Arde nuestro hábitat forestal
01 de Marzo de 2026
Jorge Ramón Rizzo
Focus Group
Arde nuestro hábitat forestal
Por Jorge Ramón Rizzo*
Los incendios forestales de 2025 en bosques de California en Estados Unidos, Brasil y Bolivia en sudamérica, así como Corea del Sur en el continente asiático, nos dejan en claro que lo que antes eran eventos estacionales aislados se ha transformado en una crisis planetaria permanente.
El periodo 2024-2025 ha marcado un punto de inflexión en la historia ambiental: aunque la superficie total quemada no siempre rompe récords, la intensidad y las emisiones de carbono han alcanzado niveles alarmantes. El mundo no solo está luchando contra el fuego, sino contra un ciclo de retroalimentación donde los incendios aceleran el calentamiento global, y este, a su vez, crea condiciones para incendios aún más devastadores.
Mientras se vive esa crisis ambiental, y en todos los países del mundo se incrementan los presupuestos al sector para aplicar nuevas tecnologías, en México de 2018 a 2026, el presupuesto para la Comisión Nacional Forestal (Conafor) ha disminuido de manera exagerada, pasando de 4,441 millones de pesos en 2018 a solamente 2,600 millones para 2026; lo que marca una caída de aproximadamente un 41% en términos nominales desde 2018, y sí se ajusta por inflación, la pérdida de poder adquisitivo para combatir incendios supera el 50%.
Si no se restituyen los presupuestos para la detección temprana y el combate aéreo, seguiremos viendo cómo el patrimonio natural de México se desvanece ante una mirada oficial que parece indolente ante la supervivencia de sus propios ecosistemas. No podemos seguir tratando los incendios como imprevistos meteorológicos cuando son, en gran medida, consecuencia de políticas públicas que priorizan la reactividad sobre la prevención técnica.
Mientras México se prepara para la euforia de un Mundial, sus pulmones se están convirtiendo en ceniza. Solo este fin de semana había 24 incendios activos en ocho estados, en los que la falta de brigadistas profesionales es suplida por voluntarios y comunidades que, aunque heróicos, carecen del equipo necesario para enfrentar monstruos de fuego alimentados por la sequía extrema.
Al salir a carretera, las columnas de humo eran visibles a kilómetros de distancia en Tepotzotlán, Estado de México, y en las faldas del volcán Iztaccíhuatl; lo que nos recuerda que la temporada de incendios ha dejado de ser una estadística estacional para convertirse en una crisis de gestión permanente.
Los focos rojos por la concentración de la mayor cantidad de incendios activos la tienen el Estado de México, Puebla, Guerrero y Chiapas. Tan solo el siniestro en Tepotzotlán, ha afectado severamente la calidad del aire en el Valle de México, por la enorme emisión de humo que ha generado.
Mientras que en Puebla, los incendios en las faldas del Iztaccíhuatl ponen en riesgo zonas de recarga de acuíferos vitales. Y ni qué decir de Chiapas y Guerrero, que presentan la mayor pérdida de hectáreas de selva baja y bosque de pino debido a la combinación de calor extremo y quemas agrícolas descontroladas.
Ante la evidente falta de inyección de recursos por parte del gobierno federal, diversos grupos parlamentarios y organizaciones civiles han puesto sobre la mesa tres puntos críticos:
1. Restitución del presupuesto
2. Ley de Quemas Agrícolas, y
3. Blindaje de Uso de Suelo
Expertos consultados por Focus Group exigen un incremento de al menos 2,500 millones de pesos adicionales para la CONAFOR en el próximo ciclo fiscal, destinados exclusivamente a la contratación de brigadistas de base y modernización de equipo. Por otra parte, se debe transitar de una "norma oficial" a una ley vinculante que sancione penalmente a quienes realicen quemas sin la previa autorización y supervisión de técnicos forestales. Y, una propuesta clave es prohibir por 20 años cualquier cambio de uso de suelo, para construcción o agricultura, en zonas que hayan sufrido incendios, eliminando así el incentivo económico de provocar el fuego.
Curiosamente este domingo, en el Día de la Cero Discriminación, comunidades indígenas han denunciado que son las últimas en recibir apoyo aéreo cuando el fuego llega a sus tierras, exigiendo una distribución equitativa de los recursos de emergencia.
En conclusión, para el combate a los incendios forestales en México, la valentía de los brigadistas no puede seguir sustituyendo a la política pública. Mientras el país enfrenta una sequía prolongada y temperaturas récord, el modelo de respuesta actual ha llegado a su límite y el gobierno debe cambiar el rumbo ya.
* Periodista/Tlaxcala



