Cultura

Julie Mehretu: la reinvención de la pintura

12 de Octubre de 2017 10:20 /

Posiblemente, ni su nombre ni su cara ni su obra sean (re)conocidos por el gran público, pero las todopoderosas galerías Marian Goodman de Nueva York, White Cube de Londres y carlier/gebauer de Berlín avalan su trabajo, que es como decir que «la santísima trinidad» artística la ha bendecido. El éxito de crítica y de mercado le llegaron muy pronto. Sus cuadros cotizan hoy al alza. En 2014 se vendió una de sus pinturas en Art Basel por 5 millones de dólares. Hablamos de Julie Mehretu, una de las creadoras más importantes de su generación, a quien el Centro Botín de Santander le dedica su mayor retrospectiva en Europa hasta la fecha, en colaboración con la Fundación Serralves de Oporto, donde ya se vio la muestra de mayo a septiembre. En 2015 dirigió uno de los talleres de artes plásticas que celebra cada año la Fundación Botín en Villa Iris.

Artista africana, nacida en Addis Abeba, Etiopía, en 1970, cuenta que a los siete años huyó con su familia del país, sumido en la dictadura, tras una revolución fallida. Hoy reside en Nueva York. Su aspecto de rockera dura, de pantera negra, así como su comprometido discurso político y social contrastan con sus obras, abstractas, líricas, de estética clásica. En vez de escoger alguno de los lenguajes más contemporáneos (vídeo, fotografía, instalaciones, performances), apostó por la pintura y el dibujo más tradicionales. Fue ese lenguaje, dice, el que la eligió a ella. Desmonta así la tesis de la muerte de la pintura, declarada por algún gurú del arte.

Liensos como cebollas
En sus cuadros, siempre monumentales, tan importante o más que lo que se ve es lo que no se ve. Sus lienzos son como cebollas; quitas una capa y siempre hay otra debajo: marcas, trazos superpuestos que Mehretu borra y vuelve a pintar. Memoria colectiva que se evapora. Hay que acercarse mucho para descubrir bajo las pinceladas sus minuciosos dibujos arquitectónicos, sus mapas de ciudades a punto de desaparecer, como Alepo; o edificios icónicos que dejaron su huella en la Historia. Explica Vicente Todolí, comisario de la muestra, que la artista «construye sus pinturas a partir de la destrucción».

En 2006 el MUSAC de León le dedicó a Julie Mehretu una exposición. El Centro Botín retoma ahora su producción desde entonces: es un flashback de la última década a través de 60 dibujos y 30 pinturas, incluida una acabada hace unas semanas: «Conjured Parts (Dresden)», basada en la manifestación de la extrema derecha en Dresde como respuesta a unas agresiones sexuales en Colonia. A raíz de las revoluciones de la Primavera Árabe, de los conflictos en Afganistán o Siria, sus obras de los años 2000, llenas de luz y color, se oscurecen en monocromos grises y negros. Su paraíso se torna en infierno. Deja a un lado las arquitecturas, que sustituye por fragmentos de cuerpos. Difuminadas bajo capas de pintura, apenas perceptibles, fotografías de prensa que plasman el horror, la violencia, el racismo. Como Gerhard Richter, que pintaba sobre imágenes del Holocausto.

Racismo en EE.UU.
¿Cómo vive el auge del racismo en Estados Unidos? «Hay una explosión racista en todo el mundo, también en Estados Unidos. Vemos el proteccionismo del Brexit, la subida de la ultraderecha en Alemania... Son ciclos que se repiten, pero no nos hemos enfrentado a este problema. Yo tuve que inventar un nuevo lenguaje para navegar en estos tiempos tan convulsos y poder contar lo que ocurre en mis obras», subraya Mehretu. Sobre el arte contemporáneo en África, advierte que «hay un movimiento artístico muy interesante que resulta imposible de contener. Está evolucionando constantemente y creciendo en todos los sentidos».

Dice Amin Maalouf que Julie Mehretu «doma la ferocidad del mundo, insufla armonía en el caos de nuestro tiempo». Sea o no así, ha reinventado la pintura. Y, como apunta Benjamin Weil, director artístico del Centro Botín, «muy pocos artistas son capaces de hacerlo».


CC

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