COLOSIO: LA HERIDA QUE AÚN NO CIERRA
26 de Marzo de 2026
Gabriel García-Márquez
Han pasado tres décadas desde el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, y sin embargo, México sigue caminando con esa herida abierta. No es solo la memoria de un candidato caído en medio de la contienda electoral; es el símbolo de un país que, en aquel 1994, perdió algo más profundo: la confianza en que la justicia y la verdad podían alcanzarnos.
El crimen ocurrido en Lomas Taurinas, Baja California, no solo arrebató una vida, también sembró dudas que hasta hoy no terminan de disiparse. Versiones oficiales, teorías alternas, investigaciones cuestionadas… todo forma parte de un expediente que parece más una historia inconclusa que un caso cerrado.
EL PESO DEL PASADO FRENTE A LA URGENCIA DEL PRESENTE
Pero el tiempo no borra, solo transforma. Y hoy, la voz que emerge no es la del político en campaña, sino la del hijo que creció entre preguntas. Luis Donaldo Colosio Riojas ha pronunciado una frase que resuena con fuerza: “Hagamos justicia hoy”.
El sentido de sus palabras no apunta a reabrir una herida que lleva años expuesta, sino a algo quizá más incómodo para el país: aceptar que ese caso, en los términos en que ha sido investigado, ha llegado a un límite. Colosio Riojas ha planteado la posibilidad de un cierre institucional (un carpetazo) para que la fiscalía general de la República concentre sus esfuerzos en los crímenes del presente.
No es una postura sencilla. Para muchos, puede parecer renuncia; para otros, un acto de realismo. Pero en el fondo, su mensaje abre una discusión necesaria: ¿Hasta qué punto seguir mirando al pasado nos impide atender la violencia que hoy asfixia al país?
Porque hacer justicia hoy no implica únicamente escarbar en los expedientes históricos, sino garantizar que los delitos actuales no queden impunes. Significa que ahora las instituciones funcionen con eficacia, que las víctimas de hoy no se conviertan en las deudas de mañana, y que la justicia deje de ser una promesa postergada.
MEMORIA, JUSTICIA Y RESPONSABILIDAD
México es un país que ha aprendido a vivir con sus ausencias. Pero también es un país que enfrenta una realidad urgente, donde la violencia cotidiana exige respuestas inmediatas. En ese contexto, la frase “Hagamos justicia hoy” adquiere un doble filo: memoria y presente, duelo y responsabilidad.
El caso de Colosio no deja de ser un símbolo poderoso. Pero quizá, como sugiere su propio hijo, la mayor forma de honrar esa memoria no sea prolongar indefinidamente la incertidumbre, sino evitar que nuevas historias queden atrapadas en el mismo laberinto de impunidad.
La reciente declaración de Colosio Riojas es una lección, pero también una exigencia de todos los mexicanos:
“Yo lo que he estado pidiendo es que se le dé carpetazo al caso de mi padre. Que podamos dejar esto en el pasado, que la fiscalía general de la República pueda enfocarse en los asuntos verdaderamente importantes del presente, en los delitos que hoy siguen lastimando a México, y que se pueda hacer justicia por las víctimas de hoy”.
UNA HERIDA QUE SE VOLVIÓ SÍMBOLO
Cerrar no es olvidar. Tampoco es rendirse. Cerrar, en este caso, sería reconocer que la deuda con el pasado ya no puede pagarse con las mismas herramientas que fallaron, y que insistir en lo mismo solo prolonga la frustración colectiva.
Si algo dejó el asesinato de Colosio fue una lección dolorosa: cuando la justicia llega tarde, deja de ser justicia y se convierte en memoria inconclusa. Hoy el país no necesita más expedientes abiertos sin destino; necesita instituciones que respondan, investigaciones que concluyan y culpables que enfrenten consecuencias.
Porque al final, la verdadera traición a la memoria no es dejar ir un caso sin respuestas definitivas, sino permitir que los crímenes del presente sigan acumulándose sin castigo. Y si México no logra hacer justicia hoy, entonces la herida, esa que comenzó en 1994, no solo seguirá abierta: seguirá repitiéndose.
Baste recordar que Luis Donaldo Colosio Murrieta tenía 44 años cuando lo asesinaron, hoy su hijo Luis Donaldo Colosio Riojas tiene 40, vaya paradoja, porque cabe la posibilidad de que sea candidato a la presidencia justo cuando tenga 44 años.



