El que no cae...
Leopoldo G. Arenas

TODOS LOS DERECHOS, NINGUNA OBLIGACIÓN.

13 de Noviembre de 2017

Leopoldo G. Arenas




Somos una sociedad con características y personalidad muy definida.
El sistema educativo en el cual fuimos formados, nos enseñó una seudo ideología, desde pequeños nos inculcaron la famosa frase de Benito Juárez Garcia:
“Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”

Lo anterior, se supone sería un código de conducta, pero así como todo en nuestro país, fue deformado y transformado, hoy como buenos mexicanos, se interpreta como el yo gano todo pierden.

Cada persona como individuo, pelea sus derechos, grita exigiendo se le respeten, acude a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, manda cartas a los medios de comunicación y sube imágenes y videos a las redes sociales cuando piensa que alguien, ya sea persona o institución, no respeta lo que el cree que le corresponde.

Segundo a segundo aplicamos la frase de “Señor hágase tu voluntad, en los bueyes de mi vecino” pero no en los míos.

Peleamos y denunciamos incesante mente, pero al mismo tiempo, no existe momento en la vida diaria, en el cual no violemos y traspasemos los derechos de otros.

Desde las cosas más simples como respetar las reglas de tránsito, circulamos en sentido contrario dentro de los estacionamientos de centros comerciales, ocupamos los lugares reservados para personas con capacidades diferentes, aceleramos en carretera cuando un automóvil se encuentra rebasando (sin pensar que al estrellarnos de frente fallecerán los ocupantes de las dos unidades), nos hacemos los occisos en el transporte público cuando una anciano o una mujer embarazada necesitan un lugar, circulamos en nuestras bicicletas pensando que el reglamento no se aplica para nosotros y nos pasamos altos y transitamos por banquetas y aceras.

Vivir en comunidades cerradas y departamentos es imposible, pedimos respeto y tolerancia mientras escuchamos la música a altos volúmenes, zapateamos en el piso y arrastramos muebles sin pensar en los vecinos tanto de al lado como bajo nosotros.

En política creemos que estamos en un país democrático mientras no tengamos que alzarle la mano a nuestro competidor, en ese momento la situación cambia y comenzamos a denunciar que sufrimos de todo tipo de trampas, complots y un sin fin de triquiñuelas implementadas por la mafia del poder que impide nuestro arribo a lo que por derecho divino nos corresponde.

Movilizamos a nuestros seguidores, amigos y vecinos para que luchen por nuestros derechos y dejamos de observar los de los demás, los cuales son pisoteados y ultrajados ya que finalmente en este país lo único que importa es lo que le pase al individuo que se cree vulnerado.

Nos reímos de la telenovela norteamericana en la cual su líder piensa que un trato equitativo es aquel en el cual solo gane el, pero replicamos su mentalidad de manera personal.

Nos unimos en las grandes desgracias como sismos y huracanes y dejamos de ver al desprotegido que pide ayuda en la parada del transporte público, cerramos los ojos ante las necesidades de las comunidades rurales y arrugamos la nariz ante la presencia de nuestros indígenas.

Somos el país donde exigimos todos los derechos y negamos las obligaciones.

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