El sarampión y la memoria de las vacunas
17 de Septiembre de 2026
Elsbeth Lenz
¡No bueno! Lector, lectora querida, hay enfermedades que parecen pertenecer a los álbumes de fotografías de nuestros padres y abuelos, a aquellas historias de infancia donde las campañas de vacunación eran parte de la vida cotidiana, cómo olvidar cuando llegaban las enfermeras del IMSS con su cofia de listoncito verde y te obligaban a recibir tu dosis, yo siempre me desmayé… ni me apena admitirlo, bueno pues el sarampión es una de ellas, por eso, que hoy vuelva a aparecer en Xalapa obliga a mirar el presente, sí, pero también a recordar todo lo que los mexicanos hicimos durante décadas, para mantenerlo a raya.
La visita del secretario de Salud federal, David Kershenobich a Xalapa tiene justamente ese significado: frente a un brote localizado en el Centro Estatal de Cancerología, la Federación y Veracruz, están trabajando de manera coordinada para investigar, vigilar, vacunar y cortar las cadenas de transmisión.
Al corte del 15 de septiembre se habían confirmado 16 casos relacionados con el brote: 12 corresponden a personal de salud, tres a pacientes y uno a un familiar; además, dos casos permanecían pendientes de resultados, además se han reportado también dos defunciones entre los casos relacionados con el brote, aunque la dictaminación del segundo fallecimiento está pendiente, esto de acuerdo con los datos del Gobierno de México.
Y aquí vale la pena hacer memoria, en los años setenta y ochenta, México comenzó a convertir la vacunación contra el sarampión en una verdadera política de salud pública, en el año 1983 se vacunaron seis millones de niños menores de cuatro años; entre 1986 y 1990 se realizaron las llamadas Fases Intensivas de Vacunación Antisarampión, y entre 1988 y 1990 incluso se utilizaron campañas de vacunación por aerosol que alcanzaron a millones de niños.
Pero la historia tuvo un momento particularmente duro: la epidemia de 1989-1990, cuando México registró decenas de miles de casos y miles de defunciones y aquella experiencia, obligó a fortalecer la estrategia y posteriormente incorporar un refuerzo de vacunación alrededor de los seis años, posteriormente en el año 1991, nació el Programa de Vacunación Universal, una de las grandes apuestas de salud pública del país y el resultado fue contundente: durante la segunda mitad de los años noventa desaparecieron los casos y defunciones por sarampión registrados en México.
Por eso, lo que está ocurriendo hoy, no debería leerse únicamente como una mala noticia, también es una prueba de que existe una memoria institucional que permite reaccionar, la Secretaría de Salud federal desplegó en Xalapa personal de la Dirección General de Epidemiología y del CENSIA, para fortalecer la vigilancia, realizar búsqueda activa de casos, dar seguimiento a contactos y reforzar la vacunación, además, hay un dato que merece atención: de las más de 36 millones de vacunas contra el sarampión aplicadas en México, aproximadamente 1.5 millones corresponden a Veracruz, que además cuenta actualmente con más de 260 mil dosis disponibles, según lo dijo doña Rocío en entrevista.
Es decir, frente al virus del sarampión, no se está empezando de cero, México tiene décadas de experiencia acumulada, personal capacitado, infraestructura epidemiológica y una cultura de vacunación construida generación tras generación, el brote actual exige seriedad, vigilancia y responsabilidad, pero también permite reconocer que la vacunación ha sido una de las herramientas más exitosas de la salud pública mexicana.
Quizá esa sea la gran lección que nos dejaron los años setenta, ochenta y noventa: las vacunas funcionan precisamente cuando se aplican antes de que llegue el problema y también nos enseñaron que una generación puede beneficiarse de los esfuerzos de otra, los niños que fueron vacunados en aquellas campañas masivas, crecieron protegidos porque hubo adultos que entendieron que prevenir era mucho mejor que lamentar.
Hoy toca hacer exactamente lo mismo.
La visita del doctor Kershenobich a Xalapa no tendría que verse solamente como la fotografía de un funcionario federal llegando ante una emergencia. también puede leerse como la imagen de un sistema de salud que, ante un brote localizado, activa sus mecanismos de vigilancia y respuesta. Porque el sarampión puede tener memoria, pero México también la tiene.
Finalmente todo apunta a que en este momento, podemos decir que el brote está controlado y existe aún una búsqueda activa dando seguimiento de contactos e interrupción de cadenas de transmisión.
El saldo de los días patrios, fue blanco, no hubo incidentes que lamentar salvo el bonito gallo del joven Fararoni en San Andrés pero hasta queda en anécdota, nos leemos mañana.
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