¿Qué hay detrás de los 28 relevos militares?
25 de Mayo de 2026
Jorge Ramón Rizzo
Focus Group
¿Qué hay detrás de los 28 relevos militares?
Por Jorge Ramón Rizzo*
Si hacemos un análisis riguroso y crítico de las zonas asfixiadas por la delincuencia organizada como Sinaloa, Guerrero, Jalisco, Chiapas, Veracruz, Michoacán y el Estado de México, entre otros estados, y lo cruzamos con el reciente relevo de 28 mandos militares, nos llevará a preguntarnos: ¿Estamos ante un verdadero golpe de timón operativo o simplemente se trata de un mero reciclaje burocrático de uniformes ante el evidente estancamiento en la pacificación del país?
La versión oficial apela a las políticas rutinarias de rotación de recursos humanos para mantener dinámicas a las fuerzas armadas del país. No obstante, la selección de las sedes desmonta cualquier pretensión de normalidad burocrática y nos lleva a ver problemas específicos que salen a relucir sin mayor auscultación.
Ya que los cambios en las Zonas Militares de Sinaloa, Guerrero, Zacatecas y Jalisco, nos llevan a pensar en las evidentes disputas de cárteles en éstos estados, así como la comisión de delitos como la extorsión y los homicidios de alto impacto. Mientras que los ajustes en la Guardia Nacional de Veracruz, Morelos, Chiapas, EdoMex, y el Mando Especial de Acapulco, los relacionamos con aumentos en robo al transporte, secuestros, delincuencia común y control territorial de grupos criminales. En tanto que las Guarniciones Militares de Lázaro Cárdenas, Michoacán; Agua Prieta, Sonora y El Ciprés, Baja California; tienen relación directa con el control de puertos estratégicos y rutas de tráfico fronterizo.
Desde mi partícular punto de vista, los 28 movimientos ponen a instancias militares en evidente vulnerabilidad, por la natural "curva de aprendizaje", así como la interrupción de investigaciones o seguimientos en curso. Y si bien es cierto que los cambios constantes buscan evitar la corrupción y el arraigo de los militares con intereses locales, en el escenario actual, este mecanismo actúa como un arma de doble filo que fragmenta la efectividad operativa e incluso diluye la rendición de cuentas.
Por ejemplo, la llegada del General de Brigada D.E.M. Horacio Flores Fonseca, a la 41ª Zona Militar de Puerto Vallarta, Jalisco, relevando al General Federico Eduardo Solórzano Barragán, quien apenas llevaba dos meses en el cargo, no manda una señal muy estable que digamos, aunque el perfil de Flores Fonseca es netamente operativo y diplomático, ya que ha fungido como comandante de la Guarnición Militar en Cancún, comandante de la 32ª Zona Militar en Valladolid, Yucatán, y agregado de Defensa Adjunto en la Embajada de México en España. Su experiencia en zonas de alta presencia turística e intereses comerciales internacionales, como Quintana Roo y España, explica su designación en Puerto Vallarta, que es un bastión financiero e inmobiliario clave, que se encuentra bajo constante amenaza criminal.
Otros casos, como el del General Julio César Islas Sánchez, llegando a la 9ª Zona Militar de Culiacán, Sinaloa, para sustituir al General Santos Gerardo Soto, en una de las regiones más incendiadas por las guerras intestinas de las facciones del Cártel de Sinaloa, también sucede tras declaraciones previas de altos mandos como el General Jesús Leana Ojeda, que habían dejado fracturada la percepción de autoridad al subordinar la paz del estado a la voluntad de los grupos criminales. Por lo que su reto inmediato es coordinar a las tropas de élite recién desplegadas y contener el uso de tácticas asimétricas de los cárteles.
Mientras que reemplazar a coordinadores estatales de la Guardia Nacional por generales del Ejército confirma que la estrategia sigue apostando a la presencia territorial masiva de tropas en lugar de priorizar las labores de investigación, el uso de inteligencia tecnológica y el fortalecimiento de las fiscalías locales.
Lo cierto es, que la primera y segunda línea del generalato en México, caracterizados por tener una formación académica avanzada en planeación estratégica dentro del Colegio de la Defensa Nacional, son el tipo o nivel de mandos que forman parte de los cambios realizados a lo largo del mes de mayo.
Si el objetivo es frenar de tajo, el avance de los frentes criminales, sustituyendo los mandos locales en la estrategia de seguridad que ya mostraban signos de desgaste político y operativo ante los gobiernos estatales, confirma que el más "Alto Mando Nacional", busca aplicar manuales estrictos de contención territorial militarizada.
Porque la designación de los nuevos generales en los puestos de mando de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa) devela el perfil táctico que la Administración Sheinbaum prioriza ante la actual crisis de seguridad. Ya que de los 28 relevos ordenados, los nombramientos incluyen a 20 generales del Ejército, un general de la Fuerza Aérea y siete generales de la Guardia Nacional.
La ciudadanía no necesita un "juego de las sillas" en el aparato militar. Exige una reducción cuantificable de los homicidios, el cese de las extorsiones y la recuperación de las carreteras y municipios hoy controlados por la delincuencia.
Si estos cambios no vienen acompañados de una transformación profunda en las reglas de enfrentamiento, la persecución financiera de los grupos delictivos y el desmantelamiento de sus redes de protección legal, el impacto real de esta reestructuración en la seguridad de los ciudadanos será nulo.
*Periodista/Tlaxcala



