SENTIDO COMÚN
Gabriel García-Márquez

EL PUENTE PROMETIDO: ENTRE LA ESPERANZA Y EL OLVIDO.

09 de Abril de 2026

Gabriel García-Márquez


En el sur del país, donde las promesas suelen llegar con retraso y las obras con sobrecosto, el anuncio del inicio del Puente Coatzacoalcos III vuelve a encender una mezcla de entusiasmo y escepticismo. No es para menos: hablamos de una infraestructura largamente esperada, una de esas piezas que, en teoría, pueden cambiar la dinámica económica de toda una región. Pero también hablamos de México, donde los proyectos estratégicos suelen navegar entre discursos optimistas y realidades más complejas.
La noticia es clara: será en el verano de 2026 cuando arranque la construcción de este puente atirantado de más de dos kilómetros de longitud, con cuatro carriles y una inversión millonaria. Un proyecto que promete reducir tiempos de traslado, mejorar la conectividad y, sobre todo, detonar el empleo en una zona que históricamente ha vivido de ciclos económicos irregulares.
Suena bien. Demasiado bien, incluso. Porque cada vez que se anuncia una obra de esta magnitud, el discurso oficial repite la misma narrativa: desarrollo, modernidad, crecimiento, competitividad. Palabras grandes que, en el papel, parecen incuestionables. Sin embargo, la experiencia obliga a mirar más allá del entusiasmo inicial. La pregunta no es si el puente será útil, sino si realmente transformará la vida cotidiana de la gente o si terminará siendo otro símbolo de desarrollo que no termina de aterrizar en el bolsillo del ciudadano común.
EL PUENTE QUE TODOS QUIEREN
El Puente Coatzacoalcos III no es una ocurrencia reciente. Es la respuesta a un problema real: la saturación de las vías actuales, los largos tiempos de traslado y la necesidad urgente de mejorar la conexión entre la zona industrial y las principales carreteras del sur. En una ciudad donde el tráfico puede convertirse en un obstáculo diario para trabajadores y transportistas, reducir hasta 40 minutos de recorrido no es un detalle menor.
Además, su integración con el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec lo coloca en una posición estratégica. No es solo un puente para cruzar un río; es una pieza dentro de un engranaje mayor que busca convertir a la región en un nodo logístico de relevancia internacional.
Pero ahí es donde surge la duda legítima: ¿quién se beneficiará realmente de este impulso logístico? Porque una cosa es facilitar el tránsito de mercancías y otra muy distinta es garantizar que ese crecimiento se traduzca en bienestar para la población local. La historia reciente está llena de ejemplos donde la infraestructura avanza más rápido que la calidad de vida de quienes viven alrededor de ella.
EL EMPLEO: LA PROMESA QUE SIEMPRE ENTUSIASMA
Se habla de miles de empleos generados durante la construcción, 3 mil o 6 mil. Cifras que ilusionan, sobre todo en una zona donde la estabilidad laboral no siempre está garantizada. Sin embargo, hay que poner los pies en la tierra: la mayoría de esos empleos serán temporales. Mejor dicho, todos serán temporales.
La verdadera pregunta es qué pasará después de que se coloque la última pieza del puente. Si la obra logra atraer inversión, dinamizar la industria y generar empleos permanentes, entonces estaremos ante un verdadero punto de inflexión. Pero si todo se queda en una derrama económica momentánea, el efecto será similar al de otros proyectos: un breve respiro seguido de la misma realidad de siempre.
Y aquí conviene decirlo sin rodeos: si algo ha caracterizado a Coatzacoalcos durante años es la mala costumbre de empezar obras que nunca se terminan. Hay muchos ejemplos de construcciones abandonadas, estructuras a medio hacer, proyectos que se quedan en obra negra como testigos mudos de la improvisación o la falta de continuidad. Ese antecedente pesa, y pesa mucho, a la hora de confiar en cualquier nuevo anuncio.
LA INFRAESTRUCTURA OLVIDADA: CAMINOS QUE NO CONECTAN
Hablar de un nuevo puente sin voltear a ver lo que ya existe sería un error, porque de poco sirve construir una obra moderna si los accesos siguen siendo deficientes o, peor aún, inconclusos. Otra vez el error de dejarlos a medias.
Ahí está el ejemplo claro del tramo de Las Matas. Durante el gobierno de Yunes Linares se prometió una modernización con concreto hidráulico, una solución duradera para una vialidad clave. Al final, lo que se entregó fue un re encarpetado a medias, asfaltado, insuficiente para las condiciones del terreno de un suelo pantanoso.
Hoy ese tramo sigue siendo un problema constante: hundimientos, deterioro acelerado y, peor aún, accidentes recurrentes donde automóviles y tráileres terminan saliéndose del camino hacia el pantano, como si fuera parte de la rutina.
Pero no es el único caso. La ampliación de la carretera que va de Cosoleacaque a Acayucan es otra herida abierta. Una obra fundamental que, además de mejorar la conectividad regional, será clave para comunicar con el Polo del Bienestar que se construye en Texistepec como parte del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec.
Sin embargo, la realidad dista mucho del discurso: no lleva ni siquiera un cincuenta por ciento de avance y actualmente ya se encuentra en pésimas condiciones. Tramos deteriorados, avances irregulares y una sensación constante de abandono que contradice cualquier narrativa de desarrollo ordenado.
Así, el problema no es solo lo que falta por construir, sino lo que ya debió estar terminado. La solución no es complicada en el discurso, pero sí urgente en la práctica: mantenimiento más frecuente, intervenciones estructurales reales y obras que se concluyan en tiempo y forma. De lo contrario, cualquier inversión en el nuevo puente corre el riesgo de quedar incompleta, desconectada de una red vial que no está a la altura de una zona industrial como es Coatzacoalcos.
LA GRAN DEUDA: LA INFORMACIÓN QUE NO LLEGA
Hay un elemento que suele quedar fuera del discurso oficial: la claridad en los resultados. Como cada año sucede con grandes proyectos de infraestructura, los datos finales, costos reales, beneficios medibles, impacto económico tangible, rara vez llegan de forma completa a la ciudadanía.
Se habla de inversiones millonarias, pero pocas veces se explican los detalles con precisión. Se anuncian beneficios, pero casi nunca se evalúan públicamente. Y así, entre cifras infladas y reportes incompletos, la población termina siendo espectadora de una obra que, en teoría, es para todos.
Ese es el verdadero problema: no la construcción del puente, sino la opacidad que suele rodear este tipo de proyectos, porque cuando la información se vuelve inaccesible, la confianza también se desgasta.
ENTRE EL PROGRESO Y LA MEMORIA
No hay duda de que el Puente Coatzacoalcos III es necesario. Tampoco hay duda de que puede convertirse en un detonante económico importante. La región lo necesita, la movilidad lo exige y el contexto logístico lo respalda. Pero también es cierto que las grandes obras no deben medirse solo por su tamaño o su costo, sino por su impacto real en la vida de las personas. El reto no está en construir el puente, sino en terminarlo bien, conectarlo mejor y acompañarlo con la rehabilitación de lo que hoy está fallando. Porque al final del día, la gente no vive de anuncios ni de maquetas. Vive de resultados. Y en una ciudad donde muchas obras se quedan a medio camino, concluir hasta el final sería ya, por sí solo, un acto extraordinario y digno de aplaudirse.