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Crónica Los gritos dieron la alarma; se repite la tragedia 32 años después

19 de Septiembre de 2017 21:09 /

MARLENE CARRANZA.-

Las paredes tronaban con esa facilidad con la que doblas un plato de unicel, el piso se movía como cuando estás a la orilla  del mar y ves el oleaje. Un sismo de 7.1 grados escala Richter era el protagonista. 

Eran las 13:14 horas y  antes que la alarma sísmica se hiciera sonar, el  llanto y gritos de quienes eran carcomidos por el miedo de revivir lo pasado en el temblor del 19 de septiembre  de 1985,  ya se había hecho presente.  

Justo 32 años después, las caras de angustia acompañadas de miradas pérdidas  y los momentos de desesperación se repetían, era una película que volvía a empezar para quienes no descartaban la posibilidad de quedar atrapados. 

Olor a gas, humo por varios lados y las ventanas retumbando junto con el viento y las palmeras, mientras ese sonido agudo de la alarma podía traspasar los oídos de quienes solo buscaban salir de ese momento en el que más de uno sintió que la muerte podría tocar su mano. 

Tal como el destino de los pequeños de la escuela Enrique C. Rebsamen ubicada en  Miramontes, que quedaron sepultados entre las piedras del plantel.

Familias enteras vieron como sus sueños se derrumbaron junto con los muros de los edificios que con tanto esfuerzo compraron o pagaban mes con mes. 



Habían pasado poco más de dos horas del simulacro que se hace a nivel nacional como conmemoración del temblor que sacudió a la ciudad de México hace 32 años, cuando la pesadilla regresó causando, además de ataques de pánico y desmayos, -hasta el momento- 29 inmuebles derrumbados y al menos 30 muertos en la Ciudad de México y 19 en el Estado. 

Personas caminaban sobre el Eje Central, caras pálidas, miradas pérdidas y desesperación ante los problemas de la telefonía móvil era lo que acompañaba el camino de quienes tuvieron que ir a pie para poder acercarse a sus hogares, pues la ciudad estaba prácticamente paralizada. 

Tal como hace más de tres décadas, hubo zonas que se convirtieron en polvo, cientos de hogares que quedaron en nada más que piedras, cables y vidrios rotos. 

Por lo que no  faltaron las manos que entre piedras y escombros apoyados de sus cuerpos y  palas, trataron de rescatar a quienes quedaron atrapados en edificios de las delegaciones como Álvaro Obregón y Benito Juárez tras el sismo con epicentro en Puebla. 

Mientras voluntarios y bomberos sacaban de entre los escombros a gente que no pudo evacuar de sus viviendas, ambulantes ayudaban a guiar el tráfico para que a quienes no les fue posible  hacer uso del transporte público, pues estaba suspendido, pudieran llegar a ver a sus familiares. 

No obstante, la mano oscura de quienes aprovechan estas desgracias no se hicieron esperar y asaltaron a quienes estaban en cuellos de botella de  Santa Fe y así robaron la paz y tranquilidad que el sismo ya se se había llevado. 

Así como en el 85,  hubo niños atrapados en escuelas, señores que entre gritos pedían que los sacaran de los escombros, enfermos atrapados en hospitales y gente que sufrió ataques de pánico. 

"Esto ya lo había vivido. Volví a ponerle play a la película de terror que viví de niño", expresó uno de los sobrevivientes de la delegación Benito Juárez.

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