FALANGES
Luis Adalberto Maury Cruz

La permanencia de la guerra multidimensional y la competencia estratégica en un mundo multipolar (1/3)

05 de Agosto de 2026

Luis Adalberto Maury Cruz


FALANGES: La permanencia de la guerra multidimensional y la competencia estratégica en un mundo multipolar (1/3)

Luis Adalberto Maury Cruz
lmaury_cruz@hotmail.com

La guerra del siglo XXI ya no comienza necesariamente con un disparo. Puede iniciarse mediante una sanción financiera, un bloqueo tecnológico, un ataque cibernético o una disputa por el control de los semiconductores que impulsan la inteligencia artificial. Esta realidad refleja una transformación profunda del sistema internacional y de los mecanismos mediante los cuales los Estados ejercen, disputan y preservan el poder. A diferencia del orden surgido después de la Segunda Guerra Mundial o de la estructura bipolar característica de la Guerra Fría, el escenario contemporáneo se define por la convergencia de dimensiones militares, tecnológicas, económicas, financieras, energéticas, industriales, informacionales y cognitivas que operan como un sistema integrado de competencia estratégica permanente.
Esta transformación ha modificado la naturaleza del conflicto. La guerra dejó de ser un acontecimiento excepcional limitado al enfrentamiento militar directo para convertirse en un proceso continuo de confrontación multidimensional. La competencia entre grandes potencias ya no se desarrolla exclusivamente en los campos de batalla, sino también en los mercados financieros, las cadenas globales de suministro, las infraestructuras digitales, el desarrollo de inteligencia artificial, el control de recursos energéticos y los espacios de construcción narrativa orientados a influir en percepciones, decisiones políticas y comportamientos sociales.
El sistema internacional contemporáneo se caracteriza por la permanencia de una guerra multidimensional, entendida como una forma de competencia estratégica en la que las operaciones militares convergen con instrumentos económicos, financieros, jurídicos, tecnológicos, culturales, informacionales y psicológicos. Su objetivo no consiste únicamente en derrotar militarmente al adversario, sino en limitar sus capacidades integrales, reducir su autonomía estratégica y modificar su posición relativa dentro del sistema internacional.
La guerra multidimensional puede definirse como la militarización estratégica de ámbitos tradicionalmente civiles. Bajo este paradigma, la economía, las finanzas, la tecnología, la energía, la información, la cultura, el derecho y las comunicaciones dejan de ser espacios exclusivamente destinados al desarrollo y la cooperación para convertirse en dominios de competencia estratégica. En ellos, los Estados emplean instrumentos de coerción, influencia y control con el propósito de fortalecer sus propias capacidades, reducir las del adversario y ampliar su margen de autonomía dentro del sistema internacional.
Esta confrontación puede desarrollarse sin una declaración formal de guerra mediante sanciones económicas, restricciones tecnológicas, disputas jurídicas, operaciones de influencia, control de recursos estratégicos y construcción de narrativas políticas. La guerra multidimensional constituye así una condición permanente de competencia entre actores estatales y no estatales, donde las fronteras entre seguridad, economía, tecnología e información se vuelven progresivamente más difusas.
Desde esta perspectiva, los conflictos de Ucrania, Gaza, Irán, Taiwán y el mar de China Meridional no deben interpretarse como crisis aisladas, sino como manifestaciones de una misma dinámica histórica: la transición desde un sistema predominantemente unipolar hacia una estructura crecientemente multipolar, en la que Estados Unidos, China, Rusia y diversas potencias regionales compiten por definir las reglas del orden internacional.
Los acontecimientos observados hasta agosto de 2026 —la prolongación de la guerra en Ucrania, las tensiones entre Washington, Israel y Teherán, la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China, el fortalecimiento de mecanismos como los BRICS y la reorganización de las cadenas productivas globales— evidencian una transformación estructural del sistema internacional. La competencia global ya no puede explicarse mediante categorías propias de la Guerra Fría, sino a través de un enfoque que integre dimensiones militares, económicas, tecnológicas, energéticas e informacionales.
Los indicadores militares globales confirman esta transformación. El gasto militar mundial alcanzó aproximadamente 2,4 billones de dólares en 2023, según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), reflejando una modernización acelerada basada en drones, inteligencia artificial aplicada al combate, sistemas espaciales, guerra electrónica y capacidades cibernéticas. La guerra en Ucrania constituye un ejemplo paradigmático al combinar operaciones convencionales con competencia industrial, económica, tecnológica e informacional.
En consecuencia, la humanidad no enfrenta conflictos independientes, sino la consolidación de una guerra multidimensional permanente característica de la época contemporánea. En ella, la disputa estratégica busca afectar simultáneamente las capacidades económicas, tecnológicas, industriales, financieras, energéticas, diplomáticas, culturales y psicológicas del adversario, determinando su posición dentro del sistema internacional.
La guerra multidimensional como paradigma estratégico
de la Tercera Modernidad
La evolución del poder internacional durante el siglo XXI ha modificado la naturaleza de los conflictos. Las guerras convencionales continúan presentes, pero han dejado de constituir el único instrumento mediante el cual las potencias buscan alcanzar objetivos estratégicos. Actualmente, las operaciones militares se combinan con sanciones económicas y financieras, competencia tecnológica, presión diplomática, ciberoperaciones, inteligencia artificial, manipulación informativa y control de recursos críticos, configurando un escenario donde la confrontación supera los límites tradicionales del campo de batalla.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) define la guerra híbrida como la combinación coordinada de medios convencionales y no convencionales, incluidos operaciones militares, desinformación, sabotaje, ciberataques y coerción económica. Sin embargo, la guerra multidimensional amplía este enfoque al incorporar la transformación de ámbitos económicos, financieros, tecnológicos, energéticos, jurídicos, culturales e informacionales en instrumentos estratégicos destinados a fortalecer posiciones propias y limitar las capacidades del adversario.
En la Tercera Modernidad, que es una época multipolar, la guerra debe comprenderse como un fenómeno multidominio en el que las capacidades militares interactúan con factores industriales, tecnológicos, económicos y psicológicos. La fuerza militar conserva un papel central; no obstante, la capacidad para desarrollar inteligencia artificial, producir semiconductores avanzados, controlar minerales críticos, proteger infraestructuras digitales, garantizar seguridad energética y gestionar flujos de información se convierte en un componente esencial del poder estratégico.
La competencia contemporánea no enfrenta únicamente ejércitos, sino también modelos económicos, culturales, sistemas financieros, ecosistemas tecnológicos, capacidades industriales y estructuras políticas. El poder internacional depende tanto de recursos materiales como de la capacidad para influir sobre percepciones, valores y preferencias. En este sentido, el soft power se integra con capacidades económicas, tecnológicas y militares para conformar una forma de poder integral.
La transformación descrita explica por qué conflictos regionales producen efectos globales. Una guerra en Europa Oriental altera los mercados energéticos y alimentarios; las tensiones en el estrecho de Ormuz repercuten en los mercados petroleros; la disputa por Taiwán condiciona la producción mundial de semiconductores; y los ataques contra infraestructuras digitales pueden afectar sistemas financieros, logísticos y productivos internacionales. Los conflictos actuales funcionan como espacios interconectados dentro de una competencia estratégica global.
Mientras las guerras del siglo XX estaban delimitadas principalmente por declaraciones formales de hostilidades y acuerdos de paz, la competencia estratégica contemporánea se desarrolla de manera continua. Las sanciones económicas, las restricciones tecnológicas, las campañas de influencia, las disputas comerciales y la competencia por establecer estándares tecnológicos constituyen formas permanentes de confrontación cuya intensidad puede variar, pero cuya lógica estratégica permanece activa.
Por ello, la paz contemporánea deja de representar una ausencia absoluta de conflicto y se transforma en una situación de competencia permanente administrada mediante múltiples instrumentos. La confrontación militar constituye únicamente una de sus expresiones; junto a ella operan dimensiones económicas, tecnológicas, jurídicas, informacionales y psicológicas que determinan la posición relativa de los actores dentro del sistema internacional.
La competencia estratégica y la dinámica internacional
La integración de estas dimensiones permite comprender que la guerra multidimensional no constituye un fenómeno aislado, sino la expresión concreta de una dinámica más amplia: la competencia estratégica que estructura las relaciones internacionales contemporáneas. Mientras la guerra multidimensional explica los dominios y mecanismos mediante los cuales se desarrolla la confrontación, la competencia estratégica permite comprender la lógica de rivalidad permanente entre actores que buscan preservar ventajas, ampliar su influencia y fortalecer su autonomía.
La competencia estratégica constituye la dinámica central del sistema internacional actual, mediante la cual las grandes potencias y los actores relevantes disputan influencia y ventajas relativas a través de la integración de capacidades militares, económicas, tecnológicas, energéticas, financieras e informacionales. En el contexto multipolar del siglo XXI, esta competencia se desarrolla de manera permanente y multidimensional, donde la superioridad ya no depende exclusivamente de la fuerza militar, sino de la capacidad de los Estados para movilizar, proteger y articular sus recursos estratégicos.
Desde esta perspectiva, la guerra multidimensional representa la expresión operativa de la competencia estratégica al trasladar la disputa por el poder hacia múltiples dominios donde interactúan instrumentos militares y no militares. Mientras la competencia estratégica define la estructura de rivalidad que organiza el sistema internacional, la guerra multidimensional expresa las formas concretas mediante las cuales los actores buscan ampliar capacidades, reducir vulnerabilidades y modificar los equilibrios de poder.
En consecuencia, la permanencia de la guerra multidimensional refleja una transformación estructural del orden internacional. La expansión de la competencia hacia los ámbitos tecnológico, económico, financiero, energético e informacional evidencia una redistribución progresiva del poder global, en la que diversos actores buscan fortalecer su autonomía estratégica y ampliar sus márgenes de influencia dentro de un sistema internacional cada vez más complejo y competitivo.
La guerra multidimensional como categoría integradora de la competencia estratégica
La comprensión de la dinámica internacional contemporánea requiere asumir que la guerra multidimensional constituye la expresión material de la competencia estratégica y no un fenómeno independiente dentro del conjunto de conflictos actuales. Mientras la competencia estratégica define la lógica permanente mediante la cual los actores buscan preservar ventajas, ampliar influencia y fortalecer su autonomía dentro de un orden multipolar, la guerra multidimensional representa la forma operacional en que dicha rivalidad se desarrolla mediante la integración de múltiples dominios de poder.
Su característica esencial radica en la militarización estratégica de ámbitos tradicionalmente civiles, donde la economía, las finanzas, la tecnología, la energía, la industria, el derecho, la información, la cultura y la dimensión cognitiva se convierten en instrumentos de competencia capaces de generar ventajas, imponer restricciones y modificar los equilibrios de poder. La confrontación contemporánea trasciende así el ámbito estrictamente militar para extenderse hacia todos aquellos espacios donde se producen capacidades, dependencias y vulnerabilidades estratégicas.
Desde esta perspectiva, la guerra multidimensional funciona como una categoría integradora que articula los principales enfoques desarrollados para explicar la transformación del conflicto. La guerra híbrida permite comprender la combinación de medios convencionales y no convencionales (Hoffman, 2007); las zonas grises explican la competencia sostenida por debajo del umbral de la guerra abierta; la guerra irrestricta incorpora la idea de que cualquier ámbito susceptible de generar ventajas puede convertirse en un instrumento estratégico (Liang & Xiangsui, 1999); y la guerra mental, desde determinadas perspectivas filosóficas y doctrinas militares contemporáneas, amplía la confrontación hacia la conciencia, la voluntad, los valores, las percepciones y la capacidad de decisión de individuos y sociedades, no solo a lo cognitivo.
La guerra mental supera la noción limitada de guerra cognitiva centrada exclusivamente en los procesos de información y percepción, al incorporar la disputa profunda por la interpretación de la realidad, la orientación de la voluntad colectiva y la configuración de decisiones estratégicas. De esta manera, estas expresiones no constituyen fenómenos aislados, sino dimensiones convergentes de una misma transformación del conflicto, donde la disputa por el poder se extiende hacia todos los ámbitos capaces de generar capacidades estratégicas.
En consecuencia, la guerra multidimensional permite superar la separación tradicional entre guerra, política, economía, tecnología e información, al demostrar que el conflicto contemporáneo opera como un sistema integrado de competencia permanente. En la Tercera Modernidad, la superioridad estratégica no depende exclusivamente de la fuerza militar, sino de la capacidad para articular recursos industriales, tecnológicos, financieros, energéticos, informacionales y humanos dentro de una estrategia coherente (Mearsheimer, 2014; Walt, 2018).
Por ello, la guerra multidimensional representa el tránsito desde la rivalidad estructural entre actores hacia la aplicación coordinada de instrumentos destinados a fortalecer capacidades propias, reducir vulnerabilidades y modificar la posición relativa de los adversarios dentro del sistema internacional. Como materialización de la competencia estratégica, constituye una categoría fundamental para comprender la naturaleza del conflicto en un mundo multipolar, donde la disputa por el poder se desarrolla en todos los espacios capaces de generar ventajas estratégicas.
Algunas conclusiones
La guerra multidimensional constituye la expresión estructural de un sistema internacional en el que la competencia estratégica ha superado los límites tradicionales del enfrentamiento militar. En el siglo XXI, la superioridad depende de la capacidad de integrar recursos militares, culturales, económicos, tecnológicos, financieros, energéticos e informacionales dentro de una disputa permanente por influencia, autonomía y posición relativa en el orden internacional.
La multipolaridad no elimina la conflictividad; por el contrario, transforma sus dinámicas, actores y escenarios. La redistribución del poder global ha generado un entorno en el que diversas potencias y actores regionales poseen capacidades suficientes para disputar influencia, establecer alianzas y modificar equilibrios existentes. En este contexto, los conflictos regionales adquieren una dimensión sistémica debido a sus efectos sobre cadenas de suministro, tecnologías críticas, mercados energéticos y estructuras geopolíticas de alcance global.
La autonomía estratégica en el siglo XXI dependerá de la capacidad de los Estados para desarrollar y articular capacidades integrales, así como para reducir dependencias críticas en sectores fundamentales. La innovación tecnológica, la seguridad energética, la fortaleza industrial, la resiliencia financiera y la capacidad de gestionar la información constituyen componentes esenciales del poder contemporáneo. Los actores capaces de integrar estos elementos estarán mejor posicionados para preservar su soberanía, adaptarse a la competencia estratégica y ejercer influencia dentro del orden internacional emergente.
La permanencia de la guerra multidimensional refleja, por tanto, una transformación profunda de la naturaleza del poder y del conflicto. La disputa internacional ya no se limita al control territorial o a la superioridad militar convencional, sino que incorpora la capacidad de producir conocimiento, dominar tecnologías críticas, garantizar autonomía económica y orientar percepciones colectivas. En este nuevo escenario, el poder estratégico surge de la articulación de múltiples capacidades que permiten resistir presiones externas, generar ventajas competitivas y proyectar influencia.
La comprensión de esta nueva realidad exige abandonar enfoques exclusivamente militares o económicos para adoptar una visión integral del conflicto contemporáneo. La guerra multidimensional y la competencia estratégica representan dos dimensiones inseparables de un mismo proceso histórico: la reorganización del sistema internacional hacia una estructura multipolar donde la rivalidad entre actores se desarrolla de manera permanente en todos aquellos espacios capaces de generar poder.

Referencias
Hoffman, F. G. (2007). Conflict in the 21st century: The rise of hybrid wars. Potomac Institute for Policy Studies.
Liang, Q., & Xiangsui, W. (1999). Unrestricted warfare: China’s master plan to destroy America. PLA Literature and Arts Publishing House.
Mearsheimer, J. J. (2014). The tragedy of great power politics (Updated ed.). W. W. Norton & Company.
North Atlantic Treaty Organization. (2023). NATO’s approach to countering hybrid threats. NATO.
Stockholm International Peace Research Institute. (2024). Trends in world military expenditure 2023. SIPRI.
Walt, S. M. (2018). The hell of good intentions: America’s foreign policy elite and the decline of U.S. primacy. Farrar, Straus and Giroux.