LA SED EN TIERRA DE RÍOS
20 de Abril de 2026
Gabriel García-Márquez
En Coatzacoalcos, la abundancia siempre ha sido una ilusión. Rodeada por ríos caudalosos, la ciudad vive una paradoja que se repite año tras año: tener agua en todas partes, menos en la llave. No es un capricho de la naturaleza, sino el resultado de décadas de contaminación que han convertido esos cuerpos de agua, el río Coatzacoalcos y el Calzadas, en fuentes inutilizables para el consumo humano.SOLUCIONES QUE NO ALCANZARON
Durante años, el abastecimiento dependió de la Presa Yuribia, una solución que, aunque vital, nunca fue suficiente ni estable. Los conflictos sociales, las fallas operativas y la creciente demanda de una ciudad en expansión dejaron claro que no bastaba con una sola fuente. Luego vinieron los pozos profundos: una medida emergente, casi desesperada, que ofreció alivio momentáneo, pero no resolvió el problema de fondo, porque algunos de ellos no estuvieron del todo bien hechos.EL NUEVO SISTEMA: ACUEDUCTO Y RED MODERNA
Hoy, una vez más, el gobierno apuesta por una nueva promesa: llevar agua desde la Presa La Cangrejera, alimentada por el Río Uxpanapa. Pero esta vez no se trata solo de cambiar de fuente, sino de construir todo un sistema hidráulico nuevo.El proyecto contempla un acueducto que trasladará el agua desde la presa hasta la ciudad mediante una línea de conducción de gran capacidad, diseñada para transportar miles de litros por segundo a lo largo de varios kilómetros. Este sistema incluye estaciones de bombeo y plantas de potabilización donde el agua será tratada antes de entrar a la red urbana.A la par, se plantea una nueva red de almacenamiento y distribución: tanques elevados y depósitos estratégicamente ubicados que permitirán regular la presión y garantizar un suministro más constante en las distintas colonias. Esto se complementa con la modernización de tuberías principales para reducir fugas y mejorar la eficiencia en el reparto del agua.LA LECCIÓN PENDIENTE
En el papel, el diseño es más integral que los intentos anteriores. No solo busca traer agua, sino administrarla mejor. Pero la historia obliga a la cautela.Porque en Coatzacoalcos no ha faltado infraestructura, ha faltado continuidad. No ha faltado inversión, ha faltado visión a largo plazo.
Cada obra se presenta como definitiva, como el punto final a una crisis recurrente, y sin embargo el tiempo termina por desmentirla. Las tuberías envejecen, los sistemas se descuidan y la contaminación sigue avanzando sin freno suficiente.El problema del agua en la ciudad no es solo técnico, es profundamente estructural. No se resolverá únicamente cambiando de presa, sino transformando la manera en que se gestiona el recurso: protegiendo las cuencas, controlando las descargas contaminantes, invirtiendo en plantas de tratamiento y manteniendo en condiciones óptimas la infraestructura existente, además de dejar de depender de los paros caprichosos de los pobladores de Tatahuicapan.Pensar en 30 años de abasto seguro no es imposible, pero sí exige algo que históricamente ha sido escaso: constancia. Sin ella, cualquier proyecto, por ambicioso que sea, está condenado a convertirse en otro episodio más de una larga lista de soluciones temporales.Coatzacoalcos no necesita otra promesa. Necesita, por fin, una solución que no se diluya con el tiempo y desaparezca la paradoja permanente de estar ubicada entre ríos y no tener agua en la llave. Pero ahora sí, parece que la solución ya va en serio.



