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Se Va Cándido Ríos Queda en silencio Hueyapan, hoy velan al único periodista del pueblo

23 de Agosto de 2017 15:38 /

Los animales no saben de la muerte de los hombres, no entienden la perdida y el vacío que dejan al partir. Las manos de Hilda se apresuran a arrojar el alimento a los cerdos que cría, mientras que por dentro el dolor de la muerte de su esposo la desgarra hasta lo más profundo.

Cándido Ríos, el periodista del pueblo, el que hasta la muerte defendió a los más débiles, el que no sabía callar la verdad, hoy yace en un féretro en la sala de su casa, mientras que la mujer que lo acompaño por varios años, Hilda, le llora.

Su hija, Cristina recibe las flores y los abrazos; atiende a los medios y presume con orgullo y un dejo de tristeza, el compromiso que su padre tenia con todos los habitantes de su pueblo y como ella también participó en las labores periodísticas de su padre cuando era niña.

“A través de esa actividad periodística él desenmascaraba a personas poderosas, personas con dinero, caciques del pueblo”, relató con voz calmada  y los ojos rojos del llanto contenido.

En las sillas colocadas en el patio reposan mujeres y hombres que recuerdan como Cándido ayudaba a todos los que se lo pedían, unos cuentan como sacó a un hombre de la cárcel con auxilio de un abogado, mientras que otros relatan sus acciones de protección del río contra una empresa que dañaba el medio ambiente.

Las cámaras colocadas en todo alrededor de la casa hoy están apagadas, ya no sirven de nada, como tampoco sirvieron para salvar la vida a Cándido, pues murió acribillado en una gasolinera junto a otros dos hombres.

Hilda en múltiples ocasiones le pidió que dejara la actividad periodística pues en Veracruz es algo sumamente peligroso, recordó que han asesinado a varios comunicadores sin que haya justicia en los casos.

Sin embargo él se negó, sabía que la gente debía tener acceso a la información y que no podían quedarse sin saber la realidad de su entorno, por eso diariamente caminaba decenas de kilómetros para reportear en su comunidad y repartir el periódico para el que trabajaba.

El silbido atravesaba las calles anunciando su paso, recuerdan los habitantes de Hueyapan, muchos salían a saludarlo, a recibir las noticias, hoy el pueblo quedó en silencio, la noticia que llegó a todos fue la muerte del único periodista de su pueblo.

CC

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