CUAUHTÉMOC CÁRDENAS: EL HOMBRE QUE ABRIÓ EL CAMINO
29 de Octubre de 2026
Gabriel García-Márquez
Hay hombres que llegan al poder y otros que, sin conseguirlo, cambian para siempre la historia de su país. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano pertenece a estos últimos. Su fallecimiento, a los 92 años, representa la despedida de uno de los grandes protagonistas de la democracia mexicana, un hombre que desafió al sistema cuando el PRI parecía invencible y abrió un camino que otros recorrerían después.
El ingeniero no fue solamente el hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, el presidente que nacionalizó la industria petrolera. Construyó una trayectoria política propia, encabezó una rebelión que sacudió al régimen priista y se convirtió en el principal referente de una izquierda que buscaba conquistar el poder en las urnas.
Antes de que Andrés Manuel López Obrador llegara a la Presidencia y de que Morena se convirtiera en la principal fuerza política del país, Cuauhtémoc Cárdenas ya había demostrado que millones de mexicanos estaban dispuestos a luchar por una alternativa democrática.
1987: LA REBELIÓN QUE ROMPIÓ CON EL PRI
Su transformación política comenzó dentro del propio Partido Revolucionario Institucional en el que militaba. En 1987, inconforme con el autoritarismo y la imposición presidencial del candidato a suceder a Miguel de la Madrid, encabezó la Corriente Democrática del PRI, acompañado por figuras como Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Rodolfo González Guevara, entre otros destacados priistas.
Aquella corriente exigía democracia interna y cuestionaba un sistema en el que las decisiones fundamentales se tomaban desde la Presidencia de la República. Al no encontrar respuesta a sus demandas, Cuauhtémoc Cárdenas y sus compañeros rompieron con el priismo y emprendieron una aventura política que parecía imposible: construir una candidatura capaz de competir contra el partido que había gobernado México durante décadas.
Así nació el movimiento que desembocaría en el Frente Democrático Nacional (FDN), coalición que abanderó a Cárdenas en las elecciones presidenciales de 1988. La campaña desbordó las expectativas. Las concentraciones multitudinarias, particularmente en el Zócalo de la capital del país, demostraron que el descontento con el régimen había alcanzado una dimensión que el poder ya no podía ignorar.
El 6 de julio de 1988, México vivió una de las elecciones más controvertidas de su historia. La caída del sistema de cómputo electoral alimentó las sospechas de fraude y, finalmente, las autoridades declararon vencedor al priista Carlos Salinas de Gortari. El otro candidato era Manuel Clouthier.
Para millones de mexicanos, el triunfo le había sido arrebatado a Cárdenas. Sin embargo, aquella elección produjo una transformación irreversible: quebró la percepción de que el PRI era invencible y demostró que existía una fuerza ciudadana capaz de disputar seriamente la Presidencia.
Cuauhtémoc Cárdenas no llegó a Los Pinos, pero consiguió que México comenzara a imaginar un país en el que el poder pudiera cambiar de manos.
VERACRUZ Y EL SUR PETROLERO: PARTE DE AQUELLA HISTORIA
Veracruz también ocupa un lugar en esta historia. No es un dato menor que el Frente Democrático Nacional tuviera uno de sus momentos fundacionales en Xalapa, el 12 de enero de 1988. Desde ahí se proyectó una coalición que encontró respaldo en distintas regiones del estado.
Durante aquella campaña, el mensaje cardenista tuvo especial resonancia en las zonas petroleras del sur, particularmente en Coatzacoalcos y Minatitlán, donde el apellido Cárdenas evocaba también el legado de la expropiación petrolera decretada por su padre Lázaro Cárdenas en 1938.
En esta región, trabajadores, sectores populares y ciudadanos inconformes encontraron en su candidatura una posibilidad de cambio político. Su movimiento contribuyó a incorporar al sur veracruzano a una de las etapas más importantes de la lucha por la alternancia.
Por eso, al recordar su trayectoria, Veracruz no puede quedar al margen. Xalapa, Coatzacoalcos y Minatitlán forman parte de la memoria de aquella movilización democrática.
EL PRD Y LA CONQUISTA DE LA CAPITAL
En 1989, Cárdenas participó en la fundación del Partido de la Revolución Democrática (PRD), junto con Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y otros dirigentes que buscaban convertir aquella movilización ciudadana en una alternativa política permanente.
El PRD marcó una etapa decisiva para la izquierda mexicana. Sus militantes enfrentaron persecuciones y violencia política mientras construían una organización de alcance nacional.
Cárdenas se convirtió en su principal referente. Su liderazgo se sustentaba no solamente en su capacidad de convocatoria, sino también en una imagen de congruencia, sobriedad y compromiso democrático que le permitió conservar el respeto de ciudadanos incluso fuera de su partido.
En 1997 llegó otro momento histórico: ganó la elección para la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal y se convirtió en el primer gobernante de la capital del país elegido mediante el voto popular. La izquierda dejaba de ser únicamente una fuerza opositora para asumir responsabilidades de gobierno en una de las plazas políticas más importantes del país.
Años después, Andrés Manuel López Obrador ocuparía esa misma jefatura y construiría desde ella una parte fundamental de su liderazgo nacional. Pero antes de López Obrador estuvo Cárdenas. Antes de Morena estuvo el PRD. Y antes de que la izquierda conquistara la Presidencia, hubo un dirigente que se atrevió a desafiar al sistema cuando hacerlo exigía valor y perseverancia.
EL LEGADO DE UN HOMBRE INDISPENSABLE
Tras conocerse su fallecimiento, políticos de distintas corrientes expresaron sus condolencias y reconocieron su trayectoria, incluidos personajes que en diferentes momentos fueron sus adversarios.
No es poca cosa que un dirigente conserve el respeto de quienes no necesariamente compartieron sus ideas. Cuauhtémoc Cárdenas tuvo derrotas, diferencias y contradicciones, pero su legado no puede medirse únicamente por los cargos que ocupó o las elecciones que perdió.
Se mide por lo que ayudó a transformar: contribuyó a romper la hegemonía priista, dio forma a una izquierda electoral competitiva y ayudó a que la alternancia dejara de ser una aspiración lejana para convertirse en una realidad.
Por eso, los homenajes de hoy deben ir más allá de las condolencias. Reconocerlo significa admitir que la democracia mexicana tiene antecedentes que no pueden borrarse ni atribuirse a una sola organización o a un solo dirigente.
Cuauhtémoc Cárdenas se despide sin haber ocupado la Presidencia de la República, pero deja una huella que muchos políticos con más poder nunca conseguirán. Fue el dirigente que desafió al régimen, el candidato que movilizó a millones de mexicanos en 1988, el fundador de una izquierda con vocación democrática y el primer jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido por voto popular.
Es indudable que la historia no pertenece exclusivamente a quienes llegan al poder, sino también a quienes abren el camino para que ese poder cambie de manos. Cuauhtémoc Cárdenas fue uno de ellos. Su lucha transformó la izquierda mexicana, sacudió al régimen priista y contribuyó a construir la democracia que hoy conocemos. También dejó una huella en Veracruz, particularmente en el sur petrolero, donde su movimiento encontró ciudadanos dispuestos a acompañar aquella esperanza de cambio.
No llegó a la Presidencia, pero consiguió algo que trasciende cualquier cargo: contribuir a que México dejara de ser un país donde el poder parecía tener dueño. La política podrá cambiar de protagonistas, pero la historia no olvidará al hombre que se atrevió a abrir la brecha.
Descanse en paz, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, cuyo legado permanece en la memoria democrática de México.



