La deuda de México ¿Manejable?
31 de Julio de 2026
Jorge Ramón Rizzo
Focus Group
La deuda de México ¿Manejable?
Por Jorge Ramón Rizzo*
Ahora resulta que la deuda de México es "manejable"... La salud financiera de una nación suele medirse a través de metáforas sutiles. En el debate económico mexicano, existe una palabra que se repite como un mantra pacificador en los informes oficiales, los análisis bursátiles y los discursos políticos: "manejable".
Se afirma con ligereza que la deuda pública de México es "manejable" porque su proporción respecto al Producto Interno Bruto (PIB) se mantiene por debajo de los niveles de crisis de otras economías emergentes. Sin embargo, detrás de este adjetivo técnico se esconde una realidad mucho más compleja, un costo de oportunidad asfixiante y un riesgo estructural que amenaza el desarrollo a largo plazo del país.
¿Qué significa realmente que una deuda sea manejable y a qué precio se logra mantener esa ilusión de control? Para entender el concepto, es necesario desarmar la frialdad de los números. En macroeconomía, la sostenibilidad de la deuda no depende únicamente del monto total acumulado, sino de la capacidad del Estado para generar ingresos, pagar los intereses fiscales y mantener la confianza de los mercados sin sacrificar sus funciones esenciales.
Cuando las agencias calificadoras y las autoridades financieras catalogan la deuda mexicana como "manejable", lo hacen basándose en que el país no se encuentra al borde del impago (default) y en que el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) se ha estabilizado en un rango que ronda el 50% del PIB. Para el capital internacional, México es un deudor cumplido.
No obstante, la manejabilidad financiera no es sinónimo de bienestar social ni de eficiencia económica. El verdadero problema de la deuda mexicana no es su tamaño absoluto, sino su costo de financiamiento y el destino de los recursos obtenidos.
México enfrenta una de las tasas de interés reales más altas de la región, lo que provoca que el costo financiero de la deuda, es decir, el dinero que el gobierno gasta exclusivamente en pagar intereses y comisiones, absorba una porción gigantesca del presupuesto nacional.
Cada peso que el Estado destina a pagar los intereses de créditos pasados es un peso que se resta a la construcción de carreteras, la modernización de la red eléctrica, el abastecimiento de agua, el sistema de salud pública y la educación de calidad.
El concepto de "manejable" se vuelve entonces una trampa retórica. La deuda es manejable para los bancos y los inversionistas que reciben puntualmente sus rendimientos, pero es profundamente costosa para el ciudadano común, quien experimenta el deterioro de los servicios públicos y la falta de infraestructura competitiva.
El presupuesto se convierte en un mecanismo de transferencia de recursos hacia el sector financiero, limitando el espacio fiscal para políticas de desarrollo.
A esto se suma un vicio estructural: la naturaleza del endeudamiento. La teoría económica ortodoxa dicta que un país debe endeudarse principalmente para financiar proyectos de inversión que generen riqueza futura, incrementen la productividad y, por ende, faciliten el pago de la misma deuda.
En México, una parte considerable del endeudamiento reciente se ha utilizado para cubrir el gasto corriente, subsidiar empresas estatales deficitarias, como Petróleos Mexicanos y financiar transferencias directas de programas sociales. Al utilizar el crédito para el consumo diario y no para la inversión productiva, el país no está sembrando las semillas de su crecimiento futuro, sino hipotecándolo.
La narrativa de la manejabilidad también ignora los riesgos exógenos. México es una economía abierta y profundamente integrada al mercado global, lo que la vuelve vulnerable a choques externos. Una desaceleración económica en los Estados Unidos, una caída abrupta en los precios del petróleo o un endurecimiento prolongado de las políticas monetarias internacionales podrían alterar drásticamente las variables del juego. Lo que hoy se etiqueta como un nivel de deuda "bajo control", mañana puede transformarse en una carga insostenible si el crecimiento económico del país se estanca.
Sin una reforma fiscal profunda que incremente la recaudación tributaria, actualmente una de las más bajas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el margen de maniobra del gobierno central seguirá reduciéndose peligrosamente.
En conclusión, la deuda de México es manejable solo bajo una estricta definición contable y de supervivencia financiera inmediata. Cumplir con las obligaciones crediticias evita una crisis macroeconómica catastrófica, lo cual es positivo, pero no es suficiente para detonar el progreso. Una política económica madura no debería conformarse con la mediocridad de la manejabilidad.
El verdadero éxito fiscal radicaría en transformar la deuda en un motor de inversión estratégica, capaz de elevar el crecimiento económico por encima de sus promedios históricos. Mientras el endeudamiento se siga utilizando como escudo para parchar deficiencias presupuestales y cubrir gasto corriente, la palabra "manejable" seguirá siendo el elegante eufemismo de un país que gasta en su pasado en lugar de invertir en su futuro.
*Periodista/Tlaxcala



