Desnudando Silencios
Carolina Nogueira

Pensar una “nueva escuela”

07 de Agosto de 2017

Carolina Nogueira


Pensar una “nueva escuela”

La Argentina y en particular la provincia de Buenos Aires se han visto envueltas en una conmoción generalizada producto del intento del suicidio de una adolescente en situación de clase.

Los medios de comunicación informan que efectivamente una estudiante de 15 años, que cursaba el cuarto año de la escuela secundaria se disparó en la cabeza con un arma calibre 38 mm delante de todos sus compañeros. Esta noticia se suma a otras similares que recibimos todos los días pero que por quien sabe qué razón inconsciente o negada sutilmente no deja nada más que un momento de asombro y estupor momentáneo sin que sea el inicio de un verdadero cambio en cada uno de nosotros y en la sociedad en general a partir de asumir el problema de la vulnerabilidad de muchos adolescentes ante los desafíos actuales.

Ante casos como este surgen naturalmente una serie de preguntas: ¿Cómo una estudiante ingresa un arma a la escuela? ¿Qué dificultades estaba atravesando que tomó la decisión de quitarse la vida? ¿Esas dificultades estaban fuera de la escuela o las vivía ahí mismo? ¿Cuáles fueron las señales que emitió en el proceso? ¿Nadie se percató de las mismas o simplemente se minimizaron? ¿Cómo se puede acompañar a los que quedan?, Después de un hecho así ¿Se debe volver a la rutina o hay que construir un espacio diferente? ¿Cómo?

Se define el suicidio, “como una solución permanente a un problema transitorio”. El tema es que para quien lo vive se presenta como una verdadera solución y es justamente en esta percepción en la que se debe realizar la prevención. Prevención que apunta a que los adolescentes y jóvenes puedan establecer diferentes alternativas ante un problema y su modo de enfrentarlo. En un sociedad donde la institución familia está en jaque para muchos jóvenes la institución escolar es el único espacio que posibilita aún una mirada diferente a la realidades cotidianas, una recuperación de los valores humanos, como la solidaridad, la tolerancia, el deseo de auto-superación, la construcción del juicio crítico, y puede generar además estrategias que permitan contrarrestar la ausencia de sentido que la sociedad plantea a las generaciones actuales.

Pero sí, es en la escuela donde ocurren las grandes rupturas y se constituye en el lugar del “pathos”, del sufrimiento y de la exclusión ¿Qué lugar de “cobijo afectivo” queda para nuestros adolescentes: para los más frágiles, para los más solos, para los más abandonados? Es importante que recordemos que un factor de protección fundamental es el afecto.
Afecto que de diferentes modos debe estar en todos los ámbitos en los que nos desarrollamos y sin el cual es imposible subsistir, necesitamos amar y ser amados para crecer, para vivir. Si nuestros adolescentes carecen de cobijos afectivos se corre el riesgo de empobrecer y hasta anular las posibilidades de respuesta y de recuperación ante cualquier situación de frustración que deban enfrentar.

La escuela entendida como comunidad humana que además está diseñada en torno al conocimiento como herramienta de emancipación, debe ser capaz de desarrollar relaciones sanas entre los adultos y los jóvenes y entre los jóvenes entre sí. Para ello debemos ser capaces de animarnos a una “nueva escuela” donde asumamos riesgos como profesionales y estemos dispuestos a recuperar nuestro lugar de responsabilidad para recibir, sostener y alentar a las generaciones que vienen.

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