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Jorge Ramón Rizzo

Trump, Sheinbaum y la 4T

20 de Septiembre de 2026

Jorge Ramón Rizzo


El gobierno de Claudia Sheinbaum camina en una delgada línea política interna, en la que por un lado, proyecta una sólida continuidad con la llamada Cuarta Transformación y el movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador manteniendo niveles de aprobación muy altos y, por el otro, está construyendo discretamente su propia estructura de control y delineando una identidad de gestión que enfrenta sus primeras tensiones reales con gobernadores de oposición, así como dinámicas partidistas internas.

México atraviesa la encrucijada de la soberanía nacional, que frente a las crecientes presiones de Estados Unidos en materia de seguridad, fentanilo y el control del crimen organizado, han puesto en vulnerabilidad visible los límites entre cooperación e intervencionismo. En este contexto, la relación bilateral bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum frente a la administración de Donald Trump, han dado muchas notas en los últimos días.

También, las fricciones de este mes de septiembre entre el gobierno Federal con las soberanías estatales, como se desprende del reciente encuentro en Ciudad Juárez entre la Presidenta con la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, marca un caso específico.

Y es evidente que el Gobierno Federal está centralizando fuertemente los asuntos de seguridad nacional e inteligencia y marcando una línea tajante de control. El mensaje de fondo es que ningún gobierno local, especialmente de la oposición, puede desalinearse de los marcos legales o la estrategia de la federación.

En medio de la encrucijada y el rose con las entidades, hay un reto interno adicional para Claudia Sheinbaum y radica en mantener la cohesión en Morena; que no está resultando una aduana sencilla de brincar, aunque poco a poco va agarrando más y más control.

Mientras que los sectores fundadores más duros siguen firmemente alineados con la doctrina del ex-presidente, la presidenta ha ido operando cambios estratégicos en la dirigencia nacional para cimentar su propio control territorial ante las pugnas internas por las futuras candidaturas.

Estarán en juego 17 gubernaturas, que representa más de la mitad del país y la totalidad de la Cámara de Diputados federal. Así como ya vimos el 'destape' de 10 virtuales candidatas y candidatos a igual número de gubernaturas, seguramente veremos 'un palomeo' distrito por distrito que vendrá desde Palacio Nacional. Porque de las 10 designaciones transcurridas podríamos decir sin temor a equivocarnos que van más alfiles leales a Sheinbaum que a López, razón por la que veo venir un mayoritario margen de colocación de gente de la corriente de la actual Presidenta en los 300 distritos y ni qué decir de los primeros lugares de las plurinominales en Morena.

Por todo el entorno, es que el discurso presidencial del desfile militar donde se lanzó la proclamación de que "México no se arrodilla ante nadie", funciona en realidad como un catalizador de unidad nacional.

La declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien reiteró la firmeza mexicana al contundentemente decir a Washington que no permitirá juicios externos ni la intervención de agencias extranjeras en las estrategias de seguridad nacionales, marca una clara línea defensiva de la soberanía en la narrativa oficial.

También ha hecho un recordatorio de México hacia el gobierno estadounidense sobre sus propias tareas pendientes: Contener el consumo interno de opioides, frenar el lavado de dinero en su territorio y, crucialmente, detener el tráfico ilegal de armas que nutre a los cárteles en México.

Es un momento propicio para desmenuzar cómo las exigencias de Donald Trump y el Departamento de Estado, quienes demandan arrestos, investigaciones a funcionarios y la implementación del programa "Escudo de las Américas", son utilizadas como herramientas de presión geopolítica en un entorno electoral fuertemente polarizado tanto en Estados Unidos como en México.

Así que, la verdadera batalla de la 4T se centra más en esta narrativa de legitimar un proyecto megacentralizado de política interior, cuya prueba de fuego no estará en el extranjero, sino en la estabilidad territorial y las urnas de junio de 2027, donde Morena tendrá que contener a los dos bandos visibles, negociar con sus aliados Verde y PT -Hoy sumamente herido y con señas de rompimiento-, y salir a dar la batalla frente a una oposición que ha ganado terreno ante el mal manejo de crisis de la 4T y su devaluación o degradación política ante la ciudadanía. Claudia Sheinbaum y la 4T se juegan mucho... Pero el país, se juega más.
*Periodista/Tlaxcala

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