NI VENGANZA NI PERDÓN, UN LIBRO SOBRE EL PODER
23 de Febrero de 2026
Gabriel García-Márquez
La aparición de “Ni venganza ni perdón”, de Julio Scherer Ibarra, no es una obra editorial menor. Se trata de una publicación que irrumpe en la discusión pública con acusaciones directas, episodios de alto voltaje político y una narrativa construida desde el corazón mismo del poder. No es un libro periférico: es un testimonio que toca fibras sensibles del sexenio pasado y del presente. Su rápida circulación en librerías, puestos de revistas y de manera digital por WhatsApp confirma que el interés no es accidental. El texto encontró el momento preciso para detonar conversaciones. LOS GOLPES Y LOS SEÑALADOS El libro no esquiva a figuras centrales. Los señalamientos hacia Jesús Ramírez Cuevas, Adán Augusto López Hernández y Manuel Bartlett Díaz son severos y directos, colocándolos como protagonistas de tensiones y maniobras dentro del engranaje político del obradorismo. Pero no son los únicos. En distintos pasajes también aparecen otros personajes relevantes del círculo político y judicial que orbitó alrededor del poder presidencial, aludidos en contextos de disputas internas, litigios de alto nivel y decisiones controvertidas. El alcance del libro va más allá de un par de nombres: dibuja un mapa de rivalidades, alianzas y fracturas que marcaron la dinámica interna del gobierno. No hay ambigüedad en el tono. Es una narrativa que golpea, que fija posiciones y que obliga a quienes son mencionados, sea directa o indirectamente, a decidir entre responder o guardar silencio.
EL FORMATO COMO ESTRATEGIA La coautoría con el periodista Jorge Fernández Menéndez le da al libro un carácter distintivo. La estructura de entrevista no solo agiliza la lectura; también distribuye el peso de las afirmaciones. Las declaraciones más delicadas surgen en respuesta a preguntas concretas, lo que permite construir un testimonio firme dentro de un marco de diálogo. Ese formato separa responsabilidades discursivas sin diluir el contenido. Lo dicho permanece con claridad, pero con un blindaje narrativo que no es menor tratándose de temas potencialmente delicados. EL PAPEL DE SCHERER: TESTIGO Y ACTOR Durante tres años, Scherer Ibarra fungió como Consejero Jurídico del Poder Ejecutivo y fue una de las figuras más influyentes dentro del equipo de Andrés Manuel López Obrador. Desde esa posición no solo observó conflictos, sino también participó en decisiones estratégicas del Estado mexicano. Si el libro describe presiones, abusos o disputas internas, también cabe preguntarse qué tanto lo involucraron a él. En el centro del poder no hay espectadores pasivos. El consejero jurídico es pieza clave en la validación institucional de actos y decisiones. El relato señala hacia afuera, pero inevitablemente también interpela hacia adentro. EL SILENCIO Y SUS LECTURAS En este contexto, la declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum al afirmar que no ha leído ni leerá el libro resulta estridente, sobre todo cuando una obra aborda temas tan delicados para el gobierno en funciones y contiene afirmaciones que, de sostenerse con pruebas documentales, podrían dar pie a denuncias debidamente justificadas, la indiferencia pública no parece neutral. Ignorar el libro no elimina su impacto. Al contrario, lo magnifica. El silencio institucional se convierte en parte del debate. ”Ni venganza ni perdón” no es solo un libro de memorias políticas; es una intervención directa en la disputa por la narrativa del poder. Golpea a actores relevantes, exhibe fracturas internas y coloca bajo el reflector a más de un protagonista del sexenio anterior que hoy siguen en el poder. Más allá de si cada episodio puede corroborarse plenamente, la obra ya logró su cometido: instalar una versión que incomoda, divide y obliga a posicionarse. En política, la memoria es poder. Y cuando se publica desde dentro, rara vez es inocente.
Sin embargo, hay un ángulo que no puede soslayarse: durante 3 años Scherer Ibarra fungió como consejero jurídico de la presidencia y fue en los hechos el segundo de a bordo de Andrés Manuel López Obrador. En el andamiaje legal del gobierno desde esa posición no sólo fue testigo de conflictos, fue parte central de la toma de decisiones jurídicas más relevantes del sexenio, esto obliga a una reflexión incómoda si el libro describe intrigas, presiones, abusos o maniobras cuestionables ¿Qué tanto de ese entorno también lo involucraba a él? No basta con narrar lo visto también habría que asumir lo participado en el centro del poder, la línea entre el espectador y actor es difusa y quien ocupa una oficina estratégica no puede sólo observar, también incide.
La obra instala una versión de los hechos, pero inevitablemente abre preguntas sobre la corresponsabilidad sobre qué decisiones respaldó, cuáles intentó frenar, en cuáles guardó silencio. Un consejero jurídico no es un testigo pasivo, es un operador clave en la arquitectura institucional.
El fenómeno editorial es evidente, ventas sostenidas, circulación digital masiva y un debate amplificado por columnistas y más allá de la veracidad puntual de cada episodio es difícil de corroborar. Desde fuera del círculo íntimo del poder, el libro ya logró instalar una narrativa que sacude sin duda al oficialismo, lo lean los actuales jerarcas o no.



