Estrategia, comunicación y gobernanza
Irma Chesty

El error más caro de la comunicación política

14 de Julio de 2026

Irma Chesty


El error más caro de la comunicación política
Por Dra. Irma Chesty Viveros
El evento terminó.
El funcionario ya cortó el listón. Saludó a los invitados, estrechó manos, sonrió para la prensa.
Ahora empieza lo verdaderamente importante: ¿Ya está la foto que vamos a mandar a todos los medios?
En ese instante, que a veces se desconoce, comienza el ritual de muchas oficinas de comunicación gubernamental. Alguien revisa que el funcionario salga muy bien en la foto. Otro corrige la iluminación. Se elige la imagen donde nadie aparece distraído o con un celular en mano, donde la corbata está en su lugar y el fondo luzca impecable. Después se redacta el boletín, se envía a los medios, se publica en redes sociales y el equipo termina satisfecho: misión cumplida.
Pero hay una pregunta que en la mayoría de las ocasiones no se hacen, la única que considero realmente importa.
¿Qué queremos que recuerde la ciudadanía mañana?
Porque comunicar nunca ha sido solo llenar espacios en periódicos, redes sociales, páginas informativas, comunicar es ocupar un espacio en la memoria de los ciudadanos.
Ahí es donde comienza un error muy caro de la comunicación política.
Durante décadas, gobiernos y partidos han confundido difusión con comunicación. Se asume que boletín más fotografía equivale a haber informado y, por tanto, a haber comunicado. Sin embargo, la mayoría de esos boletines sólo circula dentro del llamado círculo rojo: periodistas, analistas, adversarios políticos y funcionarios. Personas que, por razones profesionales, estan interesadas en el tema.
El ciudadano común rara vez los lee, es más, en muhas ocasiones hasta desconocen a los funcionarios. Y cuando se da la oportunidad de leer esas notas, suele encontrar un lenguaje que difícilmente forma parte de su vida cotidiana: metros cuadrados pavimentados, número de luminarias instaladas, porcentajes de avance, de que ramo salío el recurso invertido. Definitivamente son datos necesarios para la rendición de cuentas, pero resultan insuficientes para construir una conexión con la ciudadanía.
Nos tiene que quedar muy claro que informar no es lo mismo que comunicar estratégicamente.
Comprender esa diferencia es transitar por una línea muy delgada, pero te ayuda a entender el ejercicio público.
Informar consiste en registrar que algo ocurrió.
La comunicación estratégica consiste en darle significado a ese hecho.
Documentar acciones no es lo mismo que construir percepción. Y ahí es donde el gobernante se pierde, porque solo ve en los reportes que le presentan que salió en todos los medios, pero estar en todos los medios significa realmente que te vean, que conectes con la ciudadanía.
Una fotografía demuestra presencia.
Una narrativa construye reputación.
George Lakoff ha explicado durante años que las personas no interpretamos la realidad únicamente a partir de datos, sino mediante marcos mentales: estructuras que organizan la forma en que entendemos el mundo. Por eso, los hechos importan, pero el significado que adquieren importa todavía más. La política suele obsesionarse con producir información cuando, en realidad, la verdadera disputa ocurre en el terreno de los significados.
Un dato vive un día.
Un marco mental puede permanecer durante años.
Por eso la comunicación estratégica no compite por el encabezado de mañana. Compite por el lugar que un gobierno ocupará en la memoria colectiva dentro de seis meses, de un año o al concluir una administración. Y ese lugar no se conquista con una fotografía bien iluminada, sino con una narrativa consistente, coherente y reconocible.
Ahí aparece el eslabón que tantas oficinas de comunicación siguen dejando vacío.
Traducir la obra pública a la vida privada.
Nadie sale de su casa pensando en tres mil quinientos metros cuadrados de pavimento.
Lo que recuerda es que ahora tarda diez minutos menos en llevar a sus hijos a la escuela.
Nadie celebra ciento veinte luminarias nuevas.
Celebra regresar del trabajo sin sentir miedo.
Nadie presume una inversión de veinte millones de pesos.
Presume que el negocio de la esquina volvió a tener clientes porque la calle dejó de ser intransitable.
Los gobiernos hablan de infraestructura.
Las personas hablan de tranquilidad, de tiempo, de oportunidades, de seguridad y de esperanza.
Ahí ocurre la comunicación.
El problema no es la falta de talento de quienes trabajan en las áreas de comunicación. Es la lógica bajo la que muchas de ellas siguen operando.
Se mide cuántos boletines se emitieron.
Cuántas entrevistas se consiguieron.
Cuántas notas aparecieron en los medios.
Cuántos impactos tuvieron las publicaciones.
Pero casi nunca se mide qué cambió en la percepción ciudadana.
Se administra la agenda del día.
No se construye la narrativa de un gobierno.
Y cuando estalla una crisis, la comunicación termina funcionando como un cuerpo de bomberos: apaga incendios, responde ataques, improvisa mensajes. Lo urgente desplaza sistemáticamente a lo importante.
Hacer comunicación estratégica implica exactamente lo contrario.
Significa definir un mensaje central y sostenerlo con disciplina. Significa que cada acción, cada discurso y cada contenido refuercen una misma idea de gobierno. Significa hablar el idioma de la vida cotidiana y no únicamente el de los informes técnicos. Significa comprender que las emociones no son un recurso de manipulación, sino el puente natural mediante el cual las personas otorgan sentido a la realidad.
Los datos siguen siendo indispensables.
La transparencia sigue siendo irrenunciable.
Pero los datos, por sí solos, rara vez construyen confianza.
Necesitan contexto.
Necesitan significado.
Necesitan una historia que permita a las personas reconocerse en ellos.
Porque una fotografía puede registrar un momento.
Un boletín puede llenar una página.
Pero sólo una narrativa consistente logra cambiar la forma en que una comunidad recuerda a un gobierno.
Al final, la memoria pública no archiva boletines.
Archiva historias.
Y los gobiernos que no entienden esa diferencia suelen descubrir demasiado tarde que hicieron muchas obras… pero nunca construyeron el significado que les habría permitido permanecer en la memoria de la gente.