SENTIDO COMÚN
Gabriel García-Márquez

EL CALOR YA NO ES UNA COINCIDENCIA

25 de Mayo de 2026

Gabriel García-Márquez


Mientras en México la gente busca sombra hasta debajo de los puentes y en Francia las autoridades emiten alertas sanitarias por temperaturas sofocantes, la misma pregunta comienza a repetirse en cafés, redes sociales y sobremesas familiares: ¿esto es una simple coincidencia climática o estamos viendo el verdadero rostro del cambio climático?
La respuesta parece cada vez menos cómoda. Durante décadas, científicos de todo el mundo advirtieron que el planeta se estaba calentando a una velocidad inédita. Muchos gobiernos escucharon, otros minimizaron y algunos decidieron aplazar decisiones para no afectar intereses económicos. Pero el clima no entiende de campañas políticas ni de ideologías. El termómetro tampoco negocia. Hoy, las olas de calor ya no son fenómenos aislados, pues son parte de una nueva realidad a la que nos tendremos que acostumbrar.
MÉXICO BAJO EL SOL EXTREMO
En México, ciudades enteras viven jornadas donde salir a la calle después del mediodía se convierte en una prueba de resistencia. Estados como Veracruz, Tabasco, Nuevo León, Sonora o Tamaulipas han registrado temperaturas que superan los 45 grados. Las escuelas modifican horarios, aumentan los golpes de calor y los apagones eléctricos comienzan a ser frecuentes por la enorme demanda de energía. Y los sillones en exhibición de las tiendas departamentales son ocupados por familias que van a refrescarse con el aire acondicionado de Liverpool o Sears.
El problema no es solamente tener calor. El verdadero riesgo está en cómo estas altas temperaturas alteran la vida cotidiana, afectan cultivos, reducen reservas de agua y ponen en peligro a niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
Pero, además, el cuerpo humano comienza a enviar señales de alerta que muchas veces se minimizan hasta que ocurre una emergencia. La sensación de sofocación, la falta de aire, los mareos repentinos, el sudor excesivo, la debilidad extrema, los dolores de cabeza intensos y las bajas de presión son síntomas cada vez más comunes durante estas olas de calor.
Hay personas que sienten que el corazón se acelera, otras experimentan confusión o visión borrosa, y algunas terminan desmayándose en plena calle o dentro del transporte público. El golpe de calor no es una exageración: puede provocar daños graves e incluso poner en riesgo la vida.
El calor extremo también desnuda otra realidad, pues muchas ciudades mexicanas crecieron sin planeación. Se talaron árboles, se cubrió el suelo de concreto y se abandonaron espacios verdes. Hoy las urbes funcionan como enormes hornos donde el pavimento guarda el calor incluso durante la noche.
FRANCIA: EL PAÍS FRÍO QUE YA NO LO ES TANTO
Lo que ocurre en Francia resulta todavía más revelador. Europa, históricamente asociada a climas templados, enfrenta veranos cada vez más agresivos. París ha vivido episodios donde el transporte público colapsa, las escuelas suspenden actividades y los hospitales reciben miles de personas afectadas por las altas temperaturas.
Y ahí aparece una señal importante: si países con infraestructura más sólida están teniendo dificultades para enfrentar estas olas de calor, ¿qué puede esperarse en naciones con sistemas más frágiles? El calor dejó de ser un problema exclusivo de regiones tropicales. Ahora es un problema global.
EL CAMBIO CLIMÁTICO YA NO ES TEORÍA
Todavía existen voces que aseguran que “siempre ha hecho calor” o que estos fenómenos son simples ciclos naturales de la Tierra. Y sí, el clima del planeta siempre ha cambiado. Lo diferente ahora es la velocidad con la que ocurre.
La actividad humana aceleró el problema. La quema de combustibles fósiles, la deforestación, la contaminación industrial y el crecimiento urbano descontrolado han generado una concentración de gases de efecto invernadero que atrapan más calor en la atmósfera. El resultado está frente a nosotros: sequías más largas, huracanes más intensos, incendios forestales devastadores y temperaturas récord en distintos continentes al mismo tiempo.
Cuando México y Francia padecen olas de calor extremas casi simultáneamente, ya no hablamos de casualidad meteorológica. Hablamos de un planeta con un medio ambiente alterado.
CUIDARSE YA ES UNA NECESIDAD
Frente a este escenario, la prevención dejó de ser opcional. Las recomendaciones parecen simples, pero pueden marcar la diferencia entre una molestia pasajera y una emergencia médica.
Es fundamental tomar agua constantemente, aunque no exista sensación de sed, para evitar una deshidratación grave. También se recomienda evitar actividades físicas bajo el sol entre las once de la mañana y las cuatro de la tarde, hay que usar ropa ligera de colores claros y permanecer en lugares ventilados.
Los médicos aconsejan reducir el consumo de alcohol y bebidas azucaradas, pues favorecen la deshidratación. Además, nunca debe dejarse a niños, adultos mayores o mascotas dentro de vehículos estacionados, aunque sea por pocos minutos. Esto puede ser fatal.
Ante síntomas como sofocación intensa, dificultad para respirar, piel demasiado caliente, desorientación, desmayos o presión baja, la recomendación es buscar atención médica inmediata, porque el golpe de calor no avisa dos veces.
LA POLÍTICA DEL MAÑANA
El gran desafío será entender que el cambio climático dejó de ser un tema ambientalista para convertirse en un asunto económico, sanitario y de seguridad nacional.
No basta con discursos en cumbres internacionales ni con fotografías de mandatarios plantando árboles para las cámaras. Se necesitan políticas reales: transporte menos contaminante, ciudades más verdes, energías limpias y una cultura ciudadana que deje de considerar normal desperdiciar agua y recursos naturales, porque el problema ya no pertenece al futuro, sino al presente.
El futuro llegó antes de tiempo y viene acompañado de temperaturas insoportables. Y quizá la señal más alarmante no sea el calor que sentimos en la piel, sino la velocidad con la que el mundo parece acostumbrarse a él.

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