Javier Moreno
Javier Moreno

Hipocresía y Ataques Selectivos: La Austeridad como Arma Política en San Andrés Tuxtla

20 de Enero de 2026

Javier Moreno


En el panorama político mexicano, particularmente dentro de las filas de Morena, hemos visto un patrón recurrente que merece ser analizado con detenimiento. Por un lado, existen funcionarios que en su pasado reciente se erigieron como férreos críticos de la opulencia y el lujo desmedido, posicionándose como activistas contra un estilo de vida que consideraban incompatible con el servicio público. Sin embargo, una vez en el poder, adoptan precisamente esas prácticas que antes condenaban: exhibiciones de riqueza que chocan frontalmente con el discurso de austeridad y humildad que promueve su partido. Estos casos son, sin duda, criticables. Representan una incongruencia profunda que erosiona la credibilidad y alimenta el descrédito hacia las instituciones. Cuando alguien predica la sencillez, pero vive en el derroche, no solo traiciona sus principios, sino que defrauda a los ciudadanos que depositaron su confianza en esa promesa de cambio.
Pero aquí surge un problema mayor: no todos los casos son iguales, y es precisamente esa distinción la que se pierde en el fragor de la contienda política. No se debe utilizar la crítica a la opulencia como un arma indiscriminada, lanzándola contra figuras que nunca han fingido una austeridad que no practican. Pensemos en aquellos funcionarios que provienen del sector empresarial, con trayectorias consolidadas en regiones donde son conocidos por generar empleo, impulsar el desarrollo económico y mantener un nivel de vida consistente a lo largo de los años. En estos escenarios, no hay hipocresía ni doble rasero; su discurso y su realidad han sido coherentes. Atacarles por su estilo de vida, que siempre ha sido el mismo y que se sustenta en actividades lícitas y honorables, no solo es injusto, sino que distrae de lo verdaderamente importante. Lo primero —la verdadera incongruencia— merece escrutinio y reproche; lo segundo —el uso malintencionado de esa crítica— es igualmente condenable, ya que convierte un debate legítimo en una herramienta de desgaste político selectivo.
Al final del día, lo que realmente debe medir el desempeño de cualquier servidor público no es la imagen pública ni las apariencias superficiales, sino los hechos concretos: las obras realizadas, las acciones implementadas y los resultados tangibles en beneficio de la comunidad. Si una persona ha mantenido una forma de vida honorable, generada por esfuerzo propio y sin contradecir sus palabras con sus actos, ¿por qué enfocarnos en lo accesorio? Esta obsesión por lo simbólico a menudo oculta la falta de argumentos sólidos sobre el fondo del asunto.
Todo lo anterior lo comento ya que me llamó bastante la atención una nota, boletín o como sea que lo hayan tomado quienes lo reprodujeron, que comenzó a moverse la semana pasada, ya que denota en primer lugar un desconocimiento total sobre los orígenes del presidente Municipal de San Andrés Tuxtla y el trabajo que su familia ha realizado en la región por varias décadas. Se trata de una familia que ha trabajado para tener todo lo que hoy tiene y en el proceso han generado infinidad de empleos y ayudado a mucha gente que desde antes de que padre e hijo incursionaran en política, ya acudían a sus empresas a solicitar apoyos de todo tipo y siempre encontraron una respuesta positiva. Alguien debe de contarle la verdadera historia de la familia Fararoni a todos los que criticaron algo que a leguas no es sujeto de crítica, al menos en este caso.
No puedo dejar de señalar también que algunos de los que se “cargaron en contra” de Rafa Fararoni, son gente que yo respeto y valoro su trabajo periodístico de muchos años. No olvidemos que, cada quien es libre de opinar lo que le parezca correcto, siempre y cuando sea su opinión y no la de alguien más. Y en esa línea es que, sin señalar de manera negativa a los que opinaron por convicción y no por encargo, les digo a título personal que me parece que etiquetar cualquier caso que parezca incongruente como algo indebido por la “austeridad republicana de Morena” que en su momento dictó alguien en el pasado (aunque siga presente), es usar un argumento más como arma selectiva que como crítica constructiva, ignorando que este principio se centra en la eficiencia del gasto público y el rechazo al derroche gubernamental, no en una mendicidad forzada que invada la esfera personal.
Así mismo, me parece que cambiar de opinión en temas políticos no debe ser criticado, porque refleja madurez intelectual y adaptabilidad ante nueva evidencia o contextos cambiantes. Criticar esto fomenta el dogmatismo rígido, que estanca el debate democrático y desincentiva el aprendizaje continuo en una sociedad en constante transformación.
Fararoni siempre ha sido congruente en su vida privada y acciones públicas —con logros tangibles en educación, seguridad y deporte para su comunidad—; basta con leer la mayoría de los comentarios a las publicaciones en su contra, de gente que vive en san Andrés y que refiere que el joven político ha hecho más en casi tres semanas, que lo que hizo la anterior administración en cuatro años, pidiendo que lo dejen trabajar.
El presidente Municipal de San Andrés Tuxtla no merece ser encasillado en un dicho distorsionado que confunde dedicación a “primero los pobres” con renuncia absoluta al bienestar propio; sus supuestos lujos, posiblemente regalos o inversiones legítimas, no invalidan su compromiso genuino, sino que resaltan cómo esta narrativa hipócrita de algunos (refiriéndome a los que originaron esta “novela política”, lejos de Veracruz) desvía el foco de resultados reales hacia juicios superficiales. Démosle tiempo a este joven político que ya en tres semanas ha mostrado que llegó realmente a trabajar y dejemos que sean los Sanandrescanos y la historia los que lo juzguen al final de su administración, no a escasos días en los que “comprar tenis caros con el erario público” suena más a broma de mal gusto, ya que al parecer y como casi siempre sucede en estos casos, “las Arcas municipales las recibieron vacías”.