Conectar o desaparecer: el dilema de las candidaturas en 2027
03 de Marzo de 2026
Irma Chesty
Conectar o desaparecer: el dilema de las candidaturas en 2027
Dra. Irma Chesty Viveros
La política siempre ha necesitado construir un “nosotros” para existir. Pero de cara al 2027 ese “nosotros” ya no se forma en torno a una sola voz ni a un solo espacio de confianza. Los canales se han dispersado, las audiencias se han fragmentado y la credibilidad se disputa en múltiples territorios. En este nuevo escenario, la narrativa no puede limitarse al discurso desde el templete: debe convertirse en una conversación constante que encuentre eco tanto en la calle como en el algoritmo.
La identidad de la que hablábamos no es un bloque homogéneo ni un segmento único. El “nosotros” de 2027 está compuesto por pequeñas células de intereses específicos: el joven preocupado por acceder a un empleo digno; la madre o el padre que temen que el sustento no alcance; el pequeño comerciante que busca mejorar sus ventas; o el activista medioambiental que exige coherencia ecológica. El nuevo territorio político es, al mismo tiempo, geográfico y digital.
El éxito de las próximas candidaturas radicará en su capacidad de traducir el gran relato nacional a clave local. No basta con un eslogan genérico; se requiere una narrativa de soluciones casi quirúrgicas. La pregunta ya no es solo por quién vota el ciudadano, sino desde qué herida o esperanza particular lo hace. El discurso debe ser capaz de fragmentarse sin perder su eje gravitacional.
Existe una antigua sabiduría política que sostiene que quien ofrece esperanza adquiere una dimensión casi sagrada ante su comunidad, y por ello se vuelve confiable. En la política contemporánea, esta premisa recobra plena vigencia. La esperanza no es un recurso retórico vacío, sino el activo más valioso de la confianza pública.
Sin embargo, para que esa esperanza sea asumida por el electorado, el discurso debe tocar las fibras más sensibles: nuestros miedos y nuestras emociones. No se trata de manipular, sino de lograr que la ciudadanía se sienta reconocida en sus anhelos más profundos. No solo se propone un programa; se interpreta el sentir social y se devuelve una razón para creer.
En la etapa de reconfiguración de congresos y gobiernos estatales, presenciaremos una tensión constante entre la gestión de la realidad y la gestión de las expectativas.
o El riesgo: privilegiar la forma sobre el fondo, dejando a un lado las soluciones concretas.
o La oportunidad: utilizar la comunicación para dotar de contenido real a la emoción.
Una narrativa emocionalmente consistente , solo es sostenible si tiene anclaje en la vida cotidiana. En los comicios estatales, el elector castiga la desconexión. Por ello, la comunicación política de 2027 debe evolucionar de la propaganda de resultados a la construcción de cercanía.
Las candidaturas que logren trascender la victoria electoral serán aquellas que, habiendo ganado desde la diferenciación, tengan la altura discursiva para convocar a la unidad tras la jornada de votación. La calidad de nuestra democracia en 2027 dependerá de que el “nosotros” sea lo suficientemente amplio para incluir a quienes, en principio, se asumían parte del “ellos”.
La comunicación política en este proceso de renovación no debe entenderse como un accesorio de campaña, sino como una herramienta estratégica para acercarse a los diversos grupos que conforman el electorado. 2027 no será solo una fecha en el calendario electoral; será la prueba de si nuestros liderazgos son capaces de construir puentes de significado en un país que busca, antes que ser gobernado, ser escuchado y reconocido.



