FALANGES
Luis Adalberto Maury Cruz

La inteligencia artificial: entre soberanía, poder tecnológico y dignidad humana

18 de Junio de 2026

Luis Adalberto Maury Cruz


FALANGES: La inteligencia artificial: entre soberanía, poder tecnológico y dignidad humana

Luis Adalberto Maury Cruz
lmaury_cruz@hotmail.com

La Tercera Modernidad no puede comprenderse sin la inteligencia artificial (IA), pues ésta ha dejado de ser una innovación meramente técnica para convertirse en un factor decisivo de reorganización del poder económico, político, militar y civilizatorio del siglo XXI.
La IA, junto con los datos, los semiconductores, la computación avanzada, la robótica y las telecomunicaciones, emerge como infraestructura crítica de soberanía y competencia global, comparable al control de recursos estratégicos en otras épocas históricas. Surge entonces una pregunta central: ¿la IA es un producto público o privado?
Sobre la inteligencia artificial
La IA es un conjunto de sistemas computacionales capaces de realizar tareas asociadas con capacidades humanas —aprendizaje, lenguaje, reconocimiento de patrones y toma de decisiones— mediante algoritmos y grandes volúmenes de datos. No “piensa” como un ser humano; procesa información estadísticamente para generar respuestas, inferencias o predicciones.
En el ámbito económico-financiero, impulsa una nueva revolución industrial basada en automatización, plataformas digitales y análisis masivo de datos, incrementando productividad, pero también riesgos de concentración oligopólica, desplazamiento laboral y dependencia tecnológica, particularmente en economías periféricas.
En la dimensión militar y geopolítica, la supremacía contemporánea depende crecientemente de la integración entre IA, ciberguerra, vigilancia, satélites, sistemas autónomos y minería de datos, expresando una disputa por soberanía tecnológica y liderazgo estratégico global.
Desde una perspectiva antropológica y ética, la IA transforma subjetividad, identidad y relaciones humanas, planteando dilemas sobre vigilancia, control algorítmico y transhumanismo. La cuestión de fondo no es solo tecnológica, sino civilizatoria: si estas tecnologías fortalecerán la dignidad humana o profundizarán nuevas formas de dominación.
En síntesis, la IA constituye una tecnología estratégica que reconfigura economía, guerra, política y vida social, consolidándose como uno de los principales factores de poder de esta Tercera Modernidad.
Bernie Sanders y la inteligencia artificial
En The Public Should Own Half of the Big A.I. Companies (“El público debería poseer la mitad de las grandes compañías de IA”), ensayo publicado el 1 de junio de 2026 en The New York Times, Bernie Sanders sostiene que la IA será una tecnología transformadora comparable a las grandes revoluciones industriales, aunque existe el riesgo de que sus beneficios económicos y políticos queden concentrados en una pequeña élite tecnológica.
Sanders formula una pregunta decisiva: ¿quién controlará el futuro generado por la IA y quién se beneficiará de él? Su propuesta consiste en crear un fondo soberano mediante el cual el pueblo estadounidense tendría una participación significativa —aproximadamente del 50 %— en las principales empresas de IA, con el propósito de redistribuir socialmente las ganancias derivadas de la automatización y la productividad tecnológica.
El senador argumenta que la IA no surge “de la nada”, sino del conocimiento colectivo acumulado —libros, arte, periodismo, investigación científica, lenguaje y datos sociales—; por ello, sus beneficios deberían poseer también una dimensión pública.
La inteligencia artificial entre lo público y lo privado
En columnas de Falanges se ha sostenido que la disputa tecnológica del siglo XXI es simultáneamente geopolítica, económica y civilizatoria. The Technological Republic de Alexander Karp y Nicholas Zamiska, Zero to One de Peter Thiel y Blake Masters, así como la encíclica Magnifica Humanitas de León XIV representan perspectivas complementarias sobre el futuro tecnológico y la IA: soberanía, innovación y dignidad humana (Karp, 2025; Thiel, 2014; León XIV, 2026). Sanders, por su parte, introduce la propuesta de un fondo público (Sanders, 2026).
Karp sostiene que la tecnología —particularmente IA, semiconductores y ciberseguridad— constituye un factor de soberanía y seguridad nacional (Karp & Zamiska, 2025). Thiel afirma que el progreso depende de innovaciones disruptivas capaces de crear algo realmente nuevo, aunque ello puede favorecer élites tecnológicas con poder oligopólico (Thiel & Masters, 2014). León XIV no rechaza la IA, pero advierte riesgos de monopolización, deshumanización y militarización; por ello, plantea que el desarrollo tecnológico debe subordinarse a la dignidad humana, al bien común y a límites ético-políticos claros. Su preocupación central no es la tecnología en sí, sino la subordinación de decisiones humanas al cálculo algorítmico (León XIV, 2026).
Karp, Thiel y Sanders comparten un rasgo esencial: piensan desde un horizonte predominantemente estadounidense, aunque con énfasis distintos. El único que plantea una reflexión explícitamente global es León XIV.
Karp y Thiel expresan la lógica de las tecnológicas privadas —particularmente de Palantir—, priorizando intereses estratégicos articulados con el Estado, como frecuentemente ha operado parte del complejo estratégico-tecnológico estadounidense. Sanders coincide parcialmente en el plano nacional, pues su fondo soberano también se circunscribe al interés estadounidense, aunque mediante mecanismos redistributivos.
El riesgo señalado por Sanders radica en la concentración de los beneficios económicos y políticos de la IA en una élite tecnológica. Sin embargo, si la IA se alimenta del conocimiento colectivo de la humanidad, su planteamiento conduce lógicamente a preguntarse si un fondo soberano exclusivamente estadounidense resulta suficiente.
Desde Karp y Thiel se vislumbran objeciones previsibles. Karp priorizaría la soberanía tecnológica y la ventaja estratégica estadounidense frente a rivales como China, defendiendo cooperación Estado-empresa más que control público masivo. Thiel sostendría que una participación estatal del 50 % desincentivaría la innovación disruptiva, pues el progreso tecnológico depende del riesgo empresarial y de incentivos extraordinarios.
León XIV compartiría la preocupación por la concentración oligárquica de la IA, aunque desplazaría el debate desde la propiedad hacia la dignidad humana y el bien común. La pregunta central no sería quién posee la IA, sino si ésta se encuentra al servicio de la persona o subordinada a una lógica tecnocrática. Su preocupación central no es la tecnología en sí, sino la subordinación de decisiones humanas al cálculo algorítmico, advirtiendo tanto contra monopolios corporativos como frente a una excesiva concentración estatal.
Desde esta perspectiva, el problema no radica únicamente en quién controla la IA, sino en evitar que la eficiencia técnica sustituya el juicio ético, la deliberación política y la responsabilidad humana.
Sanders acierta al señalar que la IA procesa información producida por la humanidad; sin embargo, las tecnológicas han aportado capital, infraestructura y conocimiento especializado. La disputa central del siglo XXI ya no se libra exclusivamente por territorios o recursos materiales, sino por tecnologías críticas capaces de reorganizar economía, soberanía y vida social, convirtiendo a la IA en un asunto de seguridad existencial, para los Estados.
Por ello, el centro del problema remite tanto a la condición humana como a la razón de Estado. Un país sin desarrollo estratégico de tecnologías críticas —particularmente IA— tiende a la dependencia estructural y a la soberanía restringida. Del mismo modo, una relación ser humano–IA desvinculada de la dignidad puede reducir a las personas a datos o variables algorítmicas, favoreciendo nuevas formas de control tecnocrático.
La cuestión decisiva no consiste únicamente en determinar quién controla la IA, sino bajo qué principios éticos, políticos y antropológicos será utilizada: para fortalecer soberanía y dignidad humana o para profundizar dependencia y control algorítmico.
Algunas conclusiones
1. La IA es un problema de poder y soberanía, no únicamente tecnológico. La disputa del siglo XXI se libra por el control de tecnologías críticas capaces de reorganizar economía, seguridad y vida social.
2. No existe neutralidad tecnológica. Karp, Thiel y Sanders piensan desde intereses estadounidenses, aunque con énfasis distintos: Karp prioriza soberanía estratégica, Thiel innovación privada y Sanders redistribución social. León XIV introduce una perspectiva universal, centrada en dignidad humana y bien común.
3. La soberanía tecnológica es condición de viabilidad estatal. Un Estado sin capacidades propias en IA e infraestructura crítica tiende hacia dependencia estructural y soberanía restringida.
4. La tensión central articula cuatro dimensiones: seguridad estratégica (Karp), innovación (Thiel), redistribución (Sanders) y dignidad humana (León XIV). Sanders acierta al señalar el origen colectivo de la IA; sin embargo, si ésta se nutre del conocimiento humano universal, un fondo soberano exclusivamente estadounidense aparece conceptualmente limitado. Ninguna dimensión resulta suficiente de forma aislada.
5. El riesgo contemporáneo es doble: concentración oligárquica del poder tecnológico y expansión de formas tecnocráticas de control estatal-corporativo.
6. La IA representa un desafío particularmente crítico para Estados periféricos y semiperiféricos. Países sin capacidades propias en infraestructura digital, semiconductores, ciberseguridad e IA corren el riesgo de profundizar dependencias tecnológicas y formas de soberanía restringida. En consecuencia, el desarrollo de capacidades estratégicas nacionales ya no constituye únicamente una política económica, sino una condición de viabilidad estatal y soberanía en la Tercera Modernidad.

Referencias:
Karp, A., & Zamiska, N. (2025). The technological republic: Hard power, soft belief, and the future of the West. Crown Currency.
León XIV. (2026, 15 de mayo). Magnifica humanitas: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Libreria Editrice Vaticana. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html
Maury Cruz, L. A. (2023, 20 de marzo). FALANGES: Tercera y lo transhumano. La Jornada Veracruz. https://jornadaveracruz.com.mx/falanges-tercera-modernidad-y-lo-transhumano/
Maury Cruz, L. A. (2023, 14 de mayo). FALANGES: Tercera Modernidad y la inteligencia artificial. La Jornada Veracruz. https://jornadaveracruz.com.mx/falanges-tercera-modernidad-y-la-inteligencia-artificial/
Maury Cruz, L. A. (2026, 14 de febrero). FALANGES: Soberanía e infraestructura crítica. La Jornada Veracruz. https://jornadaveracruz.com.mx/falanges-soberania-e-infraestructura-critica/
Maury Cruz, L. A. (2026, 14 de mayo). FALANGES: La Tercera Modernidad y la reconfiguración algorítmica del poder global. La Jornada Veracruz. https://jornadaveracruz.com.mx/falanges-la-tercera-modernidad-y-la-reconfiguracion-algoritmica-del-poder-global/
Maury Cruz, L. A. (2026, 3 de junio). FALANGES: Inteligencia artificial, poder algorítmico y dignidad humana en la Tercera Modernidad. La Jornada Veracruz. https://jornadaveracruz.com.mx/inteligencia-artificial-tercera-modernidad-poder-algoritmico/
Sanders, B. (2026, 1 de junio). The public should own half of the big A.I. companies. The New York Times. https://www.nytimes.com/2026/06/01/opinion/bernie-sanders-ai.html
Thiel, P., & Masters, B. (2014). Zero to one: Notes on startups, or how to build the future. Crown Business.