya asumió el compromise, el Programa Veracruzano de Educación Integral, por su parte, incorpora indicadores importantes de trayectoria educativa. En Educación Media Superior, el abandono escolar ocupa un lugar relevante y debe ocuparlo, necesitamos saber cuántos jóvenes entran, cuántos permanecen, cuántos abandonan y cuántos concluyen, pero ninguna de esas cifras responde por sí sola una pregunta elemental: ¿qué están aprendiendo nuestros bachilleres? Podemos aumentar matricula, podemos reducir abandon, podemos mejorar eficiencia terminal, todo eso constituye avance educativo, pero no demuestra automáticamente aprendizaje.
Por eso el siguiente paso no consiste en sustituir esos indicadores, consiste en completar la mirada. Veracruz necesita saber no solamente cuántos jóvenes permanecen en el bachillerato, sino qué ocurre con sus aprendizajes mientras permanecen, tener información no significa todavía aprender de ella, un plantel puede diagnosticar a sus estudiantes, puede identificar dificultades, puede intervenir, puede aplicar nuevamente un instrument, incluso puede mejorar, pero si aquello que aprendió se queda dentro de sus paredes, el sistema estatal no necesariamente aprendió. El control escolar pregunta: ¿qué ocurrió administrativamente con el estudiante? El seguimiento educativo: ¿qué le está ocurriendo y cómo podemos acompañarlo? La evaluación académica: ¿qué está aprendiendo? La evaluación de la intervención: ¿qué cambió después de actuar? El aprendizaje institucional: ¿qué aprendimos de aquello que funcionó y de aquello que no funcionó? Y finalmente la política educativa: ¿qué vamos a modificar a partir de esa evidencia? Ése es el circuito que necesitamos cerrar.
La respuesta más fácil sería anunciar un nuevo programa, crear otra Plataforma, solicitar otro reporte, aplicar otra prueba, yo propondría exactamente lo contrario, antes de pedir una sola captura adicional a un maestro, Veracruz debería preguntarse qué información ya produce, tenemos control escolar, tenemos estadística educative, tenemos evaluación diagnóstica, tenemos resultados académicos, tenemos academias y colectivos docentes, tenemos tutorías y acompañamiento, tenemos experiencias de intervención y tenemos una instancia estatal, la UPECE, cuya propia misión contempla analizar resultados de evaluación y generar información que permita orientar políticas y estrategias educativas, entonces el desafío no parece ser crear otra estructura. El desafío es conectar capacidades que ya existen. Con una precaución importante: conectar información no significa mezclar indiscriminadamente bases de datos, cada instrumento debe conservar su finalidad, los datos personales deben protegerse, una evaluación diagnóstica no debe convertirse en mecanismo de exclusion. los resultados no deberían utilizarse para castigar estudiantes, maestros o escuelas. La información individual sirve para acompañar. La información agregada sirve para aprender como sistema. Son propósitos distintos.
Podríamos llamar VERACRUZ APRENDE no a una nueva prueba, sino a una metodología estatal para cerrar ese circuito: diagnosticar ? contextualizar ? intervenir ? volver a observar ? comparar ? aprender ? decidir ? modificar. Diagnosticar: ¿cómo llegan nuestros estudiantes y qué necesitan fortalecer? Contextualizar: ¿en qué condiciones están aprendiendo? Intervenir: ¿qué hicimos frente a aquello que encontramos? Volver a observar: ¿qué ocurrió después? Comparar: ¿dónde hubo avances, dónde persistieron dificultades y qué patrones aparecen? Aprender: ¿qué estrategias parecen funcionar, para quién y bajo qué condiciones? Decidir: ¿qué implica esa evidencia para las academias, el acompañamiento, la formación docente, los materiales, la organización escolar o la asignación de apoyos? Y finalmente: ¿qué vamos a modificar? Ésa es la pregunta que convierte una evaluación en política educativa.
Hay otra decisión metodológica indispensable, Veracruz no debería interesarse únicamente por el resultado final de cada estudiante o plantel, necesita observar también el progreso, imaginemos dos bachilleratos: uno recibe estudiantes con aprendizajes iniciales muy sólidos y obtiene después resultados igualmente altos, otro recibe jóvenes con rezagos importantes y consigue que avancen considerablemente, aunque al final todavía se encuentren por debajo del primero, si únicamente observamos el resultado final, probablemente diremos que el primer plantel es “mejor”, pero quizá el segundo haya realizado un trabajo académico extraordinario, por eso necesitamos dos preguntas: ¿hasta dónde llegó el estudiante? y ¿desde dónde comenzó y cuánto avanzó? La diferencia es fundamental, también es una forma de justicia educative, porque comparar escuelas sin considerar sus puntos de partida y contextos puede terminar castigando precisamente a quienes trabajan con las poblaciones que enfrentan mayores dificultades.
Éste debe ser otro principio, si VERACRUZ APRENDE termina convertido en una lista pública de “mejores” y “peores” bachilleratos, habremos perdido buena parte de su sentido, la evaluación debe ayudarnos a comprender, no a simplificar, un resultado bajo puede indicar muchas cosas: aprendizajes previos insuficientes, condiciones territoriales, discontinuidades escolares, características de la población atendida, problemas de intervención o una combinación de factores, por eso necesitamos context y necesitamos humildad metodológica, que una escuela mejore después de una intervención no demuestra automáticamente que esa intervención produjo por sí sola el cambio, la evaluación rigurosa debe distinguir aquello que sabemos de aquello que apenas podemos inferior, eso no debilita una política, la hace intelectualmente más seria.
Existe además otro riesgo. Preguntar qué están aprendiendo nuestros bachilleres podría conducirnos a reducir el aprendizaje a aquello que resulta sencillo medir mediante reactivos, sería un error, el Bachillerato Nacional aspira a desarrollar Matemáticas, Lenguaje, Ciencias y pensamiento crítico, pero también formación socioemocional, ciudadanía, cultura digital, participación, autonomía y otras capacidades que no necesariamente pueden observarse de la misma manera, por eso VERACRUZ APRENDE no debería ser un examen gigante, debería ser un sistema de evidencia, algunas capacidades pueden seguirse mediante instrumentos comunes y comparables, otras necesitan proyectos, productos, resolución de problemas, desempeño, evidencias auténticas y juicio profesional docente. El objetivo no debe ser medir todo de la misma manera, debe ser comprender suficientemente bien el aprendizaje como para mejorarlo, ni siquiera tendríamos que buscar todas las referencias fuera del país.
En Educación Básica, los Ejercicios Integradores del Aprendizaje 2026-2027 están desarrollando una lógica interesante: tareas contextualizadas, rúbricas, reportes por grupo y grado y utilización de resultados por colectivos docentes para identificar oportunidades y ajustar intervenciones, Veracruz, a través de UPECE, ya ha participado en procesos de evaluación inicial que generan reportes destinados a orientar planeación, retroalimentación y mejora, no significa que ese modelo deba trasladarse mecánicamente al bachillerato, Media Superior tiene otra estructura, otros subsistemas, otras edades y otro curriculum, pero sí demuestra algo importante: Veracruz no necesita descubrir desde cero cómo convertir una evaluación en información pedagógica, ya existe experiencia, el reto es construir una capacidad equivalente, adecuada a la complejidad de la Educación Media Superior.
Aquí la propuesta encuentra uno de sus mayores desafíos, cuando decimos “los bachilleres de Veracruz” hablamos en realidad de un universo institucional diverso. Hay bachilleratos estatales, organismos descentralizados, servicios federales, telebachilleratos, educación tecnológica y planteles particulares incorporados, entre otras modalidades y no todos necesariamente operan los mismos instrumentos mediante exactamente la misma ruta, por eso tampoco podemos asumir, sin demostrarlo, que EDIEMS nos ofrece hoy una fotografía censal y perfectamente comparable de toda la Educación Media Superior del estado. Ésta debería ser la primera tarea: mapear qué estamos midiendo ¿Qué subsistemas participan? ¿Cuántos planteles? ¿Cuántos estudiantes? ¿Con qué instrumentos? ¿En qué fechas? ¿Qué resultados reciben? ¿Qué información llega al subsistema? ¿Qué información llega a la autoridad estatal? ¿Y qué tan comparable es? Antes de construir un gran indicador necesitamos saber qué universo representa.
Conocer el aprendizaje no significa aplicar más exámenes, las experiencias internacionales más interesantes apuntan precisamente en otra dirección. Finlandia utiliza evaluaciones muestrales para conocer el comportamiento del sistema y devolver información útil para la mejora; Gales ha avanzado hacia un ecosistema que combina distintas fuentes y parte de un principio elemental: ningún indicador aislado puede definir el éxito educativo. Veracruz puede aprender de ambos sin copiar ninguno, cuando necesitamos identificar dificultades para intervenir con un estudiante o un grupo, requerimos información cercana, oportuna y suficientemente detallada. Pero cuando queremos responder preguntas sobre todo el sistema educativo, no necesariamente necesitamos examinar permanentemente a todos, una muestra técnicamente sólida puede permitirnos conocer tendencias, comparar progresos, estudiar brechas y evaluar determinadas políticas sin aumentar innecesariamente la carga sobre estudiantes y docentes.
¿Qué podría hacer Veracruz desde este mismo ciclo? Aquí es donde VERACRUZ APRENDE debe dejar de ser una buena idea y convertirse en una propuesta verificable, no propondría crear una nueva dependencia, tampoco una plataforma adicional, Veracruz ya cuenta con una estructura responsable de evaluación y planeación. La UPECE tiene entre sus atribuciones analizar resultados y generar información que contribuya a orientar estrategias educativas, pero evaluar los aprendizajes de la Educación Media Superior no puede convertirse exclusivamente en una tarea estadística, la conducción tendría que ser académica, la Subsecretaría de Educación Media Superior y Superior, los distintos subsistemas y la UPECE podrían construir durante 2026-2027 un circuito común de aprendizaje institucional y podría comenzar con cinco decisiones concretas.
1. Saber exactamente qué estamos midiendo
Antes de publicar cualquier promedio estatal, Veracruz necesita construir un mapa de cobertura ¿Qué subsistemas están aplicando EDIEMS? ¿Qué planteles participan? ¿Cuántos estudiantes representan? ¿Participan los distintos sostenimientos y modalidades? ¿Qué ocurre con los planteles particulares incorporados? ¿Qué instrumentos utilizan quienes no participan? ¿Los resultados son técnicamente comparables? Parece una tarea elemental, no lo es, sin conocer el universo de información disponible, cualquier cifra presentada como “resultado de Veracruz” puede producir una conclusión incorrecta. El primer producto de VERACRUZ APRENDE podría ser precisamente un Mapa Estatal de Evidencias de Aprendizaje en Educación Media Superior, no requiere evaluar nuevamente a nadie. Requiere saber qué información ya tenemos.
2. Construir una radiografía académica de quienes ingresaron
Una vez conocida la cobertura y sus límites, Veracruz podría integrar los resultados disponibles del diagnóstico de ingreso, no para elaborar un ranking de planteles, para responder preguntas estatales. ¿Con qué fortalezas llegan nuestros estudiantes? ¿Dónde aparecen las principales dificultades? ¿Existen patrones territoriales? ¿Cambian entre modalidades o subsistemas? ¿Hay aprendizajes que recurrentemente necesitan fortalecimiento? Cuando la información no sea comparable, habrá que decirlo, eso también es rigor. El producto podría ser una primera Radiografía de ingreso a la EMS Veracruz 2026 y tendría un destinatario adicional que no debemos olvidar: la educación secundaria. Porque si identificamos sistemáticamente determinados aprendizajes que necesitan fortalecerse al llegar al bachillerato, esa información debe regresar al nivel anterior, no para señalar culpables, para construir continuidad educativa.
3. Preguntar qué hizo cada plantel después del diagnóstico
Éste es el paso que suele perderse. No basta saber que determinada proporción de estudiantes presentó dificultades. Necesitamos saber qué hicimos, no mediante otro informe burocrático de veinte páginas, podrían identificarse categorías simples de intervención: fortalecimiento académico; trabajo colegiado; tutoría; acompañamiento individual; materiales específicos; estrategias didácticas; curso propedéutico; intervenciones socioemocionales; o combinaciones de ellas. La pregunta no sería: ¿cumplió el plantel? Sería: ¿qué estrategia utilizó frente al problema que encontró? Eso permitiría empezar a relacionar necesidad, intervención y resultado.
4. Volver a observar y buscar progreso
Cuando exista una segunda medición comparable, la pregunta no debe limitarse al promedio obtenido. Necesitamos observar progreso ¿Desde dónde comenzaron y cuánto avanzaron? Esto permite reconocer el trabajo académico de planteles que reciben estudiantes con condiciones de partida muy distintas, también permitiría identificar experiencias particularmente interesantes, si varios planteles reciben poblaciones semejantes y algunos consiguen progresos significativamente mayores, no deberíamos correr a premiarlos ni a convertirlos en “escuelas modelo”, deberíamos estudiarlos ¿Qué hicieron? ¿Cómo organizaron sus academias? ¿Qué intervención desarrollaron? ¿Qué materiales utilizaron? ¿Cómo acompañaron a los estudiantes? ¿Qué puede aprender el resto del sistema de esa experiencia? Ahí comienza la verdadera transferencia de conocimiento entre escuelas.
5. Conseguir que el resultado llegue a una decisión
Éste es el paso decisive, al terminar el ciclo, la SEV debería poder presentar no solamente resultados. Debería presentar decisions, si una dificultad aparece recurrentemente en Matemáticas, ¿qué cambiaremos en formación y acompañamiento docente? Si encontramos problemas persistentes de comprensión y comunicación, ¿qué intervención se fortalecerá? Si determinados contextos muestran brechas mayores, ¿qué apoyo diferenciado recibirán? Si una estrategia produjo resultados prometedores, ¿cómo la estudiaremos y adaptaremos? Si otra no produjo cambios, ¿qué vamos a dejar de hacer?
VERACRUZ APRENDE podría demostrar su utilidad sin esperar años, durante 2026-2027 podríamos tener tres productos públicos, breves y académicamente sólidos:
Primer producto: Mapa Estatal de Evidencias de Aprendizaje en EMS. Qué se evalúa, quién participa, qué información existe y qué tan comparable es.
Segundo producto: Radiografía de ingreso EMS Veracruz 2026. Qué sabemos —y qué todavía no podemos afirmar— sobre los aprendizajes con los que llegan nuestros jóvenes.
Tercer producto: Informe VERACRUZ APRENDE 2026-2027. Qué diagnosticamos. Qué intervenciones realizamos. Qué cambió. Qué aprendimos. Y, especialmente: qué vamos a modificar para 2027-2028.
Porque sólo entonces sabremos si Veracruz realmente aprendió, hay una posibilidad todavía mayor, EDIEMS nos permite observar aprendizajes con los que los jóvenes llegan desde educación básica, si durante varias generaciones encontramos dificultades recurrentes, esa información no debería quedarse exclusivamente en bachillerato, debe regresar a secundaria, no para señalar culpables, para aprender ¿Qué capacidades necesitan fortalecerse antes de la transición? ¿Qué información podría ayudar a los docentes de tercer grado de secundaria? ¿Qué estamos descubriendo cuando esos estudiantes llegan al bachillerato? y lo mismo debería ocurrir hacia adelante. ¿Qué necesitan saber las instituciones de Educación Superior sobre los aprendizajes y dificultades con los que egresan nuestros bachilleres? El sistema educativo no debería funcionar como una carrera de relevos en la que cada nivel entrega al estudiante y deja de mirar lo que ocurrió después.
Una evaluación verdaderamente útil devuelve información hacia atrás y produce decisiones hacia adelante. Ahí comenzaríamos a hablar realmente de trayectorias. Veracruz tiene escuelas que evalúan, tiene docentes que intervienen, tiene academias que trabajan, tiene estadísticas, tiene control escolar, tiene diagnósticos, tiene una estructura estatal de evaluación y tiene ahora un Plan Veracruzano de Desarrollo que se comprometió a monitorear el aprovechamiento, intervenir tempranamente y reducir brechas de aprendizaje, hay actividad académica, la pregunta es si podemos convertirla en capacidad académica del Sistema y la diferencia es enorme. Un sistema con actividad realiza muchas acciones, un sistema con capacidad puede responder: ¿qué diagnosticamos? ¿qué hicimos? ¿qué cambió? ¿qué aprendimos? ¿qué vamos a modificar? Ésa debería ser nuestra exigencia, no pedir otra prueba, no pedir otra Plataforma, no pedir otro reporte, pedir algo mucho más difícil: conseguir que Veracruz aprenda de lo que ya diagnostica, interviene y mide, porque durante años hemos preguntado cuántos jóvenes entran al bachillerato, cuántos permanecen y cuántos concluyen, enemos que seguir preguntándolo, pero ya no es suficiente, necesitamos saber con qué aprendizajes llegan, qué ocurre mientras están con nosotros, cuánto avanzan, qué intervenciones funcionan, cuáles no y qué decisiones toma el sistema cuando lo descubre.
Evaluar no es aplicar un examen, mMedir no es aprender y acumular información no significa utilizarla, un sistema educativo demuestra verdadera capacidad académica cuando convierte evidencia en mejores decisiones y después vuelve a mirar para saber si esas decisiones funcionaron. Veracruz necesita saber qué están aprendiendo sus bachilleres, pero, sobre todo, necesita demostrar qué está aprendiendo Veracruz de sus bachilleres. De eso, tenemos que hablar.
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